Estados Unidos quiere aislar a China y acercar a Taiwán a su órbita
El día que Taiwán se apague: el escenario «apocalíptico» que temen Washington y Silicon Valley
Un informe del New York Times revela cómo la Casa Blanca lleva años alertando a Apple, Nvidia o Qualcomm de que un bloqueo chino a Taiwán podría desencadenar la peor crisis económica desde la Gran Depresión
Según la exclusiva del New York Times, funcionarios de seguridad nacional de Estados Unidos llevan años reuniéndose en privado con los máximos ejecutivos de Apple, Advanced Micro Devices (AMD), Qualcomm y otros gigantes tecnológicos para advertirles de un escenario que consideran posible como es que China intente «reintegrar» por la fuerza Taiwán y corte el suministro de chips avanzados al mercado estadounidense. Taiwán produce alrededor del 90 % de los semiconductores más sofisticados del mundo, esenciales para teléfonos móviles, ordenadores, centros de datos e inteligencia artificial.
Un informe confidencial encargado en 2022 por la patronal del sector, la Semiconductor Industry Association, concluyó que la pérdida repentina de acceso a los chips taiwaneses desencadenaría la peor crisis económica desde la Gran Depresión, con una caída del 11 % del PIB de Estados Unidos. Otros análisis citados en el reportaje estiman que un conflicto en el estrecho de Formosa podría costar más de 10 billones de dólares a la economía global.
Beneficios a corto plazo
Pese a esas advertencias, la industria tecnológica se ha resistido durante años a desvincularse de TSMC, el gigante taiwanés que fabrica los chips más avanzados del planeta. Los motivos son puramente de negocio y se trata de que producir en Estados Unidos encarece los chips más de un 25 % por los mayores costes de materiales, mano de obra y permisos, y además las fábricas estadounidenses de TSMC y de otras firmas trabajan, por ahora, con una tecnología una generación por detrás de la disponible en Taiwán.
La industria tecnológica se ha resistido durante años a desvincularse de TSMC
El New York Times subraya que muchas compañías priorizaron los resultados trimestrales y el precio de la acción frente a un riesgo geopolítico que percibían como remoto. A ello se suma una política no escrita del propio Gobierno taiwanés de que las tecnologías de fabricación de chips más avanzadas deben permanecer en la isla, como parte del llamado escudo de silicio que busca hacer a Taiwán demasiado valioso para ser atacado.
El giro de TSMC
La Ley CHIPS, firmada en 2022, movilizó 50.000 millones de dólares en subsidios para intentar reconstruir la capacidad de fabricación de semiconductores en suelo estadounidense. El reportaje detalla cómo la secretaria de Comercio, Gina Raimondo, y su equipo han tratado de convencer a las grandes tecnológicas para que encarguen más producción a Intel o Samsung, pero sin lograr pedidos suficientes como para garantizar que Estados Unidos alcance el objetivo de producir en 2030 hasta el 20 % de la capacidad mundial.
TSMC se ha convertido en el actor clave. La compañía había comprometido ya tres fábricas en Arizona, respaldadas por compras anticipadas de Apple, Nvidia y otros clientes, pero la demanda resultó insuficiente para justificar un complejo adicional de otras tres plantas, porque los clientes se resistían a pagar chips más caros y tecnológicamente algo rezagados. Según la exclusiva, la administración de Donald Trump optó entonces por intervenir más agresivamente en el mercado, utilizando la amenaza de aranceles a los semiconductores producidos en Taiwán para forzar nuevos compromisos de inversión.
La administración Trump optó por intervenir más agresivamente en el mercado, utilizando la amenaza de aranceles a los semiconductores producidos en Taiwán
El banquero Howard Lutnick, aliado del Gobierno, habría empleado esos mismos aranceles como palanca en las negociaciones con Taipei y con TSMC, logrando un acuerdo por el que las firmas taiwanesas de chips se libran de parte de las tasas a cambio de producir más en Estados Unidos. El resultado: TSMC se compromete a invertir 100.000 millones de dólares adicionales y a construir más plantas en Phoenix, lo que, en la práctica, supone duplicar su presencia industrial en Arizona y acelerar en ocho años el calendario previsto.
Trump, Nvidia y la batalla por los chips
El reportaje del New York Times describe también un encuentro en el Despacho Oval entre el presidente Donald Trump y Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, la compañía más valiosa del mundo gracias a sus chips de inteligencia artificial. Trump le habría trasladado su intención de imponer aranceles a los semiconductores por los riesgos asociados a la producción en Taiwán y le instó a fabricar chips en territorio estadounidense.
El reportaje describe un encuentro en el Despacho Oval entre Trump y Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia
Huang, preocupado por el impacto de unas tarifas sobre los márgenes de su empresa, y C. C. Wei, máximo responsable de TSMC, terminaron coincidiendo en que la única salida era que Nvidia aumentara sus pedidos de chips fabricados en Arizona para hacer viables las nuevas inversiones de la taiwanesa. Pocas semanas después, Wei comunicó a Lutnick que TSMC reforzaría su apuesta por Estados Unidos con ese paquete de inversión de 100.000 millones de dólares y nuevas plantas en Phoenix. En octubre, Nvidia celebró la fabricación de su primer chip de inteligencia artificial en suelo estadounidense como un «momento histórico» para la industria.
Vulnerabilidad de Occidente
Pese a estos avances, los expertos citados en la exclusiva avisan de que la vulnerabilidad de Occidente sigue siendo enorme. La primera generación de chips de inteligencia artificial fabricada en Arizona tuvo que ser enviada de vuelta a Taiwán para su empaquetado final, lo que demuestra hasta qué punto la cadena de suministro continúa entrelazada con la isla. Las nuevas plantas tardarán años en operar a plena capacidad, y las tecnologías de vanguardia seguirán concentradas en Hsinchu y otras ciudades taiwanesas.
Oblea de chips
«Estamos sin duda en una posición mejor que hace unos años, pero esto nunca iba a resolverse de la noche a la mañana», resume John Neuffer, presidente de la Semiconductor Industry Association. Entre tanto, la posibilidad de que China intente forzar la anexión de Taiwán antes de 2030 sigue marcando la agenda de seguridad nacional en Washington y añade un nuevo frente de tensión a la ya complicada relación entre las dos mayores potencias del planeta.