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Volcán TajogaiteEuropa Press

Un estudio en el volcán de La Palma demuestra que instalar hidrófonos en el mar permite detectar eventos sísmicos

Los archipiélagos de origen volcánico, como el canario, son escenarios frecuentes de actividad sísmica relacionada con desplazamientos magmáticos y procesos eruptivos

La instalación de hidrófonos en aguas someras en torno a islas volcánicas como las Canarias podría representar un avance significativo en la vigilancia de la actividad sísmica, según una investigación publicada en la revista Scientific Reports del grupo editorial Nature. El estudio ha sido desarrollado por expertos de la Universidad de La Laguna (ULL), el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y la Universidad de Concepción de Chile.

El equipo científico sostiene que esta técnica permitiría obtener datos relevantes para facilitar la toma de decisiones por parte de las autoridades competentes. Con ello, se podrían articular respuestas más rápidas y coordinadas ante eventuales erupciones volcánicas, al tiempo que se posibilitaría un análisis más preciso y exhaustivo de estos fenómenos naturales una vez ocurridos.

Los archipiélagos de origen volcánico, como el canario, son escenarios frecuentes de actividad sísmica relacionada con desplazamientos magmáticos y procesos eruptivos. No obstante, en contextos insulares como este, las redes sísmicas terrestres suelen estar restringidas al territorio emergido, lo que limita la capacidad para localizar con exactitud los epicentros de los terremotos. Así lo recoge una nota divulgada por la ULL.

Ante esta limitación, los investigadores plantean la monitorización acústica pasiva mediante hidrófonos ubicados a poca distancia del lecho marino como una alternativa viable. Esta tecnología, aseguran, resulta más asequible y sencilla de desplegar y mantener en comparación con los sismómetros instalados directamente en el fondo oceánico, además de ser eficaz para captar señales sísmicas en zonas remotas o de difícil acceso.

Durante la erupción del volcán Tajogaite, en 2021, se llevó a cabo la colocación experimental de un hidrófono con el objetivo de analizar posibles alteraciones en el paisaje sonoro submarino cercano a la zona afectada por la actividad volcánica. El sensor se situó a 77 metros de profundidad y a una distancia de 7 kilómetros de la boca eruptiva.

El investigador posdoctoral Jesús Alcázar-Treviño, de la Universidad de La Laguna, participó en este proyecto, en el que se recopilaron datos acústicos durante y después de la erupción. Estos registros se contrastaron con los obtenidos por una estación sísmica terrestre situada a 12 kilómetros del foco volcánico y con la base de datos del IGN, permitiendo identificar 712 señales acústicas impulsivas que coincidían con eventos sísmicos detectados por los instrumentos en tierra.

El cruce de ambos conjuntos de datos evidenció que los hidrófonos, flotando a escasos metros del fondo marino, son capaces de captar vibraciones sísmicas de origen volcanotectónico similares a las recogidas por sismómetros terrestres. Las señales detectadas, consistentes en pulsos dobles, fueron clasificadas como terremotos volcanotectónicos, y se logró establecer una correlación directa entre el nivel de presión sonora de los pulsos y la magnitud sísmica calculada por medios convencionales.

Estos resultados respaldan la hipótesis de que la presión sonora medida en el medio acuático es representativa de la magnitud de los sismos registrados, abriendo así la puerta al uso de la hidroacústica como herramienta complementaria para la evaluación de la actividad sísmica en áreas volcánicas.

Los científicos abogan, por tanto, por la integración de esta tecnología con los sistemas de medición ya existentes en tierra firme. Un enfoque combinado, argumentan, permitiría mejorar significativamente la detección y caracterización de la actividad sísmica, así como la gestión de los riesgos naturales asociados en territorios insulares y zonas costeras de origen volcánico.

El estudio ha contado con financiación de diversas instancias, tanto regionales como nacionales y europeas. Entre ellas se encuentra el Programa Catalina Ruiz del Gobierno de Canarias, así como el Ministerio de Ciencia e Innovación. Además, ha sido posible gracias a la colaboración entre Promotur Turismo de Canarias, el CSIC, la Universidad de La Laguna, su fundación general y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.