Intel
Rescate
Del desastre al pelotazo: el polémico plan de Trump para salvar Intel usando a Apple
La Casa Blanca ha hecho de Intel su gran apuesta tecnológica estratégica. Ha tomado cerca del 10 % de la compañía con fondos públicos y ha usado la amenaza de aranceles para forzar un pacto con Cupertino
La Casa Blanca ha convertido la recuperación de Intel en uno de sus grandes proyectos económicos y tecnológicos de la legislatura. Según The Wall Street Journal, el Gobierno de Estados Unidos ha pasado de subvencionar discretamente al histórico fabricante de chips a convertirse en un accionista de referencia, con una participación cercana al 10 % fruto de la conversión de unos 9.000 millones de dólares en ayudas. El movimiento deja a Intel como una multinacional cotizada tratada casi como un campeón nacional que, al parecer, hay que apuntalar a cualquier precio.
WSJ detalla cómo, tras años perdiendo terreno frente a rivales como TSMC o Samsung, Intel se convirtió en una obsesión para el actual presidente estadounidense, que decidió usar todos los resortes de la política industrial para devolver al país un papel central en la fabricación de semiconductores avanzados. Ese plan incluye tanto la inyección de capital público como una intensa campaña de presión sobre los grandes clientes del sector para que apuesten por las fábricas de Intel en suelo estadounidense.
El efecto Apple
Apple ha sido la empresa elegida por Trump para el despegue de Intel años después de su divorcio. La compañía que dirige Tim Cook se enfrentaba el año pasado a la amenaza de un arancel del 100 % sobre todos los semiconductores importados, una medida que habría disparado el coste de producción de iPhone y Mac, muy dependientes de la taiwanesa TSMC. Cook viajó a Washington para tratar de frenar esa subida y se encontró con la propuesta de utilizar las fábricas de Intel en Estados Unidos para producir parte de sus chips a cambio de aliviar la presión arancelaria.
Apple ha sido la empresa elegida por Trump para el despegue de Intel años después de su divorcio
El resultado, según el WSJ, ha sido un acuerdo por el que Apple empezará a encargar a Intel la fabricación de algunos procesadores para MacBook y futuros iPhone, que rompería la dependencia exclusiva de TSMC. Para Intel, lograr un cliente de este tamaño supone el mayor contrato de la historia de su negocio de fundición y un balón de oxígeno para unas plantas que habían quedado rezagadas en tecnología frente a sus competidores asiáticos.
Queda por despejar la duda de qué pasará con los chips M de Apple, que ya van por su quinta generación con los modelos M5. Un producto que lleva seis años haciendo aún más exclusivos los MacBook no debería sufrir el retroceso tecnológico de volver a procesadores de Intel.
Nvidia
Apple no es la única compañía implicada. Nvidia, uno de los grandes beneficiados del auge de la inteligencia artificial, como otro de los actores sobre los que ha presionado la Casa Blanca. La empresa habría invertido unos 5.000 millones de dólares en Intel y se habría comprometido a adquirir chips personalizados para centros de datos para reforzar la cartera de pedidos de la firma con sede en Santa Clara.
La propia evolución del mercado ha jugado a favor de Intel. La explosión de la inteligencia artificial generativa ha impulsado la demanda de procesadores tradicionales (CPU), terreno en el que la compañía sigue siendo fuerte, y ha permitido que sus cuentas empiecen a mostrar cierta mejoría. La llegada en 2025 del nuevo consejero delegado, Lip-Bu Tan, ha ayudado a apuntalar ese giro con recortes de costes, una reorganización total del área de ingeniería y más inversión en equipamiento de última generación para sus fábricas.
Todo ello se ha reflejado en Bolsa. Desde que se conoció el peso del Gobierno en el accionariado y los primeros acuerdos con grandes clientes, las acciones de Intel se han disparado, con revalorizaciones sorprendentes. Los anuncios sobre la alianza con Apple provocaron subidas de dos dígitos en una sola sesión.
Sin embargo, la historia está lejos de cerrarse. El negocio de fundición de Intel sigue perdiendo miles de millones de dólares y aún debe demostrar que puede producir de forma estable los chips más avanzados que demandan gigantes como Apple y Nvidia. Y queda la gran pregunta que dejará Trump cuando acabe su presidencia sobre hasta qué punto es saludable que un Gobierno se convierta en accionista relevante y arquitecto comercial de una empresa privada.