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Puerto de Ciudadela (Menorca), en el que se producen rissagues de manera frecuenteEuropa Press

Rissaga o meteotsunami: por qué el nivel del mar puede subir y bajar varios metros en pocos minutos

Las oscilaciones pueden situarse entre 60 centímetros y un metro, aunque en episodios excepcionales la diferencia entre el nivel máximo y mínimo puede alcanzar varios metros

Las subidas y bajadas de la marea de manera más o menos agresiva son habituales en el mar Cantábrico o el resto del océano Atlántico. Quienes vivan o veraneen en Galicia, Asturias, Cantabria o País Vasco conocerán a la perfección este fenómeno, que hace que una playa se quede apenas sin arena o que el agua baje hasta dejar al descubierto metros de arenal.

No obstante, no se trata de algo frecuente en el Mediterráneo, puesto que es un mar relativamente pequeño, lo que hace que esas subidas y bajadas del nivel sean de apenas 30 centímetros. Pero sí que se producen otros episodios que pueden alterar la tranquilidad de este mar situado entre Europa, África y Asia: los meteotsunamis o rissagues.

Se trata de un fenómeno meteorológico poco frecuente que provoca cambios extraordinarios y repentinos en el nivel del agua. Aunque suele concentrarse en determinadas zonas del Mediterráneo, sus efectos pueden ser importantes, especialmente en puertos y calas cerradas.

Una rissaga consiste en una oscilación súbita del nivel del mar provocada por cambios rápidos de la presión atmosférica. A diferencia de los tsunamis tradicionales, que habitualmente tienen su origen en terremotos submarinos u otros movimientos del fondo oceánico, los meteotsunamis se producen por perturbaciones meteorológicas. Estas pueden estar asociadas a ondas gravitatorias en la troposfera que generan variaciones de presión capaces de alterar la superficie marina.

El fenómeno resulta especialmente llamativo cuando se produce en puertos o bahías cuyas características favorecen la amplificación de las oscilaciones. La perturbación atmosférica puede entrar en resonancia con el movimiento natural del agua, haciendo que el nivel del mar aumente o disminuya de forma muy rápida.

El mar puede retirarse y regresar en pocos minutos

La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) señala que las oscilaciones habituales pueden situarse aproximadamente entre 60 centímetros y un metro, aunque en episodios excepcionales la diferencia entre el nivel máximo y mínimo puede alcanzar varios metros.

El episodio puede comenzar con una retirada repentina del agua, dejando al descubierto zonas del puerto que normalmente permanecen sumergidas. Poco después, el mar vuelve a entrar con fuerza y recupera rápidamente su nivel. En un puerto, este movimiento puede provocar que las embarcaciones choquen entre sí o contra los muelles, pantalanes y otras estructuras, además de ocasionar daños en las instalaciones.

Las rissagues se producen con mayor frecuencia durante primavera y verano, cuando determinadas configuraciones atmosféricas favorecen su aparición. Entre las condiciones que pueden acompañarlas se encuentran la entrada de aire cálido en altura y la presencia de nubes de tipo altocúmulo. En algunas ocasiones, además, el cielo puede adquirir tonalidades amarillentas, una señal visual que puede coincidir con este tipo de situación atmosférica.

Uno de los lugares donde el fenómeno ha sido más estudiado es Ciudadela, en Menorca, donde las rissagues han sido documentadas durante décadas. También pueden producirse en otros puntos de Baleares, como Mahón, y en diferentes puertos del litoral peninsular.

El fenómeno, no obstante, no es exclusivo del Mediterráneo. En Canarias recibe el nombre de «mareas del Pino», por su frecuente coincidencia con la festividad de la Virgen del Pino, en torno al 8 de septiembre. En otras partes del mundo tiene denominaciones diferentes, como abiki en Japón y China, mientras que también se han registrado episodios en las costas de Chile.

La intensidad puede variar considerablemente. En Ciudadela, uno de los episodios más destacados de las últimas décadas ocurrió el 15 de junio de 2006, cuando las oscilaciones llegaron a unos cuatro metros y numerosas embarcaciones resultaron dañadas. Otro episodio de gran magnitud tuvo lugar el 21 de junio de 1984.

Para alcanzar estas dimensiones extraordinarias no suelen bastar las condiciones habituales de una rissaga. Es necesario que concurran factores meteorológicos especialmente favorables, como tormentas, vientos intensos y cambios bruscos de presión atmosférica.

En los episodios más habituales, las fluctuaciones se mantienen entre los 60 y los 120 centímetros, pero aun así pueden resultar peligrosas en zonas portuarias. La rissaga demuestra hasta qué punto la atmósfera y el océano están conectados: una perturbación meteorológica que puede pasar prácticamente desapercibida desde tierra es capaz de desencadenar, en cuestión de minutos, movimientos extraordinarios del agua.

Un ejemplo de menor intensidad pudo observarse en el puerto de Sóller, en Mallorca, en un vídeo difundido en 2019 por la meteoróloga de Antena 3, Mercedes Martín. En las imágenes se aprecia cómo el nivel del agua desciende cerca de un metro para después recuperar rápidamente su posición.