gala del Año Nuevo lunar en China
El salto aterrador de los robots humanoides: de juguetes caros a máquinas casi perfectas
Los robots humanoides que deslumbraron en la gala china simbolizan un cambio de era y han pasado de ser poco útiles a rozar la perfección. Su irrupción confirma que la sociedad que viene será, quiera o no, robótica
La imagen de esos robots humanoides practicando artes marciales en la gala del Año Nuevo lunar en China recorre el mundo por su espectacularidad, pero en realidad es toda una declaración de intenciones. La robótica ya no es un entretenimiento caro, sino la antesala de una nueva infraestructura social y económica. Durante años, los humanoides fueron poco más que demostraciones de laboratorio, inestables, torpes y pensados para ferias tecnológicas o campañas de marketing, pero ahora empiezan a encajar en el diagnóstico al que hace referencia el periodista especializado en divulgación tecnológica Eugenio Mallol cuando advierte de que la siguiente fase ya no va de prototipos aislados, sino de crear un ecosistema capaz de desplegarlos a gran escala.
China ha entendido este giro mejor que nadie y ha convertido su gala televisiva más importante en un escaparate de fuerza tecnológica, con robots que corren, saltan, encadenan patadas de kung‑fu y bailan sin perder el equilibrio frente a millones de espectadores. Esta coreografía no sólo demuestra músculo técnico, sino que anticipa un mundo en el que humanoides similares compartirán espacio con nosotros en fábricas, almacenes, hospitales o incluso hogares, tal y como apuntan los avances que hoy lidera la industria china.
gala del Año Nuevo lunar en China
Mallol recuerda que la verdadera ruptura no es hacer los robots un 10 % más eficientes, sino abrir «áreas completamente nuevas» a la automatización, tareas en las que ni siquiera habíamos pensado desplegarlos hasta ahora. Esa frase encaja perfectamente con lo que vimos sobre el escenario chino con máquinas que ya no se limitan a repetir movimientos rígidos, sino que exhiben una combinación de equilibrio, velocidad y coordinación que hace apenas una década parecía ciencia ficción, y que apunta a su desembarco en entornos como la logística o los servicios.
La verdadera ruptura no es hacer los robots un 10 % más eficientes, sino abrir «áreas completamente nuevas»
Hasta hace poco, la robótica humanoide era casi una extravagancia europea, con actores muy contados como la española PAL Robotics o la alemana Neura Robotics, más cerca del escaparate comercial que de la cadena de producción real. Hoy, en cambio, el tablero se ha ensanchado con compañías chinas, estadounidenses y europeas compitiendo por diseñar humanoides capaces de trabajar codo con codo con operarios humanos, mientras gigantes como Boston Dynamics reconocen que el desafío ya no es técnico sino industrial y se trata de escalar la fabricación y construir un ecosistema de baterías, sensores y datos.
Ese ecosistema es precisamente la palabra clave de Mallol porque sin un entorno que conecte fabricantes, proveedores de componentes, talento en inteligencia artificial y marcos regulatorios flexibles, los robots seguirán siendo islas brillantes en medio de un océano analógico, al menos en Europa. En China, la gala fue como escaparate de un ecosistema que ya funciona (empresas de robótica, inversión pública masiva, universidades orientadas a la IA física), mientras que en Europa, y en particular en España, la oportunidad está en construir esos «espacios para colaborar» que permitan que la robotización deje de ser un discurso y se convierta en industria.
gala del Año Nuevo lunar en China
Hay un matiz importante, el futuro no es sólo humanoide, pero los humanoides sí se han convertido en el símbolo más visible de esa transición hacia la «IA encarnada», capaz de percibir el mundo, tomar decisiones y actuar sobre él. Los avances que deslumbran en el escenario chino como la estabilidad al correr, la precisión al imitar movimientos humanos, la integración de visión por computadora y control motor fino son la punta de lanza de una ola tecnológica que también transformará robots de formato menos vistoso con brazos colaborativos, plataformas móviles, sistemas agrícolas o logísticos.
Los humanoides sí se han convertido en el símbolo más visible de esa transición hacia la «IA encarnada»
Mallol alerta de que el mundo «está en shock con la IA» mientras se construyen, casi en silencio, las carreteras para esos «Ferraris informáticos» que ya tenemos entre manos. Trasladado a la robótica, eso significa que los países que levanten antes esas autopistas serán quienes conviertan robots como los de la gala china en parte habitual de su tejido productivo, mientras que el resto quedará reducido a consumidor pasivo de tecnología ajena.
El robot humanoide de Tesla, 'Optimus'
España es el tercer país europeo en número de robots industriales instalados cada año, aunque aún muy por detrás de Alemania. La tesis de Mallol es que si el país aprovecha su capacidad tecnológica, su posición geopolítica relativamente segura y la atracción de inversión industrial, puede jugar en primera división de la robótica, en lugar de limitarse a aplaudir desde el sofá los espectáculos chinos en la televisión.
Los robots humanoides han dejado definitivamente de ser «poco útiles», ya no son las máquinas cómicas que se caen en mitad de una demostración, sino prototipos cada vez más pulidos que anticipan una realidad en la que veremos cuadrillas de humanoides inspeccionando fábricas, acompañando a técnicos en tareas peligrosas o ayudando a personas mayores con movilidad reducida. Y si algo demuestra la puesta en escena china es que la verdadera pregunta ya no es si queremos vivir rodeados de robots, sino si estaremos preparados para que, cuando lleguen en masa, el ecosistema lo hayamos construido nosotros… o venga empaquetado desde fuera.