Parque Nacional del Teide, en Tenerife
¿Es posible una erupción del Teide?: qué tendría que ocurrir para que aumentase el riesgo
En los últimos días, un estudio liderado por el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) permitía conocer en mayor medida qué se oculta bajo Tenerife. En concreto, a través de una imagen tridimensional, se revelaba que existen varias zonas de baja velocidad sísmica que podrían estar relacionadas con acumulaciones de magma en la base de la antigua corteza oceánica.
Tal como señaló el equipo investigador, estas estructuras se distribuyen en diferentes sectores de Tenerife y se extienden aproximadamente entre los 10 y los 30 kilómetros de profundidad. Lo más llamativo es que en el sector occidental de la isla se ha identificado una zona particularmente rica en magma en el manto superior, que se ha ido acumulando progresivamente.
Esto coincide con la intensa actividad geológica de la isla durante este verano, marcada por varios enjambres sísmicos localizados al oeste de Las Cañadas del Teide. Aunque desde el Instituto Geográfico Nacional (IGN) insisten en que no hay peligro de erupción volcánica a corto o medio plazo, no deja de sorprender la relación entre ambos factores.
Volcán del Teide en Tenerife
De igual manera, tal como ha detallado en Diario de Avisos el coordinador científico de Involcan, Nemesio Pérez, «la probabilidad de erupción sigue siendo baja».
«El hallazgo es científicamente importante, pero no debe confundirse con una señal de erupción inminente. Además, conviene diferenciar entre la actividad volcánica, la probabilidad de erupción y el peligro inmediato», ha destacado.
Según Nemesio, esta acumulación de magma no es algo realmente sorprendente, ya que revela en mayor medida «una imagen mucho más detallada de la estructura profunda»: «Más que hablar de un descubrimiento inesperado, lo importante es que ahora contamos con nuevas evidencias para comprender mejor la arquitectura profunda del sistema volcánico y su relación con la sismicidad y desgasificación».
Hay que tener también en cuenta que desde 2016 se ha registrado un proceso de reactivación hidrotermal profunda y sostenida, caracterizado por un incremento notable en la frecuencia de eventos sísmicos, acompañados de un aumento de misión de gases en el cráter del Teide. A pesar de esta actividad en auge, los datos revelan una ausencia de deformación significativa en el terreno, el cual permanece estable y sin abombamientos alarmantes.
A pesar del mensaje de tranquilidad, el científico señala que sigue siendo necesaria una «vigilancia responsable». Para hacernos una idea, si la isla estuviera a punto de sufrir una inminente erupción, habría una serie de señales a tener en cuenta. Por ello, el experto concluye que sería necesaria una «migración de la sismicidad hacia niveles más superficiales, un aumento significativo y sostenido de ciertos gases, cambios rápidos en la deformación del terreno y/o terremotos de mayor magnitud» para poder hablar de una inminente erupción.