Una paloma sobre la nieve
Los animales de ciudad son más audaces, agresivos, exploradores y activos que los de campo
Los autores del análisis advierten de que esta tendencia hacia rasgos de mayor atrevimiento puede tener consecuencias relevantes
Un estudio de alcance internacional ha constatado que los animales que viven en entornos urbanos tienden a mostrarse más atrevidos, agresivos, exploradores y activos que los individuos de las mismas especies que habitan en áreas rurales. La investigación ha sido desarrollada por científicos de la Universidad Estatal de Dakota del Norte, del Lewis & Clark College, ambos centros de Estados Unidos, y del CEFE-CNRS de Montpellier, en Francia. Sus conclusiones han sido publicadas en la revista Journal of Animal Ecology, perteneciente a la British Ecological Society.
El trabajo se presenta como el primer metaanálisis global de estas características centrado en comparar cómo cambia el comportamiento animal entre poblaciones urbanas y no urbanas. Para ello, los autores examinaron investigaciones previas sobre aves, mamíferos, anfibios, reptiles e insectos, con el objetivo de identificar patrones comunes en distintos grupos de animales y en diferentes regiones del planeta. La principal conclusión es que la vida en la ciudad está asociada a conductas más arriesgadas y a una mayor disposición a interactuar con ambientes dominados por la presencia humana.
Según los resultados obtenidos, las poblaciones urbanas analizadas destacaron por una mayor audacia, más agresividad, un comportamiento exploratorio más intenso y niveles superiores de actividad respecto a sus equivalentes rurales. Estos cambios aparecieron con especial claridad en las aves, aunque los investigadores subrayan que la información disponible sobre otros grupos animales es todavía mucho más escasa, lo que limita la posibilidad de extraer conclusiones igual de firmes para mamíferos, anfibios, reptiles e insectos.
La doctora Tracy Burkhard, profesora adjunta de biología en el Lewis & Clark College y primera firmante del estudio, explicó el alcance de los hallazgos con una idea central: «Descubrimos que, independientemente del lugar del mundo, la urbanización está cambiando el comportamiento de maneras consistentes y predecibles. El resultado más significativo fue que los animales parecen ser más propensos a asumir riesgos. Son más audaces».
Los autores del análisis advierten de que esta tendencia hacia rasgos de mayor atrevimiento puede tener consecuencias relevantes. Entre ellas, señalan un posible incremento de los conflictos entre las personas y la fauna silvestre, así como un mayor riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas. Al reducirse la cautela de determinados animales ante la presencia humana, los contactos pueden hacerse más frecuentes en algunas zonas urbanas o periurbanas.
Burkhard incidió en esa preocupación al señalar: «Si los animales son más arriesgados y menos reacios a la presencia humana, vamos a tener mucho más contacto con la fauna silvestre en ciertas zonas, y eso puede ser perjudicial tanto para nosotros como para la fauna silvestre».
La investigación también pone el foco en que estos cambios no afectan únicamente a las especies más habituales en las ciudades, como ratas, gaviotas o palomas. Los mismos patrones de comportamiento se han observado en animales que suelen asociarse con hábitats rurales, pero que están incorporándose progresivamente a la vida urbana. Entre los ejemplos citados figuran la curruca zarcera, el escribano cerillo y el pardillo común, especies que estarían mostrando una adaptación conductual a entornos cada vez más urbanizados.
A juicio de los investigadores, estos resultados refuerzan la necesidad de que la planificación urbana tenga en cuenta el comportamiento de la fauna, sobre todo en un contexto de crecimiento continuado de las ciudades. Una de las posibles medidas sería diseñar espacios verdes conectados entre sí, capaces de mantener la continuidad ecológica y favorecer el flujo genético entre subpoblaciones animales presentes en los núcleos urbanos.
Para elaborar el metaanálisis, el equipo combinó datos procedentes de 80 estudios ya existentes sobre rasgos de comportamiento animal. En conjunto, esos trabajos incluían información de 28 países y de 133 especies diferentes. No obstante, más del 70 % de la investigación disponible estaba centrada en aves, mientras que insectos, anfibios y reptiles apenas representaban el 10 % de los datos. Ese desequilibrio evidencia que buena parte de las especies continúa siendo poco estudiada en relación con los efectos que la urbanización puede tener sobre su conducta.