La desglobalización brinda en Beijing
El protagonismo de los gigantes tecnológicos en la comitiva de Donald Trump y su influencia en las negociaciones geopolíticas, con los chips de IA de Nvidia como uno de los principales asuntos a tratar, confirman que estamos en una nueva era de ejercicio del poder
Ya nadie disimula. El poder tecnológico se ha sentado a la mesa del poder político estos días en Beijing para decidir el futuro del mundo. Es la nueva democracia ciberfísica. A unos representantes los elegimos de forma presencial en las urnas y a otros de forma digital a través de los dispositivos electrónicos. Basta mirar el gráfico de capitalización y volumen de negocio de la europea Mistral frente a los de las norteamericanas Anthropic y OpenAI. La tierra y el cielo. Ya has elegido tu portavoz en la mesa de Donald Trump y Xi Jinping.
Es un momento tan crucial este, tan nuevo y confuso, que resulta hasta cierto punto normal que las contradicciones sean la única constante. Una encuesta de NBC News ha otorgado a la inteligencia artificial (IA) una valoración menos positiva entre el público estadounidense que el polémico Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). Sólo registra un dato peor Irán. Pero los dueños de la IA, las nuevas telecomunicaciones y las aplicaciones de consumo masivo se hacen fotos con los fans chinos como el nuevo star system.
Una encuesta de NBC News ha otorgado a la IA una valoración menos positiva entre el público estadounidense que el polémico ICE
El dueño de Nvidia, Jensen Huang, ha sido, de hecho, uno de los últimos en sumarse a la comitiva de Donald Trump. El asunto de desbloquear la venta de sus chips de IA H200 a compañías comerciales chinas para que puedan hacer inferencia de IA, con ByteDance, Alibaba, Tencent, JD.com, Lenovo y Foxconn ansiosas ya de que pasen al fin las aduanas de sus puertos, ha sido uno de los principales puntos de negociación.
Pone de manifiesto la capacidad de influencia que la tecnología ha adquirido en la geopolítica mundial. Los H200 ni siquiera son los más potentes de Nvidia, están por detrás de sus más recientes desarrollos Blackwell y Rubin, y China tendrá acceso a ellos con limitaciones (no más de 75.000 por empresa), siempre que EE.UU. se asegure de que no se destinan a uso militar. Xi Jinping dispone todavía de la ventaja de las materias primas (no durará para siempre, cuidado), pero no tiene todas las cartas en sus manos.
El dueño de Nvidia, Jensen Huang, ha sido uno de los últimos en sumarse a la comitiva de Donald Trump
Gestionar las incoherencias parece haberse convertido en una habilidad en la era de la resiliencia. Después de un año sacudiendo el mercado mundial a golpe de aranceles, Estados Unidos se pasa al libre mercado por un rato y según le conviene. Lo ha hecho a propósito del tremendo fin de la moratoria de los derechos de aduana a las transmisiones electrónicas, vigente desde 1998. Su derogación el pasado mes de marzo, corre el riesgo de crear el nuevo Muro Digital que divida al mundo, aunque en España no se hable de ello.
La Unión Europea y China no mueven ficha, pero desde el 8 de mayo la Administración norteamericana y otros 23 países, entre los que se encuentran Reino Unido, Suiza, Israel, Japón y Corea del Sur, han anunciado que seguirán sin imponerse aranceles entre ellos. Según explicaron en un comunicado conjunto a la OMC, por «transmisión electrónica» entienden «una transmisión efectuada utilizando cualquier medio electromagnético incluido el contenido de la transmisión». Tu vida online. Nos invitan a sumarnos a un «compromiso multilateral». Qué esperabas, puro trumpismo.
Nos invitan a sumarnos a un «compromiso multilateral». Qué esperabas, puro trumpismo
El valor estratégico de la tecnología está reformulando el papel de los gobiernos y las empresas privadas en sectores vinculados a nuestra supervivencia. La marejada mental es de tal calibre que el influyente inversor Marc Andreessen decía haber escuchado por casualidad en Silicon Valley esto: «cada persona individual que estaba a favor del control gubernamental de la IA se opone ahora al control gubernamental de la IA».
En 2025, el Gobierno de Estados Unidos entró en el capital de una quincena de empresas, entre ellas Intel, después de medio siglo sin hacerlo en ninguna. La oligarquía sobre la que se asienta Donald Trump tiene reminiscencias del modelo de Vladímir Putin, salvando las evidentes distancias. «¿Quién es el ingenuo?», esa pregunta de Michael Corleone.
La oligarquía sobre la que se asienta Donald Trump tiene reminiscencias del modelo de Vladímir Putin
El intervencionismo comunista de China no es sólo que favorezca la iniciativa privada, sino que fomenta una forma de capitalismo salvaje y deshumanizado, que dominan hoy 1.100 milmillonarios, cifra que supera por primera vez a la de EE.UU. desde este año. Europa, la tierra de los derechos humanos y la sostenibilidad, ahoga a su innovación con una avasalladora presencia regulatoria. Es el momento de las contradicciones.
A un lado del ring, megacorporaciones que concentran los datos sin los que la IA no funciona, conocimiento científico e ingeniería, dominios críticos como internet y el espacio, y enormes cantidades de financiación. Al otro lado, Estados dotados de la posibilidad de regular, aunque no de la capacidad para hacer cumplir plenamente su normativa en el ámbito digital, con la exclusiva del uso de la violencia, pero gravemente endeudados y con dificultades para retener talento.
El intervencionismo comunista de China no es sólo que favorezca la iniciativa privada, sino que fomenta una forma de capitalismo salvaje
¿Escandaliza la visión de Trump escoltado por los popes tecnológicos? El récord de 1,2 billones de dólares en el superávit comercial de China en 2025 ha activado toda serie de susceptibilidades. Compite con reglas diferentes a las del resto del mundo: subsidios gubernamentales, empresas estratégicas propiedad del Estado, transferencia obligada de tecnología, robo sistemático de propiedad intelectual y algo que irrita especialmente a los gestores occidentales: la manipulación monetaria del renminbi. El Estado de Derecho es algo relativo, se puede convertir en arma (weaponizar) desde que Hammurabi escribió aquel Código en Mesopotamia.
El consenso político a favor de la globalización se ha roto, especialmente en las economías desarrolladas. Pero el hecho es que el comercio mundial representó aproximadamente el 58% del PIB en 2025, solo ligeramente por debajo de su máximo del 60,1 % de 2008.
El consenso político a favor de la globalización se ha roto
En 1990, más de 940 millones de chinos vivían en la pobreza extrema, es decir, percibían menos de tres dólares al día a precios actuales. Desde entonces, la globalización ha llevado a la caída más espectacular de la pobreza en la historia mundial. Hay quienes han vinculado ese fenómeno al acierto de los ingenieros de Beijing, pero China no se puede poner la medalla, como demuestran Max Roser y Pablo Arriagada en Our World in Data.
El resto del mundo también ha experimentado una reducción considerable de la pobreza extrema, del 33% en 1990 al 12 % en la actualidad. Las estimaciones del Banco Mundial lo corroboran: nunca había disminuido tan rápidamente como en las últimas tres décadas. Esta realidad es una bomba nuclear sobre los principios de la Ilustración, porque se ha producido en un marco de confusión. Cuanto antes empecemos a pensar en ello, más fácil será encontrar una salida que mantenga a la persona en el centro.
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Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.