Fundado en 1910

Edificio de Nvidia en Santa Clara, CaliforniaNVIDIA

Nvidia, el monstruo de la IA que arrasa en Wall Street y pone contra las cuerdas a China

Nvidia ha dejado de ser 'la marca de las tarjetas gráficas' para convertirse en la empresa más valiosa del mundo gracias a la inteligencia artificial. De la mano de Jensen Huang, su cofundador, la compañía domina los centros de datos, desafía a China y marca la agenda tecnológica de Washington

Nvidia nació en 1993 en California, fundada por Jensen Huang, Chris Malachowsky y Curtis Priem con con el propósito de que los gráficos en 3D fueran la revolución de la informática y el ocio digital. Era un mercado dominado por gigantes como Intel y Nvidia decidió apostar por un componente entonces secundario, la GPU, que pronto sería clave para los videojuegos de PC.

El gran salto llegó en 1999 con la primera GeForce, una familia de tarjetas gráficas que se convirtió en sinónimo de rendimiento en el mundo gamer. Esa notoriedad les dio caja, talento e influencia suficiente como para empezar a mirar más allá del entretenimiento doméstico.

GeForce 256 de 1999

El giro que lo cambió todo

El verdadero punto de inflexión de Nvidia fue entender que la GPU servía para mucho más que el dibujo técnico en ordenadores. Su arquitectura paralela resultó perfecta para entrenar redes neuronales profundas, un campo que, a mediados de los 2000, aún era marginal.

Su arquitectura paralela resultó perfecta para entrenar redes neuronales profundas

Nvidia comenzó a cortejar a universidades, laboratorios y grandes tecnológicas con la promesa de que sus GPUs podían acelerar cálculos científicos y modelos de aprendizaje a un coste muy bajo. Ese trabajo lento pero seguro colocó a la empresa en una posición privilegiada cuando llegó la explosión de la inteligencia artificial generativa.

Datos, la mina de oro de la era IA

Hoy, el negocio de centros de datos es el auténtico corazón financiero de Nvidia. La compañía acaba de cerrar su primer trimestre fiscal de 2026 con ingresos récord de 81.600 millones de dólares, un 85 % más que un año antes, y un beneficio neto de 58.300 millones, un 211 % superior.

El 92 % de la facturación procede ya de soluciones para centros de datos, donde sus chips de IA, agrupados en plataformas como Hopper, Blackwell o las futuras arquitecturas a gran escala como Vera Rubin, se han convertido en infraestructura crítica para gigantes como Alphabet, Amazon o Microsoft. Jensen Huang lo define como la construcción de «fábricas de IA», la mayor expansión de infraestructura de la historia.

Jensen Huang, el showman de la chaqueta de cuero

Al frente de este meteoro bursátil está Jensen Huang, un ingeniero taiwanés‑estadounidense conocido por sus chaquetas de cuero y su estilo inconfundible en los escenarios. Más allá de ese carisma, ha demostrado una capacidad poco común para leer tendencias de largo plazo y apostar la empresa a ellas antes que la competencia.

Jensen HuangGREG DOHERTY

Huang ha cultivado una imagen de visionario que se mueve con soltura entre Wall Street, las big tech y los reguladores y que presenta la IA como una herramienta que «ya está generando valor real» en sectores tan dispares como la salud, la automoción o las finanzas. Esa narrativa, respaldada por resultados, ha convertido a Nvidia en la compañía con mayor capitalización del planeta, por delante de Apple, Microsoft o Alphabet.

Nvidia y China

El meteórico ascenso de Nvidia no se entiende sin la tensión permanente entre Estados Unidos y China por el control de los chips avanzados. Washington ha endurecido en los últimos años las restricciones a la exportación de procesadores de alta gama al gigante asiático, con el objetivo de frenar el desarrollo militar y de inteligencia artificial de Pekín.

Jensen Huang y Tim Cook acompañaron a Trump en su visita a ChinaEFE

Nvidia ha tenido que rediseñar varios de sus productos para cumplir con los límites impuestos por el Gobierno de Estados Unidos, lo que ha dejado fuera de sus previsiones gran parte del negocio de centros de datos en China. Aun así, el país sigue siendo un mercado demasiado grande como para ignorarlo, y la compañía camina sobre la cuerda floja ya que intenta no perder a sus clientes chinos sin desafiar abiertamente las líneas rojas marcadas por Washington. De ahí el viaje de Jensen Huang y otros magnates de la tecnología norteamericana a Pekín acompañando a Trump. Una visita de estado a estado donde se fijaron los nuevos límites de IA entre ambos países.

Trump, Biden y la nueva política del chip

La trayectoria de Nvidia también está muy ligada a la política estadounidense. Durante la primera presidencia de Donald Trump se impusieron las primeras grandes restricciones contra empresas chinas como Huawei lo que derivó en una etapa de guerra tecnológica que luego se extendió bajo la Administración Biden.

En el segundo mandato de Trump, la Casa Blanca ha mantenido el mensaje de que los chips avanzados son un activo estratégico y los ha apoyado con paquetes de incentivos y regulaciones a los fabricantes estadounidenses mientras presiona para limitar el acceso de China a la tecnología de vanguardia. Nvidia se beneficia de ese impulso industrial, pero también se convierte en pieza central de una partida geopolítica que condiciona sus cadenas de suministro, sus relaciones comerciales y, por qué no, su ritmo de innovación.

La sombra de la burbuja

El dominio de Nvidia en el hardware de IA es tan abrumador que algunos analistas hablan ya de algo parecido a un monopolio. Sus principales rivales, AMD e Intel, no son capaces de cerrar la brecha, mientras que grandes clientes como Microsoft, Google, Amazon o Meta trabajan en chips propios para no depender totalmente de un único proveedor.

Ordenador para robots Jetson ThorNVIDIA

Al mismo tiempo, el rally bursátil ha alimentado el debate sobre una posible burbuja alrededor de la inteligencia artificial. Pese a las dudas, las acciones de Nvidia se mueven cerca de máximos históricos y la empresa ha anunciado una recompra de títulos de 80.000 millones de dólares, además de elevar su dividendo hasta 0,25 dólares por acción, una señal de confianza en la continuidad del ciclo.

Más IA, más regulación y más dependencia

De cara a los próximos años, Nvidia seguirá navegando entre tres fuerzas contrapuestas. Por un lado, la demanda de cómputo para IA no deja de crecer, alimentada tanto por las grandes tecnológicas como por sectores tradicionales que empiezan a automatizar procesos con modelos avanzados de IA.

Por otro, los reguladores (desde Washington hasta Bruselas) observan con preocupación la concentración de poder en pocas manos y el impacto que la automatización puede tener sobre el empleo y la seguridad. Y en tercer lugar están los usuarios y empresas, cada vez más dependientes de servicios basados en modelos que, en gran medida, se ejecutan sobre la infraestructura de Nvidia.

Nvidia se ha convertido en el espejo donde se reflejan las promesas y las contradicciones de la revolución de la inteligencia artificial.