Imagen de archivo del embalse de Amadorio, en Villajoyosa (Comunidad Valenciana)
Un experto advierte de una posible sequía pese a los embalses llenos: «No garantiza que el sistema esté protegido»
A pesar de que los embalses se encuentran actualmente en un estado muy positivo, esto no «elimina el riesgo de futuras sequías»
A pesar de un invierno muy lluvioso con elevados niveles de agua embalsada, los expertos insisten en que no se puede bajar la guardia. «La abundancia actual no elimina el riesgo de futuras sequías», según Jorge Rodríguez Chueca, de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), quien defiende que la clave está en la planificación hídrica y la concienciación .
En una entrevista con EFE, Rodríguez Chueca, profesor del Departamento de Ingeniería Química Industrial y del Medio Ambiente de la UPM, subraya que la imagen de embalses llenos puede transmitir tranquilidad, pero advierte de que esa abundancia es solo una «fotografía puntual» y no una garantía de futuro.
«El volumen almacenado refleja la situación actual y no asegura que el sistema esté protegido frente a nuevos periodos de escasez», afirma el experto.
De hecho, el consumo anual de agua en España ronda los 32.000 hectómetros cúbicos, y el volumen embalsado a día de hoy es de 46.752 hm3; Esto evidencia que el equilibrio hídrico depende no solo de las reservas acumuladas, sino también de cómo evolucione la demanda y de las precipitaciones en los próximos meses.
El profesor advierte además de que, cuando hay agua de sobra, «suele relajarse el consumo y desaparecer la sensación de riesgo». Para evitarlo, apuesta por campañas de concienciación permanentes, tarifas que premien el uso eficiente y una mayor implicación de las administraciones públicas mediante la renovación de infraestructuras con pérdidas y el control de usos ilegales o vertidos contaminantes.
De igual manera, según Rodríguez Chueca, un año entero sin lluvias en España es un escenario «altamente improbable», pero de producirse tendría consecuencias económicas y obligaría a aplicar restricciones, aunque el suministro a la población estaría garantizado.
Además, advierte de que la sequía no comienza cuando falta agua en los grifos, sino mucho antes: «empieza en la atmósfera». Esto se debe a cuando las precipitaciones se sitúan por debajo de lo normal durante un periodo prolongado, algo que puede detectarse con indicadores como el SPI y que requiere una vigilancia temprana.
En este contexto, subraya que el consumo es clave porque «es la única variable a controlar», de modo que reducir la demanda puede retrasar la llegada de la sequía hidrológica, lo que obliga a mantener campañas de concienciación y mejorar la eficiencia tanto a nivel ciudadano como institucional.