Robots humanoides jugando al fútbol durante la World Humanoid Robot Games
De la IA a los humanoides
Llegan los robots humanoides que quieren cambiar el mundo: la nueva revolución que camina entre nosotros
Durante décadas, el futuro pasaba por pensar en robots con dos piernas, dos brazos y capacidad para realizar las mismas tareas que una persona. La inteligencia artificial llegó antes de lo previsto, pero lo hizo sin cuerpo. Ahora, después de revolucionar ordenadores y teléfonos móviles, esa IA empieza a encontrar brazos y piernas.
Tesla Optimus, Figure, Atlas de Boston Dynamics, Digit de Agility Robotics o los diferentes modelos de la china Unitree forman parte de una carrera en la que participan fabricantes de automóviles, empresas tecnológicas y algunas de las compañías mejor financiadas del mundo.
Robot Digit de Agility Robotics
La gran pregunta es si los robots humanoides protagonizarán una revolución comparable a la inteligencia artificial generativa o acabarán engrosando la lista de tecnologías destinadas a transformar el planeta que nunca cumplieron las expectativas. Y todo esto nos lleva a pensar en el metaverso de Zuckerberg como ejemplo de una enorme cortina de humo para tapar el problema que tiene encima Meta.
Ya hay robots trabajando
La principal diferencia es que algunos humanoides ya han entrado en fábricas y almacenes.
Figure desplegó su Figure 02 durante once meses en la planta que BMW tiene en Spartanburg, Estados Unidos. Según la empresa, los robots acumularon más de 1.250 horas de funcionamiento, manipularon más de 90.000 piezas y participaron en la producción de más de 30.000 BMW X3. En junio de 2026, su sucesor, Figure 03, regresó a la misma fábrica para realizar tareas logísticas más complejas.
Digit, desarrollado por Agility Robotics, ofrece otro dato importante. El humanoide ha superado los 100.000 contenedores transportados dentro de una instalación logística de GXO en Georgia. Su trabajo es únicamente repetir una tarea durante miles de ciclos dentro de una operación comercial.
Boston Dynamics también ha cruzado una frontera. Atlas dejó de ser aquel espectacular proyecto de investigación conocido por correr, saltar y hacer piruetas. La compañía presentó en enero de 2026 una versión preparada para producción y tiene despliegues previstos durante este año con Hyundai y Google DeepMind.
Un mundo diseñado para personas
Las fábricas podrían seguir llenándose de brazos robóticos convencionales, probablemente más baratos y rápidos para muchas operaciones. El atractivo del humanoide aparece precisamente porque prácticamente todo lo construido durante siglos está pensado para el cuerpo humano.
Escaleras, puertas, herramientas, estanterías, pasillos, vehículos o puestos de trabajo tienen unas dimensiones determinadas porque quienes los utilizan poseen dos brazos, dos piernas y aproximadamente entre 1,5 y 2 metros de altura.
El robot humanoide de Tesla, 'Optimus'
Un robot con dimensiones parecidas podría incorporarse teóricamente a esos lugares sin reconstruirlos.
Esta es una de las grandes apuestas económicas del sector. El humanoide no tendría que ser mejor que una máquina especializada haciendo una única operación. Tendría que ser suficientemente bueno realizando muchas.
China acelera
La competición tampoco se limita a Estados Unidos. China ha convertido la robótica humanoide en una prioridad industrial y sus fabricantes empiezan a competir también en precio.
La tienda oficial de Unitree ofrece actualmente el G1 desde 13.500 dólares y el pequeño R1 desde 4.900 dólares. Son cantidades todavía elevadas para un dispositivo doméstico, pero muy alejadas de los precios asociados históricamente a los robots industriales de alta gama.
Robots compitiendo en la 2026 World Humanoid Robot Games en el National Speed Skating Oval de Beijing, China
China entregó más de 40.000 humanoides durante la primera mitad de 2026 y concentró el 97 % de los envíos mundiales. El dato refleja el ritmo de una industria que quiere repetir parte de la estrategia aplicada estas últimos años a coches eléctricos, baterías o paneles solares.
El dinero también empieza a llegar. La división de robótica de Xpeng acaba de captar más de 900 millones de dólares y pretende alcanzar una capacidad de producción de 1.000 unidades mensuales de su humanoide IRON antes de finalizar 2026.
El problema es el cerebro
Caminar ya no parece el mayor desafío. Incluso correr, mantener el equilibrio o levantarse después de una caída empieza a resultar relativamente habitual en las demostraciones como se ha podido ver en los últimos juegos olímpicos celebrados en China.
El gran salto llegará cuando estas máquinas puedan enfrentarse a algo que un ser humano hace continuamente como es encontrarse ante una situación desconocida, comprenderla y actuar correctamente.
El fundador y consejero delegado de Unitree, Wang Xingxing, considera que la robótica se aproxima a su particular «momento ChatGPT», aunque calcula que el gran salto del software podría encontrarse todavía a entre dos y diez años de distancia.
Robots humanoides en tareas de cocina
Ahí es donde la inteligencia artificial generativa vuelve a entrar en escena. Los nuevos modelos multimodales pueden permitir que una máquina interprete lo que ve, comprenda una orden expresada mediante lenguaje natural y traduzca esa instrucción en movimientos físicos.
Los nuevos modelos multimodales pueden permitir que una máquina interprete lo que ve
Un robot capaz de recibir la orden «recoge la cocina» necesita reconocer platos, vasos y cubiertos, descubrir dónde se encuentra cada cosa, agarrarla sin romperla, abrir un lavavajillas y reaccionar cuando aparezca algo que nunca había visto.
Ni IA ni metaverso... todavía
Los humanoides cuentan, por tanto, con algo que el metaverso nunca consiguió demostrar a gran escala como es una utilidad económica evidente si la tecnología funciona. Transportar mercancías, abastecer líneas de montaje, manipular materiales peligrosos o asumir trabajos repetitivos tiene clientes dispuestos a pagar.
Pero todavía están lejos del fenómeno ChatGPT. La IA generativa pudo distribuirse a cientos de millones de personas casi instantáneamente porque solo necesitaba servidores y una pantalla. Cada robot, en cambio, necesita motores, sensores, baterías, cámaras, materiales, mantenimiento y una fábrica capaz de construirlo.
También tendrá que demostrar seguridad, autonomía, fiabilidad y un coste inferior al problema que pretende solucionar.
Por eso, probablemente la revolución humanoide no llegará con millones de robots entrando simultáneamente en los hogares. Empezará moviendo cajas, colocando piezas y realizando turnos repetitivos dentro de fábricas.
Y precisamente cuando esos robots dejen de resultar sorprendentes será cuando la verdadera revolución habrá comenzado.