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Sergio, paciente de la Clínica Universidad de NavarraEsther Lozano

«No quiero vivir con ese dolor»: la historia de Sergio, un paciente que se reencontró con Dios durante su tratamiento

Años después, con 43 años, viajó a Madrid y acudió la Clínica Universidad de Navarra para recibir un nuevo tratamiento. Se enfrentaba a un nuevo reto

Sergio tenía ocho años cuando le diagnosticaron un tumor cerebral talámico. Era una enfermedad muy complicada. En una de sus visitas al hospital, los médicos le explicaron que tenían que someterle a quimioterapia y radioterapia. El tratamiento le provocó, entre otras cosas, la pérdida de dientes y secuelas psicológicas. Un ictus posterior agravó su movilidad y, por si fuera poco, los dolores incesantes por Neuralgia de Arnold y las migrañas le acompañaron durante años.

El tinerfeño no entendía por qué le estaba pasando todo aquello a él y se distanció de la fe. Estaba enfadado con el Señor. Con el tiempo empezaron los efectos secundarios. Adaptarse a esa nueva vida le ha costado, pero ahora, con la ayuda de Dios, todo le está pareciendo más sencillo.

Años después, con 43 años, viajó a Madrid y acudió la Clínica Universidad de Navarra. Se enfrentaba a un nuevo reto. Tenía miedo, el tumor había vuelto a crecer, afectando al tronco del encéfalo y comprometiéndole su vista y su estabilidad: «Es raro que te digan que tienes un tumor que no se puede operar», confiesa. Sin embargo, la Unidad de Protonterapia y las personas con las que se cruzó en el camino le abrieron los ojos y le cambiaron la forma de ver la vida.

Sergio, «que significa guerrero latino y fue guardián de Roma», comenta que su estancia en la Clínica Universidad de Navarra de Madrid le cambió la vida. Allí se encontró a personas, como Beatriz Luquin, trabajadora social de la clínica, que le acompañaron durante el proceso y que, indirectamente, hicieron que abriese de nuevo poco a poco su corazón.

Sergio, su madre y Beatriz LuquinCedida

También cambió su relación con la fe. Él reconoce que «estaba enfadado con Dios» por todo lo que le había tocado vivir. Sin embargo, gracias a estar tan bien acompañado aprendió a perdonar: «Yo no quiero vivir con ese dolor en mi corazón», subraya.

El momento más especial fue cuando volvió a la iglesia. No sabe qué fue exactamente, pero algo le animó a pedirle al sacerdote que le confesara para «estar tranquilo». «Me dijo: 'Sergio, veo que estás de verdad diciéndome esto de corazón'».

Después en la misa, se quedó embelesado con la música. Sin embargo, la sensación que le marcó fue la que le quedó al salir del tempo: «Sentí en mí una paz indescriptible», recuerda Sergio mientras, emocionado, afirma que «tenía que hacer las paces con Dios». Ahora habla de Jesús de una manera diferente. «Lo veo como un amigo mío».

Sergio con todo el equipo tocando la campanaCedida

Su paso por la clínica también le ha devuelto algo que había perdido, pero ha sido capaz de recuperar: la esperanza. Y aunque ahora esté en Tenerife, después de haber tocado la campana que marca el final del tratamiento, sabe que la Clínica Universidad de Navarra es su casa, que volverá siempre que pueda o tenga que hacerlo. Y lo hará de la mano de Carmen, su madre, a quien da las gracias «por todo» lo que ha hecho a lo largo de su vida.

Ahora, aunque no se ha curado, Sergio sabe que está aquí por algo, que está llamado a algo y él ha decidido acompañar y ayudar a los demás, como han hecho con él: «Todo lo que yo pueda hacer por alguien, voy a intentar hacerlo, porque yo quiero ayudar a la gente», concluye emocionado.