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Medicán sobre las islas griegasFlickr

¿Qué es un medicán? Los ciclones tropicales del Mediterráneo que pueden causar inundaciones y vientos huracanados

Presentan una estructura nubosa muy característica, con una disposición en espiral y prácticamente circular

Los meteorólogos vienen advirtiendo de que la temperatura del mar Mediterráneo es inusualmente alta: este verano ha registrado valores extremos, alcanzando picos históricos por encima de los 33 grados, como los de la boya de la isla Dragonera, en Baleares.

Esto, además de suponer un problema para la biodiversidad del mar, también incrementa la probabilidad de que se produzcan grandes tormentas, puesto que esa agua caliente del Mediterráneo ejerce de 'combustible'

Son los efectos devastadores de los llamados medicanes –contracción de Mediterranean hurricane–, tormentas mediterráneas con rasgos propios de los ciclones y huracanes tropicales. Aunque este fenómeno suele producirse entre una y tres veces al año en la región, su frecuencia ha ido en aumento en los últimos tiempos.

Según explica la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), se trata de pequeños ciclones que se forman sobre el mar y afectan sobre todo a zonas marítimas, islas y áreas costeras, generando vientos muy fuertes, temporales marítimos e inundaciones provocadas por lluvias torrenciales.

Para desarrollarse, estos sistemas necesitan flujos de calor y humedad que se ven reforzados por la temperatura cálida de la superficie del mar, tal como explica Suzanne Gray, profesora del departamento de meteorología de la Universidad de Reading, a la agencia AFP.

Aunque su intensidad es notablemente menor que la de un huracán atlántico o un tifón del Pacífico, y su ciclo de vida es más corto y relativamente predecible, estas estructuras constituyen el tipo de ciclón más violento que puede formarse en el Mediterráneo.

En España, aunque también pueden formarse o llegar ciclones mediterráneos, no es habitual que los medicanes afecten directamente al país. Suelen concentrarse con mayor frecuencia en el Mediterráneo central y oriental. Lo más habitual en nuestro territorio son ciclones mediterráneos que, aunque no llegan a desarrollar características tropicales, sí pueden dejar importantes efectos adversos.

Los medicanes presentan una estructura nubosa muy característica, con una disposición en espiral y prácticamente circular. Se caracterizan por una intensa actividad convectiva y por la presencia de una zona central despejada, conocida como el ojo del medicán, que recuerda a la de los ciclones tropicales, aunque con un tamaño considerablemente menor.

Además, cuentan con un núcleo cálido, alimentado por el calor que libera la condensación del vapor de agua. En el centro del sistema los vientos son relativamente débiles, pero alrededor del ojo se desarrolla una circulación de aire en espiral que puede alcanzar una gran velocidad.

El caso de Daniel: lagos en pleno desierto libio

Uno de los ejemplos más impactantes de medicán es la tormenta Daniel, que azotó Libia en septiembre de 2023 y dejó imágenes tan espectaculares como inquietantes: extensos lagos formados en pleno desierto, de un tamaño tan considerable que resultaron visibles desde el espacio. El satélite Sentinel-2, del programa europeo Copernicus, captó la transformación del paisaje comparando imágenes tomadas el 2 y el 12 de septiembre.

Lagos en el desierto de Libia provocados por la tormenta DanielCopernicus

En la primera fotografía se aprecia el territorio desértico al sur de la Cirenaica cubierto íntegramente de arena. Apenas diez días después, la segunda imagen muestra amplios cauces inundados que recorren el desierto hacia el sur, formando en algunos puntos grandes lagos de un intenso color azul. El contraste resulta aún más llamativo si se tiene en cuenta que, en el desierto oriental de Libia, las precipitaciones anuales no suelen superar los 50 milímetros de media.

Liz Stephens, profesora de Riesgo Climático y Resiliencia en la Universidad de Reading, señaló en un comunicado que fenómenos como la tormenta Daniel son relativamente poco frecuentes y suelen darse con más asiduidad en la mitad occidental del Mediterráneo que en la árida costa libia. La experta advirtió además de la dificultad de anticipar episodios extremos de este tipo en climas áridos, donde las lluvias escasas y espaciadas complican tanto la previsión como el diseño de infraestructuras capaces de resistir catástrofes de esta magnitud.