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Leire Navaridas

Leire Navaridas

Entrevista Fundadora de Amasuve y autora de 'Un aborto después'

«Lo único seguro en un aborto es que un bebé muere y que su madre queda traumatizada»

La escritora Leire Navaridas comenta el contenido de su libro y recuerda que esta polémica práctica «destroza profundamente nuestra integridad como mujeres y madres»

Leire Navaridas, autora del libro Un aborto después y vinculada al acompañamiento de mujeres que han pasado por esta experiencia, ha convertido su propio testimonio en una forma de visibilizar las dificultades que, a su juicio, afrontan muchas madres antes y después de abortar. En esta entrevista, reflexiona sobre la vulnerabilidad que puede preceder a un aborto, la atención sanitaria y psicológica que reciben las mujeres y la necesidad de ofrecer alternativas a quienes atraviesan un embarazo en circunstancias difíciles.

Navaridas acudirá este jueves 15, a las 17.00 horas, a la Parroquia Nuestra Señora de Portals, situada en el carrer Oratori, 1, en Portals Nous (Mallorca), para ofrecer una charla sobre el origen del aborto, sus posibles consecuencias y la importancia del acompañamiento.

–Su libro se titula Un aborto después. ¿Qué quiso contar que, a su juicio, no estaba suficientemente contado cuando decidió escribirlo?

–Se trata de un testimonio que poco ha dejado para mi intimidad, con el propósito de que quien lo lea entienda lo que aboca a una mujer embarazada al aborto. Al aborto provocado le llaman «interrupción voluntaria del embarazo», algo que da a entender que se trata de un acto consciente fruto de una decisión deliberada. La realidad desmiente esa premisa. Quería que se comprenda cómo detrás de una madre gestante que se somete a un aborto hay una persona profundamente herida desde su más tierna infancia, aunque en lo exterior pueda parecer una mujer empoderada y que tiene su vida bajo control. El aborto es una consecuencia de una trayectoria vital marcada por el desamor y el maltrato. Por eso he contado mi vida, desde mi nacimiento, para que se vea fácilmente cómo se va fraguando lo que nos convierte en carne de cañón para la industria. No solo la del aborto. También la de la pornografía, la prostitución o cualquiera que suponga una violencia contra la propia persona. Un aborto después es un relato dirigido a toda persona con interés y sensibilidad que con profundidad y cierto humor busca acercar una realidad que es importante abordar porque nos afecta profundamente como sociedad y humanidad.

–Usted ha hecho pública su propia experiencia de aborto. ¿En qué momento una vivencia íntima se convirtió en una misión de acompañamiento a otras mujeres?

–Concretamente el 8M de 2018. Fui con mi tercer hijo (el único nacido). Desde que me quedé embarazada de él fui feliz. Pero es que cuando nació el amor incondicional que sentí –y mantengo ocho años después– me elevó a una experiencia vital realmente fascinante y maravillosa. Cuando en esa marcha supuestamente feminista me encontré con tantas mujeres reclamando consolidar aún más el derecho al aborto sentí un profundo revulsivo y decidí dar un paso al frente. Quería contar no solo cómo el aborto destroza profundamente toda nuestra integridad como mujeres y madres. También quería manifestar al mundo lo inmensamente dichosa que me sentía por tener un hijo en mis brazos. Esas mujeres clamando por el aborto me daban pena, porque me sentía muy identificada con ellas. Podría ser yo unos 10 años atrás con los eslóganes de «mi cuerpo mi decisión» y una creencia de que la maternidad es el yugo opresor del patriarcado. Sentía una llamada a hacer algo para sacarlas de ese engaño en el que yo había estado. Dejar claro que el aborto es un acto violento de lo más misógino, porque destroza de raíz el valor sagrado de la mujer y beneficia especialmente a los «hombres» que buscan abusar de las mujeres, o simplemente no se comprometen con ellas y los hijos que les fecundan.

–Desde Amasuve escucha a mujeres con experiencias muy distintas. ¿Qué necesidades aparecen con más frecuencia y qué tipo de ayuda cree que sigue faltando en España?

–El nuestro es un país tercermundista en cuestión de derechos para la mujer-madre. Para empezar a la mujer no se le informa adecuadamente de lo que lleva en su útero al quedar embarazada y mucho menos de lo que supone un proceso de inducir un aborto y, en ningún caso, de los posibles riesgos para su integridad física y psicoemocional. Las mujeres en España abortamos completamente a ciegas. Y peor aún. Son miles las mujeres que, sin querer abortar, se ven abocadas a hacerlo. Hace falta, como mínimo, hacer cumplir la ley actual, dentro de que desampara bastante. No se cumple con el consentimiento informado. Me atrevo a decir que la mayoría de abortos que se ejecutan en España se hace de forma ilegal por no precederle un consentimiento informado con todas las garantías. Las madres llegan a los abortorios disociadas, en estado de shock y/o con ataques de pánico o profunda ansiedad. No son condiciones para discernir sobre los riesgos de una intervención médica de semejante calado y consecuencias que además te presentan como algo rápido y sencillo que en 15 minutos te permitirá volver a casa y seguir haciendo vida normal.

Sin embargo, por mucho que nos cancelen, no podemos obviar que el aborto consiste en quitarle la vida al no nacido en el vientre de su madre. En todo caso, el papel que firman – por lo general sin leer o comprender– no contiene ni de lejos todos los posibles riesgos a los que una mujer se expone en el momento de la intervención de su embarazo. Por otro lado, en la ley actual del aborto está recogido como delito el aborto forzoso. En los abortorios de España entran un montón de madres contra su voluntad, forzadas por sus parejas o madres/padres. No existen protocolos de detección para estos casos que son un gran porcentaje del total. Tampoco en los centros de salud donde se gestionan los papeles para facilitar la IVE. Finalmente, por no extendernos mucho más porque son muchas las necesidades sin cubrir en lo social, sanitario y laboral de cara a ofrecer un sistema que proteja y atienda adecuadamente a las madres –antes y después de un aborto– sería un garante de la supuesta libertad para decidir, que el conjunto de las administraciones autonómicas gaste los mismos millones que dedica al aborto a ayudar de forma directa a las embarazadas en situación de vulnerabilidad. Actualmente se gasta 10 veces más en aborto que en atender a las madres que enfrentan dificultades en torno al embarazo. Tampoco estaría demás que se dieran incentivos a las empresas para contratar mujeres en estado gestacional, de la misma forma que los hay para contratar a personas con discapacidad.

–El Ministerio de Sanidad acaba de anunciar que impulsará los cambios necesarios para incorporar el aborto farmacológico a la cartera de servicios de Atención Primaria. ¿Cómo valora este paso y qué garantías médicas, psicológicas y de información considera imprescindibles?

–Lo único seguro en un aborto es que un bebé muere y que su madre queda traumatizada. A partir de ahí, es importante procurar que la madre salga lo menos rota posible, al menos a nivel físico. No hay método sano ni bueno para provocar un aborto. Pero es verdad que el farmacológico cuando se practica en casa es, sin duda, el peor de los escenarios. Las madres se irán a casa con una idea (podrán sangrar, tener dolores y algún vómito, según les comentan al darles las pastillas) y lo que se encontrarán es algo completamente diferente. Los relatos que me han llegado de las madres que han pasado por algo así –la mayoría de las mujeres en países donde abortar es ilegal consiguen las pastillas en el mercado negro o por Instagram– revelan auténticas escenas de horror. Además, es muy peligroso porque no es fácil calibrar cuando la hemorragia está dentro de unos parámetros «aceptables». A eso hay que sumar la experiencia traumática de ver cómo tu hijo o tu hija acaban desechados por el WC. Y muy preocupante es que todas aquellas jóvenes o no tan jóvenes que lo hagan a escondidas, solas o con una amiga/pareja, aunque estén en una situación de riesgo y sentirse morir –porque es lo que me cuentan– no pedirán ayuda a un adulto o a los médicos por miedo a ser descubiertas en su entorno familiar y/o social. Auguro sucesos muy muy trágicos antes este nuevo panorama de promoción del aborto farmacológico.

Por mucho que nos cancelen, no podemos obviar que el aborto consiste en quitarle la vida al no nacido en el vientre de su madre

–Quienes defienden esta medida sostienen que evitará desplazamientos y acercará la prestación a la sanidad pública. ¿Qué parte de ese argumento comparte y qué riesgos o carencias cree que deberían vigilarse?

–Facilitar al máximo el aborto sin supervisión médica supone un riesgo de salud pública. Entre otros muchos riesgos, es importante saber que, si previamente no se le hace una ecografía a la madre y se trata de un embarazo ectópico, este tipo de intervención abortiva puede conllevar incluso la muerte de la mujer. Estamos ante una situación muy grave que si finalmente se hace realidad traerá consecuencias extremadamente trágicas para las mujeres (y sus hijos) y, en consecuencia, para el conjunto de la sociedad.

–El 22 de septiembre, María Curiel, periodista de El Debate, preguntó a Mónica García si el sistema sanitario podía garantizar la atención al posible sufrimiento fetal durante un aborto. La ministra respondió que existía evidencia científica «más que de sobra» y reprochó el planteamiento de la pregunta por considerar que podía contribuir a culpabilizar a las mujeres. ¿Qué opinión le merece esa respuesta, tanto desde el punto de vista científico como por la forma de abordar una pregunta periodística?

–Esas declaraciones se quedarían en simplemente patéticas y lamentables si no fuera por todas las vidas que están en juego. Se pudo ver el interés político e ideológico que promueven estas campañas y políticas donde lo último que importa es la salud integral de los seres humanos. Esa intervención daría mucho que hablar por cómo retrató a la máxima responsable del sistema sanitario en nuestro país, pero prefiero centrar el foco en denunciar la campaña que asegura que «aborta y estarás bien» porque es mucho más peligrosa que las deplorables respuestas de Mónica García. Porque esa campaña, si no sucede el milagro, estará presente en medios y cartelera exterior bombardeándonos con ese mensaje tan perverso y negacionista de la realidad del aborto y del postaborto.

–Sobre el dolor o sufrimiento fetal existen posiciones científicas que no siempre coinciden en el momento gestacional y en cómo interpretar las respuestas nociceptivas. ¿Cree que este debate se está explicando con suficiente rigor a la opinión pública?

–Nadie quiere que un no nacido sufra. No obstante, creo que no lo es más relevante cuando estamos en la antesala de provocarle la muerte. Porque el sufrimiento fetal podría evitarse sedándolo previamente, algo que hacen en etapas gestacionales muy avanzadas. Cabe informar que el aborto, en la práctica, no tiene límites en los plazos. Paliar el sufrimiento fetal no resolverá nada en torno a su extinción ni al trauma postaborto de su madre.

–Sanidad ha lanzado también una campaña contra el estigma y la culpa vinculados al aborto. ¿Cómo se puede combatir la culpabilización sin negar que algunas mujeres sí describen duelo, arrepentimiento o sufrimiento psicológico posterior?

–Esa campaña es una falacia. Por mucho que insistas y le repitas a una mujer que ha abortado que todo está bien, en su interior el dolor y la conciencia de lo que ha pasado no desaparecerá. Es más, podrá sentirse profundamente engañada por ese tipo de mensajes y no se rebelará porque en ultima instancia pensará «fue mi decisión». Sin tener en cuenta cuán condicionada se ha visto por sus circunstancias personas y familiares, así como por esos mensajes que prometen que el aborto te lo resolverá todo sin ningún tipo de coste para tu persona.

–Del mismo modo, hay mujeres que no refieren secuelas emocionales relevantes. ¿Cómo evita Amasuve convertir una experiencia concreta en una afirmación universal sobre todas las mujeres que abortan?

–El 100 % de las mujeres tras un aborto se encuentran en una realidad de ser madres de un hijo muerto de forma violenta. Y esta afirmación no es una opinión ni un postulado ideológico, religioso, mucho menos político. Es una realidad biológica y existencial.

¿Hay alguien que pueda negar que una mujer violada -independientemente del contexto- queda profundamente herida y traumatizada?

Pues tras el aborto provocado la situación para una mujer es similar. Es una destrucción en lo más sagrado del ser. En mi experiencia puedo afirmar que el aborto suele culminar una previa herida en la sexualidad. Que no seamos conscientes, no quiere decir que no existan traumas. Yo tardé años en poder reconocerlo. Entre tanto, de haberme preguntado te hubiera dicho: «¿qué herida o qué trauma? ¡Si yo estoy estupenda!» Hasta ese punto puede llegar la disociación y la desconexión con la realidad y nuestro propio mundo interior.

–El gobierno ha planteado reforzar constitucionalmente la protección del acceso al aborto. ¿Qué lectura hace de esa propuesta y qué consecuencias cree que puede tener en el debate social y jurídico?

–A nivel social hay una idea de que todo lo que es legal es bueno y positivo (aunque el tabaco mata y también es legal). Casi es más pernicioso aún el concepto de derecho que asocian constantemente a una Intervención Violenta del Embarazo, que es como describo a la IVE para referirme a la realidad sin engaños ni eufemismos. La ingeniería social de las últimas décadas y sus campañas de marketing han hecho muy bien su trabajo: ha calado profundamente la idea en lo colectivo de que abortar es positivo y un derecho necesario para la mujer. Además, ha colocado estratégicamente a los opositores del mismo en una clasificación muy conflictiva de ultracatólicos y ultraderechistas con el objetivo de señalar de mala persona y antifeminista a toda persona que denuncie el horror que implica un aborto o simplemente no apruebe el aborto como un derecho.

En el momento en el que políticos, médicos, profesores, jueces y magistrados se han rendido y sometido ante la ideología dominante basada en que cada uno hace lo que quiera sin medir las secuelas en la persona y en las partes vinculadas, tampoco las consecuencias ni a medio y largo plazo, los que verdaderamente están saliendo beneficiados son todos los que se lucran y facturan a través de la industria del aborto y sus derivadas, como la anticoncepción y la fertilidad artificial.

–Desde 2023, las jóvenes de 16 y 17 años pueden abortar sin consentimiento paterno y se eliminó el plazo obligatorio de reflexión de tres días. ¿Qué balance hace de esos cambios?

–No solo expone a muchos riesgos de salud física a estas menores, sino que las vulnera aún más frente a posibles abusos sexuales. Históricamente muchas relaciones de abuso sexual se destapaban con el embarazo. Cuando el agresor ya no podía ocultar su crimen y la víctima debía confesar, por mucho pánico que esto le diera. Ahora el maltratador no tiene más que llevarla a un centro, seguir manipulándola y amenazándola para ocultar lo ocurrido y, en el peor de los casos, seguir perpetrando la violencia contra ella. Debe ser muy fuerte como madre o padre que te llamen de urgencias del hospital para avisarte de que tu hija está ahí tras haberse complicado un aborto inducido. Tu hija totalmente destrozada habiéndote quitado la oportunidad de intervenir a tiempo para salvarla. A ella y al nieto/a. Porque la experiencia muestra que cuando los abuelos abrazan con cariño y hasta con ilusión la llegada de ese bebé, la madre, por muy joven que sea, se puede entregar a disfrutar de su maternidad. La figura de los padres –para bien o, a veces, para mal– es clave. El estado está dejando en situación de máximo desamparo a estas menores. También después del aborto.

–¿Cómo cree que debería conciliarse el acceso a la prestación con el derecho individual a la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios y con los registros de objetores?

–Claramente la lista de objetores se reclama con una idea de desalentarlos a apuntarse porque es evidente que esto puede afectarles en su carrera laboral. Y habrá quienes se mantendrán firmes en su postura como objetores, pero habrá otros que no. Y así acabarán logrando que una cantidad mínima de médicos traicionen el juramente hipocrático así no ganen más que los objetores en la pública. Hasta la fecha, los sanitarios que se prestan a participar en el aborto lo hacen mayormente por un beneficio personal, no porque les preocupen esas mujeres. De ahí el trato tan deshumanizado que suelen recibir las madres que se someten al aborto. Están en manos de personas que se han desalmado para poder desempeñar su «tarea».

–Los últimos datos oficiales disponibles registraron 106.172 abortos en España en 2024. ¿Qué le dice esa cifra y qué cree que sería un error concluir únicamente a partir del número?

–Detrás de esa cifra tenemos más de 100.000 mujeres en situación muy vulnerable. Muchas estarán atravesando verdaderos problemas de salud física, otras de desorden psicológico y emocional, y una tercera parte, todo junto. Es muy grave también que después de financiar a todas estas mujeres el aborto, no haya ni un solo recurso para atenderlas de forma especializada en el postaborto. De ahí la demanda que tenemos en Amasuve, una de las pocas entidades dedicadas a este acompañamiento. Y que en España 1 de cada cuatro embarazos acabe en aborto es para que se nos salten todas las alarmas de que vamos en muy mala dirección. Es un suicidio a nivel social y humanitario. Y luego hay quejas de que los recursos de salud mental están saturados… A más separación de nuestra antropología natural basada en el vínculo de amor, más desestructuración personal, familiar y social.

–Cuando una mujer quiere continuar con su embarazo, pero siente que no puede hacerlo por razones económicas, laborales, familiares o de vivienda, ¿qué apoyos concretos deberían existir?

–Mínimo sería que por cada millón que se destina a pagar abortos, se dedicase otro millón a ofrecer recursos a estas madres. Por otro lado, la alternativa real se construye desde la educación afectivo-sexual. Porque si una mujer se queda embarazada de un hombre que la maltrata, o con 13-15 años, ya hemos llegado tarde. En todo caso, estas madres que enfrentan embarazos imprevistos, cuando son atendidas y acompañadas, muchas pueden reconocer que la llegada de ese hijo más que un problema es una bendición. Son muchísimos los casos que he atendido que es gracias a ese embarazo que la madre puede ser atendida en otros muchos aspectos donde estaba completamente desamparada. Si ella aborta, se queda sola y su situación previa de vulnerabilidad queda completamente desatendida si ella no pide ayuda. Es por este bebé y la atención que recibe que puede recibir apoyos para resolver todas las áreas de su vida. Hay veces que la segunda intervención, después de que descarte el aborto, tiene que ver con la violencia machista y sus hijos nacidos.

–¿Qué le diría hoy a una mujer que abortó hace años y descubre que todavía necesita hablar de ello? ¿Qué espera que el público se lleve de su conferencia en Portals Nous este jueves?

–El tiempo no es capaz de sanar una herida que ha estado tapada y sin atender para sanarla. Es más, ocultas suelen hacer sufrir mucho más, aunque no se vinculen los síntomas con el origen del trauma. Lo que le digo a toda madre en el postaborto, así hayan pasado 40 años, es que el pasado no se puede cambiar: su hijo no va a nacer. Pero hay una muy buena noticia, ¡su hijo sigue vivo en el mundo espiritual! Y esto les permite reconstruir el vínculo de amor que toda madre comenzó a crear con su hijo, incluso antes de saber que estaba embarazada. Este es el momento donde todas, y digo todas, sonríen y se emocionan porque entienden que no está todo perdido, o que no es necesario morirse para reencontrarse con sus hijos.

El objetivo de la conferencia es que se comprenda profundamente cuál es el origen del aborto para poder prevenirlo sanamente. También que se conozca el trauma postaborto para que dejen de engañar a las personas con que «abortas y todo estará bien» y se desvelen los riesgos a los que se somete una madre gestante que no ve, o no le dejan, otra salida que el aborto. Y aunque esto es todo muy dramático, puedo asegurar que, por lo general, el público suele salir muy emocionado, esperanzado y con ganas de comprometerse con la causa. Porque la situación actual es reversible si todos ponemos algo de nuestra parte.

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