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Una iguana como mascota

Una iguana como mascotaGetty Images/iStockphoto

El auge de los animales exóticos como mascotas reaviva las alertas por enfermedades zoonóticas

Un estudio concluye que los mamíferos comercializados presentan hasta un 50 % más de probabilidades de compartir patógenos con las personas que los que permanecen en estado salvaje

El creciente interés por tener animales silvestres como mascotas, impulsado en gran medida por las redes sociales, preocupa cada vez más a la comunidad científica. Reptiles, pequeños mamíferos exóticos, aves o anfibios llegan con mayor frecuencia a los hogares, pero este fenómeno también incrementa el riesgo de aparición y propagación de enfermedades zoonóticas, aquellas que pueden transmitirse de los animales a las personas.

La advertencia coincide con la celebración, este 6 de julio, del Día Mundial de las Zoonosis. Los expertos recuerdan que el contacto estrecho con especies de fauna salvaje, especialmente cuando forman parte del comercio internacional de animales, puede facilitar el salto de nuevos patógenos a los seres humanos y favorecer futuras crisis sanitarias.

Un estudio internacional publicado recientemente en la revista Science concluye que los mamíferos comercializados presentan hasta un 50 % más de probabilidades de compartir patógenos con las personas que aquellos que permanecen en estado salvaje. Además, los investigadores comprobaron que el riesgo aumenta cuanto más tiempo permanece una especie dentro del circuito comercial, ya sea mediante su captura, transporte, cría o venta.

Los datos adquieren una mayor dimensión si se tiene en cuenta que alrededor del 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes tienen un origen zoonótico. Entre ellas se encuentran patologías que han marcado las últimas décadas y que han demostrado el enorme impacto sanitario, económico y social que pueden llegar a provocar. Aunque no todas están relacionadas con las mascotas exóticas, la evidencia científica señala que el comercio de fauna silvestre constituye uno de los factores que favorecen la aparición de nuevos patógenos.

El volumen del fenómeno tampoco es menor. Se estima que en Europa conviven en los hogares más de 500 millones de animales, entre mascotas tradicionales y especies exóticas, un mercado que continúa creciendo impulsado por la demanda y por la facilidad para adquirir ejemplares a través de internet o de establecimientos especializados.

Del comercio de fauna salvaje a la prevención de futuras pandemias

La preocupación no se limita al ámbito científico. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ya identificó el 'mascotismo' de animales exóticos como una de las principales causas que pueden favorecer la aparición de nuevas zoonosis. En un informe elaborado tras la pandemia de covid-19, el organismo señala que el contacto directo entre personas y especies silvestres dentro del comercio mundial, tanto legal como ilegal, incrementa las posibilidades de que nuevos virus crucen la barrera entre animales y humanos.

El documento subraya además que resulta más eficaz y menos costoso invertir en medidas preventivas y sistemas de detección temprana que actuar cuando una enfermedad ya se ha extendido. En este contexto cobra protagonismo el denominado listado positivo, un modelo regulatorio que varios países europeos ya han incorporado a su legislación.

A diferencia de los sistemas tradicionales, basados en prohibir determinadas especies, el listado positivo establece qué animales pueden mantenerse como mascotas tras una evaluación científica. Para formar parte de esa lista, las especies deben demostrar que no representan riesgos significativos para el bienestar animal, la salud pública, la biodiversidad ni la seguridad de las personas. Aquellos animales que no superan esa evaluación quedan excluidos automáticamente de la tenencia como animales de compañía.

Los defensores de este sistema consideran que ofrece un marco más claro, coherente y sencillo de aplicar que las listas de prohibiciones parciales, que suelen quedar rápidamente desactualizadas a medida que aparecen nuevas especies en el mercado. Además, sostienen que prioriza la prevención frente a la reacción, un principio ampliamente respaldado por la comunidad científica en materia de salud pública.

Más allá del riesgo sanitario, la tenencia de fauna silvestre también plantea problemas de bienestar animal y conservación de la biodiversidad. Muchas de estas especies requieren condiciones muy específicas para sobrevivir y, cuando son abandonadas, pueden convertirse en especies invasoras que alteran los ecosistemas autóctonos. Casos como los mapaches, cotorras argentinas, galápagos de Florida o visones americanos ilustran cómo animales introducidos inicialmente como mascotas han terminado generando importantes impactos ambientales.

Veterinarios, epidemiólogos y especialistas en conservación coinciden en que la convivencia con fauna silvestre debe abordarse desde un enfoque preventivo que tenga en cuenta tanto la protección de la biodiversidad como la salud de las personas. La pérdida de hábitats naturales y el incremento del comercio global de especies, los expertos consideran que limitar los riesgos antes de que aparezcan constituye una de las mejores herramientas para evitar futuras crisis sanitarias.

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