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Imagen de un pigargoFlickr

La controvertida reintroducción del pigargo europeo en España: así es este superdepredador

Biólogos y colectivos ecologistas cuestionan que existan evidencias suficientes de que haya habitado históricamente ese territorio y alertan del posible impacto sobre la fauna autóctona

Durante el siglo XIX, el pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) desapareció de la Península Ibérica, o al menos eso es lo que se ha sostenido tradicionalmente. Esta imponente rapaz, de aspecto similar al de un águila, puede alcanzar entre 69 y 92 centímetros de longitud y superar los dos metros de envergadura. Aunque mantiene cierta sociabilidad, los ejemplares adultos suelen vivir solos o en pareja.

En la actualidad, la especie está presente en amplias zonas del norte y el este de Europa y en buena parte de Asia. Su regreso a España comenzó hace cinco años con un proyecto de reintroducción impulsado en la cornisa cantábrica. Desde el principio, sin embargo, la iniciativa estuvo rodeada de controversia. Biólogos y colectivos ecologistas de las zonas implicadas cuestionaron que existieran evidencias suficientes de que el pigargo hubiera habitado históricamente ese territorio y alertaron también del posible impacto de su presencia sobre la fauna autóctona.

El proyecto, promovido por el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (Grefa), comenzó con la liberación experimental de una veintena de ejemplares procedentes de Noruega en Asturias y Cantabria. Antes de su suelta, las aves permanecieron durante sus primeros meses en una gran instalación construida en el concejo asturiano de Ribadedeva, diseñada para facilitar su adaptación al nuevo entorno.

Cinco años después, el futuro del proyecto continúa sin estar completamente definido. Aunque no existe un cierre oficial de la iniciativa, los 20 pigargos liberados permanecen en libertad y su situación se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción entre sus defensores y sus detractores. Además, hace justo un año nació en el norte de Castilla y León el primer polluelo de pigargo de España, lo que se consideró un hito histórico para la biodiversidad en nuestro país y en Europa.

Un superdepredador en el centro del debate

Una de las principales críticas al proyecto tiene que ver con la ausencia, según sus detractores, de evidencias sólidas que permitan afirmar que el pigargo europeo fue una especie reproductora en España. La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies ha sido especialmente crítica con la iniciativa y sostiene que no existen pruebas suficientes de una presencia histórica de la especie en la región.

A esta cuestión se suma el posible impacto ecológico. El pigargo europeo es un superdepredador que se alimenta principalmente de peces, pero también de aves y pequeños mamíferos. Sus detractores consideran que su introducción podría generar competencia o depredación sobre determinadas especies, incluidas algunas protegidas o amenazadas. La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies y otros colectivos han llegado a reclamar la captura de los ejemplares que ya han sido liberados para evitar posibles alteraciones del ecosistema.

Grefa mantiene una posición radicalmente distinta. Según recoge La Nueva España, la organización considera que el proyecto está siendo objeto de una «estrategia de acoso y derribo» basada, a su juicio, en «noticias falsas» y relatos «sensacionalistas». La entidad ha defendido así la continuidad de la reintroducción frente a las críticas de colectivos como la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies, que recientemente volvió a reclamar la retirada de los ejemplares liberados en Pimiango, en Ribadedeva.

El seguimiento realizado durante casi tres años mediante dispositivos GPS y otras técnicas ha llevado a Grefa a defender que los pigargos se han adaptado al medio natural. La organización sostiene que los resultados obtenidos son similares a los registrados en otros países europeos donde se han llevado a cabo proyectos de reintroducción de la especie.

Según Grefa, durante este periodo tampoco se han observado impactos negativos atribuibles a los ejemplares liberados sobre otras especies o sobre actividades humanas como la ganadería y la pesca. La organización utiliza estos datos para defender que los temores planteados al comienzo del proyecto no se han materializado hasta ahora.

El desacuerdo, no obstante, continúa. La ausencia de consenso sobre la presencia histórica del pigargo en la península y sobre las posibles consecuencias de su introducción mantiene abierto el debate entre científicos, organizaciones ambientales y otros colectivos implicados.

También abordaron esta cuestión varios investigadores de la Universidad de Oviedo que, en un artículo publicado el mismo año en que comenzó el Proyecto Pigargo de Grefa, cuestionaron que pudiera considerarse extinguida en España una especie cuya presencia histórica no está suficientemente acreditada. «Para considerar una especie como extinta, las pruebas, tanto de su extinción como de su presencia en tiempos históricos, deben ser irrefutables. En el caso del pigargo en España, eso no ocurre», señalaron.

Grefa, por su parte, no contempla retirar los ejemplares que ya viven en libertad. La organización asegura que seguirá realizando labores de seguimiento y apoyo a las aves dentro del marco de la legislación ambiental española y mantiene su intención de retomar «cuanto antes» la liberación de nuevos ejemplares.

Impacto en la fauna

Sin duda, el principal punto de fricción entre los conservacionistas es ese posible impacto del pigargo europeo sobre la fauna protegida. La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies subraya que se trata de una rapaz de gran tamaño que se alimenta de peces, aves y mamíferos y que, además, «no está amenazada». Por el contrario, sostiene que sus poblaciones están aumentando en buena parte de su amplia área de distribución, que abarca Europa central y occidental y gran parte de Asia.

Los investigadores de la Universidad de Oviedo, por su parte, han señalado posibles efectos sobre especies como el cormorán moñudo y el salmón atlántico, cuya población atraviesa un importante declive. Ambas figuran, según los científicos, entre las presas potenciales del pigargo y presentan un estado de conservación desfavorable.

La Coordinadora considera que la presencia de este superdepredador podría complicar la conservación de especies amenazadas. «Entendemos que la presencia en este entorno de un superdepredador como el pigargo puede ocasionar graves problemas a la conservación de especies amenazadas de nuestra fauna debido a la competencia con ellas o directamente a la depredación sobre las mismas», sostiene el colectivo.