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Eugenio Mallol

A pocos años de descubrir vida fuera de la Tierra

La explosión de la carrera espacial se acelerará de forma vertiginosa, con una infraestructura de comunicaciones estable de 400.000 kilómetros con la Luna, los vínculos de este proceso con defensa son indudables, pero ¿tenemos el entorno adecuado para aprovecharlo?

En la cúpula científica de la Agencia Espacial Europea y de la NASA se da por hecho de que en cuestión de tres a cinco años obtendremos las primeras evidencias sólidas de actividad biológica fuera de la Tierra. Olvida las películas de Spielberg y Tim Burton, de momento será mucho menos glamouroso que eso, no habrá recibimiento del presidente de EE.UU. a la flota alienígena.

El avistamiento se limitará, ya me perdonarán los científicos que use este verbo cuando nos encontramos ante uno de los grandes descubrimientos de la historia de la humanidad, a la detección de biomarcadores, ya sea en atmósferas de exoplanetas o a través de la exploración del propio Sistema Solar. Marte y las lunas heladas de Júpiter y Saturno son algunos de los lugares más prometedores para buscar indicios de vida pasada o presente. En efecto, no habrá nadie saludando a la cámara, es probable que lo que encontremos no esté… vivo.

Marte y las lunas heladas de Júpiter y Saturno son algunos de los lugares más prometedores para buscar indicios de vida pasada o presente

El regreso del ser humano a la Luna abrirá también enormes oportunidades científicas y tecnológicas. Se avecinan dos décadas en las que asistiremos a un despliegue cada vez más acelerado de infraestructuras que transformarán nuestra forma de explorar el espacio y generarán innovaciones con aplicaciones directas también en la Tierra. ¿Estamos creando el entorno adecuado para aprovecharlo?

Hay que pensar, por ejemplo, en una autopista estable Tierra-Luna, con investigadores, instrumentos y sistemas permanentemente interconectados a lo largo de una línea de base de casi 400.000 kilómetros. Será un laboratorio científico único, permitirá realizar experimentos imposibles de llevar a cabo hoy. Y, con seguridad, muchas de las tecnologías que se utilicen habrán sido proporcionadas por compañías españolas.

Resulta escalofriante escuchar a los científicos regodearse con las posibilidades del lado oculto de la Luna

Ese sensacional laboratorio abrirá nuevas oportunidades en campos tan diversos como la física fundamental, las tecnologías cuánticas, el estudio de la radiación espacial y la medicina. Resulta escalofriante escuchar a los científicos regodearse con las posibilidades del lado oculto de la Luna, libre de interferencias artificiales, un lugar protegido del efecto antropogénico de radiación y sin atmósfera, en las mismas condiciones desde hace 4.500 millones de años.

Espacio y defensa son las dos caras de la misma moneda. Las tecnologías satelitales y espaciales han pasado de ser herramientas científicas especializadas a convertirse en una infraestructura esencial para la economía global y para la soberanía de los propios Estados. Ser el primero que obtenga ese biomarcador sobre la existencia de vida fuera de la Tierra no puede concebirse sólo como una simple disputa entre centros de investigación.

Vernos en el espejo espacial cambiará la imagen de nosotros mismos

Un grupo de investigadores utilizó imágenes satelitales e inteligencia artificial para estimar los índices de desarrollo humano (IDH) de 61.530 municipios en todo el mundo. Los resultados revelaron que más de la mitad de la población mundial vive en territorios cuyo nivel de desarrollo difiere del asignado a nivel nacional. Vernos en el espejo espacial cambiará la imagen de nosotros mismos y eso tiene valor en el ámbito de la defensa.

La batalla geopolítica está marcada por el creciente peso de China en un ámbito en el que hasta hace poco era prácticamente irrelevante. En la Agencia Espacial Europea, con sede en Toulouse, donde se está digiriendo todavía el sorpasso presupuestario de Alemania a Francia, al que casi se suma por cuestión de unos millones Italia, alucinan con el estado de conmoción en que ha situado Donald Trump a su siempre prestigioso sector espacial. China avanza sin complejos.

El número de satélites en órbita rondaba los 15.000 a principios de 2026 y se prevé que alcance los 100.000 en 2030

No obstante, será difícil reequilibrar el estado actual de las cosas. El número de satélites en órbita rondaba los 15.000 a principios de 2026 y se prevé que alcance los 100.000 en 2030. Si se aprobaran todas las solicitudes para órbita terrestre baja (LEO) presentadas sólo ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos hasta ese momento, la cifra llegaría a medio millón de satélites a finales de la década de 2030.

Este crecimiento vertiginoso se debe a la expansión comercial de las megaconstelaciones en LEO. Starlink, de Elon Musk, es su principal exponente con cerca de dos tercios de todos los satélites activos, más que todos los países juntos. El valor de la colaboración público-privada resulta indisociable ya de la carrera espacial, que es lo mismo que decir de la defensa.

Este aumento de satélites también conlleva un aumento de datos. El archivo de la NASA ha alcanzado ya los 100 petabytes (100 millones de gigas) de datos y se espera que llegue a los 320 petabytes en 2030. La IA transformará la forma en que los satélites gestionan la información. Actualmente, la mayor parte del filtrado e interpretación se realiza en Tierra. Si los satélites pudieran procesar la mayor parte de esos datos en órbita y transmitir solo la información útil, el ahorro sería enorme.

El archivo de la NASA ha alcanzado ya los 100 petabytes (100 millones de gigas) de datos y se espera que llegue a los 320 petabytes en 2030

Reduciría la latencia, minimizaría el uso del ancho de banda y facilitaría la toma de decisiones autónomas en entornos remotos o propensos a retrasos, como el espacio profundo. De nuevo, en ámbitos como la defensa, donde la toma de decisiones es un factor clave, permitiría actuar con mucha más rapidez.

Pero transmitir este volumen de datos a la Tierra no es factible a través de los canales de comunicación de radiofrecuencia tradicionales y el volumen de datos que proporcionan los sensores crece más rápido que la capacidad de descarga. Por ello, se están investigado otras soluciones, en especial el procesamiento de los datos directamente a bordo del satélite en el punto donde se producen. El campo para la innovación tecnológica es enorme.

Todos estos cambios se van a suceder de forma acelerada y debemos ser conscientes de que eso significa cambiar por completo el entorno para el despliegue y escalado de innovaciones. La ola de atención y dotación presupuestaria que ha generado la llamada a filas al sector empresarial por parte de defensa en España se extiende a la carrera espacial.

Hay que cambiar la Ley de Contratos del Estado, hay que habilitar mecanismos de certificación ágiles para que las pymes puedan participar en licitaciones de defensa, hay que pasar de la competencia a la colaboración, como dice Félix Pérez, presidente de la Fundación Círculo, hay que reclutar talento... el descubrimiento del primer biomarcador fuera de la Tierra se podría producir ya esta misma década. Hace falta velocidad.

El astronauta de la NASA y comandante de Artemis II, Reid Wiseman, mira por una de las ventanas de la cabina principal de la nave espacial OrionZUMA vía Europa Press

Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.