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Urnas preparadas en un colegio electoral

Urnas preparadas en un colegio electoralEuropa Press

Sospechas

La IA llega a las elecciones del 29-N: así puede alterar la campaña en España

España afronta las elecciones generales del 29 de noviembre en un escenario inédito. La inteligencia artificial puede multiplicar la desinformación, personalizar mensajes y falsear voces o imágenes. Otros países ya han vivido sus efectos y dejan advertencias para la campaña española

Las elecciones generales del próximo 29 de noviembre pondrán a prueba algo más que la capacidad de movilización de los partidos, el peso de los debates televisivos o la influencia de las encuestas. Será la primera gran campaña nacional española celebrada en un momento en el que la inteligencia artificial generativa ya es una herramienta accesible para casi cualquiera. Y aquí entran actores como los propios partidos, consultoras, medios, activistas, cuentas anónimas y también actores extranjeros interesados en agitar a los votantes.

La inteligencia artificial no elegirá al próximo Gobierno ni sustituirá el criterio de los ciudadanos. Pero sí puede cambiar la forma en que los votantes reciben, interpretan y comparten la información política. La amenaza ya no es un vídeo falso de un candidato diciendo algo que nunca dijo. El riesgo está en la combinación de contenidos sintéticos, campañas automatizadas, mensajes diseñados para nichos concretos y una velocidad de difusión que no deja tiempo para verificar nada.

España llega a esta cita electoral con apenas unas semanas para la campaña formal, prevista entre el 13 y el 27 de noviembre, y con un ecosistema digital ya acostumbrado a la confrontación y la desconfianza. En ese terreno, la IA es una tecnología que puede servir para informar mejor, acercar los programas electorales o atender dudas de los ciudadanos, pero también para hacer que la manipulación sea más barata, convincente y difícil de detectar.

El peligro de ver y oír algo falso

Los llamados deepfakes son la cara más visible del problema. Se trata de imágenes, vídeos o audios creados o modificados mediante inteligencia artificial para imitar a una persona real. Un candidato puede aparecer en una grabación pronunciando una frase inventada, reconocer un supuesto delito o anunciar una retirada de la carrera electoral sin que nada de ello haya ocurrido.

Un candidato puede aparecer en una grabación pronunciando una frase inventada

Antes de las elecciones de Eslovaquia de 2023 circularon audios falsos atribuidos a un dirigente opositor que hablaban de fraude electoral y de una subida de precios. En Moldavia se difundió un vídeo manipulado de la presidenta Maia Sandu en el que aparentemente apoyaba a una formación prorrusa. Y durante las elecciones de Bangladés de 2024 se viralizó un vídeo falso en el que una candidata parecía anunciar que abandonaba la contienda.

La eficacia de estas piezas no depende necesariamente de que engañen a millones de personas durante semanas. Basta con que se propaguen en las últimas horas de campaña, cuando la rectificación llega tarde, o que refuercen una sospecha que ya existe en una parte del electorado. La IA reduce el coste técnico de fabricar ese material porque ya no hace falta un gran estudio de producción para clonar una voz, editar un gesto facial o crear una imagen que parezca una fotografía tomada en un mitin.

Bots, mensajes a medida y ruido digital

El segundo frente es la automatización. La inteligencia artificial permite generar miles de publicaciones, respuestas, memes, vídeos breves y comentarios en cuestión de minutos. Una campaña coordinada puede aparentar una espontaneidad inexistente con decenas o cientos de perfiles que repiten el mismo mensaje, inflan una etiqueta, atacan a un adversario o convierten una anécdota en un asunto nacional.

El International Panel on the Information Environment analizó 215 incidentes relacionados con IA generativa en 50 países que celebraron elecciones en 2024. Su conclusión es que el 80 % de esos países registró algún uso electoral de IA; el 90 % de los incidentes consistió en la creación de contenido (audios, imágenes, vídeos o publicaciones) y en el 46 % de los casos no pudo identificarse al responsable.

En una campaña política no es igual recibir un mensaje de una candidatura oficial que encontrarse con una cuenta anónima que aparenta ser un ciudadano indignado, un experto independiente o un medio local. La IA puede industrializar esa apariencia de autenticidad.

Los partidos llevan años segmentando publicidad digital por edad, territorio o intereses. La novedad es que los modelos generativos facilitan producir muchas versiones de un mismo mensaje y adaptarlo a distintos públicos. Vivienda para unos, inmigración para otros, empleo, seguridad, impuestos o identidad territorial. Esta práctica no es ilícita, pero se vuelve un problema cuando se nutre de datos opacos, intenta explotar emociones o difunde información engañosa sin que el ciudadano sepa que está ante propaganda diseñada para él.

Las ventajas de la IA

La inteligencia artificial puede tener usos positivos en una campaña si existe transparencia. Puede simplificar programas electorales, traducir contenidos a lenguas cooficiales, crear herramientas de accesibilidad para personas con discapacidad, responder dudas frecuentes y facilitar que una candidatura llegue a ciudadanos menos conectados con la política tradicional. En Japón, por ejemplo, algunos candidatos utilizaron chatbots basados en IA para responder preguntas de los electores.

En Japón algunos candidatos utilizaron chatbots basados en IA para responder preguntas de los electores

La Unión Europea ya ha fijado una hoja de ruta. Para la IA generativa, Bruselas recomienda que los contenidos sintéticos sean detectables mediante marcas de agua, metadatos o sistemas de procedencia; que se etiqueten de forma clara los deepfakes y que las herramientas eviten generar contenidos con alto potencial de manipulación electoral. También pide pruebas específicas antes de lanzar productos que puedan utilizarse para fabricar desinformación política.

Dos personas ejercen su derecho a voto en una cabina en un colegio electoral

Dos personas ejercen su derecho a voto en una cabina en un colegio electoralEuropa Press

Para el votante, la recomendación es que conviene fijarse en el origen de la publicación, buscar si otros medios fiables recogen el supuesto hecho, comprobar la fecha y desconfiar de los mensajes diseñados para provocar una reacción inmediata de rabia, miedo o euforia. Un vídeo de baja calidad no demuestra que sea falso y uno impecable no garantiza que sea verdadero. La verificación debe apoyarse en el contexto, la fuente y la existencia de pruebas independientes.

Las elecciones del 29-N serán una cita política, pero también una prueba de madurez digital. La IA no inventa por sí sola la polarización ni la desinformación, más bien amplifica dinámicas que ya existían. La lección que dejan Eslovaquia, Moldavia, Bangladés o los comicios de 2024 en decenas de países es que el problema no es únicamente detectar lo falso, sino evitar que lo falso llegue antes, más lejos y con más fuerza que la verdad.

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