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Un ejemplar de urogalloEuropa Press

El urogallo da señales de recuperación en España tras años al borde de la extinción

La cría en cautividad, la recuperación de su hábitat y el control de depredadores han permitido mejorar las perspectivas de una especie que, en 2018, fue catalogada como «en peligro crítico» en España

Menos de 1.500 ejemplares de urogallo sobreviven en España. Esta ave de aspecto imponente está ligada a la taiga boreal de coníferas de toda Eurasia, donde aún es abundante. En nuestro país, sin embargo, mantiene a duras penas dos razas singulares: una en la Cordillera Cantábrica y otra los Pirineos.

Tras sufrir uno de los declives más pronunciados entre las aves del país, su situación es especialmente preocupante en la Cordillera Cantábrica, donde la población se encuentra al borde de entrar en una dinámica regresiva que podría terminar conduciéndola a la extinción, tal y como recuerdan desde SEO BirdLife.

Para hacer frente a esta situación, desde las administraciones se han impulsado medidas para frenar su declive que parece que comienzan a ofrecer resultados. La cría en cautividad, la recuperación de su hábitat y el control de depredadores han permitido mejorar las perspectivas de una especie que, en 2018, fue catalogada como «en peligro crítico» en España. El objetivo es ahora conseguir con el urogallo un éxito similar al logrado con el lince ibérico, aunque con una dificultad añadida: se trata de una presa y, por tanto, presenta tasas de supervivencia mucho menores.

Tras su catalogación, el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) asumió la coordinación de las actuaciones junto a las comunidades autónomas. Se creó un grupo de trabajo encargado de impulsar el seguimiento genético de las poblaciones, controlar a los depredadores, recuperar el hábitat y reforzar los programas de reproducción en cautividad.

La cría en cautividad empieza a dar resultados

Los estudios genéticos han confirmado que las poblaciones cantábrica y pirenaica pertenecen a una misma unidad evolutiva, el urogallo ibérico. Ambas se encuentran además en el límite meridional de distribución de la especie, especialmente vulnerable al calentamiento climático.

Los últimos censos muestran que el declive se ha frenado en la Cordillera Cantábrica. En 2024 se estimaron 209 ejemplares, frente a los 191 de 2019, un incremento del 8 %. Dos tercios se localizan en León y el resto, en Asturias. En los Pirineos aragoneses hay unos 320 ejemplares, mientras que Cataluña presenta una evolución más negativa: sus machos reproductores han pasado de 455 en 2005 a 245 en 2025.

La consideración de ambas poblaciones como una misma unidad evolutiva permite utilizar ejemplares de las dos para reforzar el programa de reproducción del centro de cría de Valsemana, en León.

El trabajo realizado allí ha permitido alcanzar una tasa de supervivencia de los pollos superior al 70 %. «Parece que hemos dado con la tecla», explica a Efe David Cubero, jefe de Servicio de Espacios Naturales, Flora y Fauna de la Junta de Castilla y León. Mediante técnicas como la incubación y la inseminación artificial, el centro produjo el pasado año 76 pollos.

Aproximadamente la mitad se destinó a reforzar el stock reproductor y la otra mitad a su liberación en el medio natural. De los 29 ejemplares soltados el pasado otoño, una hembra ha conseguido sobrevivir y se encuentra en una zona de reproducción con presencia de urogallos silvestres. Para Cubero, se trata de una «noticia extraordinaria».

La mayoría de los ejemplares liberados murieron durante los primeros días, principalmente por ataques de zorros. El dato ha permitido identificar cuál debe ser ahora una de las prioridades: mejorar las condiciones de las áreas de reintroducción y reducir la presión de los depredadores.

Los urogallos pasan previamente entre 15 y 20 días en recintos especialmente diseñados para favorecer su adaptación antes de ser liberados mediante las denominadas «sueltas blandas». Además, los investigadores están tratando de enseñarles a permanecer «perchados» en las ramas para evitar el suelo, donde son más vulnerables al zorro. El objetivo es alcanzar en los próximos años una supervivencia cercana al 30 %, suficiente para aumentar alrededor de un 15 % anual la población silvestre inicial.

Los expertos advierten, sin embargo, de que la cría en cautividad no puede ser la única solución. La recuperación del hábitat, el control de depredadores y la reducción de las molestias humanas serán determinantes para garantizar que los ejemplares liberados puedan sobrevivir.

Los incendios forestales constituyen otra amenaza. El análisis realizado tras los grandes fuegos del pasado verano concluyó que siete de las 35 áreas críticas para la especie resultaron afectadas, aunque solo una sufrió daños graves. Los expertos consideran prioritario recuperar estos territorios, especialmente aquellos con matorral de arándanos, fundamental para la reproducción.

La unificación de las poblaciones cantábrica y pirenaica permitirá además aumentar la diversidad genética mediante el intercambio de ejemplares y puestas. La especie está en declive en toda Europa y, según SEO/BirdLife, «no va a poder sobrevivir sin intervención humana». Pese a ello, los avances logrados permiten mantener la esperanza de recuperación.