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Los estudios dicen ahora que reducir los aerosoles podría haber contribuido al calentamiento del planeta
El estudio subraya que la reducción de aerosoles no debe interpretarse únicamente desde el punto de vista climático, ya que sus beneficios para la salud humana son claros
Las políticas destinadas a controlar la contaminación atmosférica y a reducir la presencia de aerosoles en la atmósfera podrían haber contribuido, de forma indirecta, a la aceleración reciente del calentamiento global. Así lo plantea un estudio realizado por la Universidad de Duke, en Estados Unidos, cuyos resultados han sido publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
El trabajo parte de una constatación que ha despertado un creciente interés científico en los últimos años: el ritmo del calentamiento global ha aumentado de manera notable en el periodo más reciente. Esta aceleración ha llevado a los investigadores a examinar con mayor detalle qué factores pueden estar detrás de ese repunte y hasta qué punto determinadas medidas ambientales, aunque beneficiosas en otros aspectos, pueden haber tenido efectos climáticos no previstos.
A partir de 2013, diversas regulaciones sobre contaminación atmosférica comenzaron a limitar con mayor intensidad la emisión de determinados contaminantes. Como consecuencia de esas normas, disminuyó la cantidad de aerosoles presentes en la atmósfera. Estos aerosoles desempeñan un papel relevante en el balance energético del planeta, ya que ayudan a reducir la energía solar neta que llega a la superficie terrestre. Lo hacen al dispersar y reflejar parte de esa radiación solar y también al contribuir a la formación de nubes.
La reducción de aerosoles, por tanto, tiene un doble efecto que debe ser analizado con cautela. Por un lado, supone una mejora para la salud humana, al disminuir la presencia de partículas contaminantes en el aire. Por otro, al haber menos aerosoles capaces de reflejar radiación solar, aumenta la energía que entra en el sistema climático. Esa mayor entrada de energía puede favorecer un calentamiento adicional, según los resultados del estudio.
Para analizar esta relación, los investigadores recurrieron a dos modelos climáticos globales. Con ellos, estudiaron de manera directa el papel que ha podido desempeñar la reducción de aerosoles en la evolución reciente del calentamiento global. El periodo examinado se situó entre 2013 y 2023, una década en la que las emisiones de aerosoles descendieron por efecto de distintas medidas de control de la contaminación.
Los autores concluyeron que esa reducción de las emisiones de aerosoles elevó la energía solar neta incidente en 0,16 vatios por metro cuadrado durante el periodo analizado. Entre los principales factores que explican ese descenso de aerosoles figuran los controles aplicados en China contra la contaminación atmosférica, las regulaciones introducidas en el transporte marítimo internacional y la reducción de emisiones en otras regiones terrestres distintas de China.
El estudio subraya que la reducción de aerosoles no debe interpretarse únicamente desde el punto de vista climático, ya que sus beneficios para la salud humana son claros. No obstante, en términos de calentamiento global, el análisis estima que el efecto conjunto de esa disminución equivale a un incremento de 0,044 grados centígrados. Esa cifra representa el 52 % de la aceleración del calentamiento global observada, de acuerdo con los cálculos realizados por los investigadores.
De este modo, el trabajo introduce un matiz importante en el debate sobre las políticas ambientales. Las medidas para reducir la contaminación del aire pueden mejorar la calidad de vida y disminuir riesgos sanitarios, pero también pueden alterar el equilibrio climático al reducir partículas que, hasta ahora, contribuían a reflejar parte de la radiación solar.
Según los autores, las políticas de mitigación de la contaminación atmosférica deberían orientar sus esfuerzos hacia la reducción de las emisiones de CO2 y metano. A su juicio, no conviene centrarse únicamente en rebajar el volumen total de emisiones contaminantes, sino prestar atención a qué tipo de compuestos se reducen y cuáles son sus efectos combinados sobre la salud y el clima.