Karel van Gils (imec)
Entrevista al director general de imec Spain
Karel van Gils (imec): «España tiene potencial para ser un contribuyente clave al ecosistema europeo de semiconductores»
El director general de imec Spain explica el desembarco del centro de investigación en Málaga, analiza el papel de España en la industria de los chips y advierte de los grandes desafíos tecnológicos que plantea la inteligencia artificial
Los semiconductores se han convertido en una de las piezas más estratégicas de la economía mundial. La inteligencia artificial, los centros de datos, el automóvil, las telecomunicaciones o la industria dependen de unos chips cuya fabricación más avanzada sigue concentrada en un reducido grupo de países. Europa quiere reducir esa vulnerabilidad y España aspira a encontrar su espacio en una carrera tecnológica dominada durante décadas por Asia y Estados Unidos.
En ese escenario aterriza en Málaga imec, uno de los centros de investigación e innovación en semiconductores más importantes del mundo. Su director general en España, Karel van Gils, explica a El Debate el alcance del proyecto, que prevé iniciar su construcción en 2027 y comenzar sus operaciones en 2030, y analiza el impacto de la inteligencia artificial, la soberanía tecnológica europea y el futuro de la Ley de Moore.
—Imec es una institución desconocida para buena parte del público español, aunque trabaja con algunos de los mayores fabricantes tecnológicos del mundo. ¿Qué es exactamente imec, qué papel desempeña en la industria mundial de los semiconductores y por qué ha elegido España para crecer?
—Imec es un centro de investigación e innovación de referencia mundial en semiconductores y tecnologías digitales, con más de 40 años de experiencia. Trabajamos con las principales empresas tecnológicas del mundo para desarrollar los chips y las tecnologías digitales que impulsarán la próxima generación de aplicaciones de inteligencia artificial, comunicaciones, salud, automoción, industria y muchos otros sectores.
Nuestro papel es único porque reunimos a la industria, al ámbito académico, a las startups y a las administraciones públicas para acelerar la innovación y transformar la investigación más avanzada en tecnologías reales que generen valor económico y social.
Hemos elegido España para albergar nuestra primera sala blanca fuera de Bélgica porque el país cuenta con un talento extraordinario en ingeniería
Hemos elegido España para albergar nuestra primera sala blanca fuera de Bélgica porque el país cuenta con un talento extraordinario en ingeniería, universidades de primer nivel y una clara ambición de reforzar su posición dentro del ecosistema europeo de los semiconductores. Imec dispone de una red global de actividades de investigación y oficinas en distintos países y Málaga representa un paso importante en la expansión de nuestra presencia internacional en I+D.
—El gran proyecto de imec en España es la línea piloto de 300 mm de Málaga. ¿En qué punto se encuentra actualmente, cuándo esperan que esté plenamente operativa y qué va a aportar que no exista ya en otros centros europeos?
—Actualmente nos encontramos en la fase final previa al inicio de la construcción de imec España, prevista para el primer trimestre de 2027. El plan es que las operaciones de imec España comiencen en 2030 y que, para entonces, ya tengamos en marcha varias colaboraciones con el ecosistema local.
En España nos centraremos en actividades de I+D relacionadas con nuevos materiales para óptica plana
La actividad de imec Spain estará totalmente sincronizada con la de nuestra sede central en Bélgica. En España nos centraremos en actividades de I+D relacionadas con nuevos materiales para óptica plana y sistemas de imagen, sensores para ciencias de la vida, fotónica y tecnologías avanzadas de encapsulado para las próximas generaciones de chips. Además, ya estamos trabajando con actores clave del ecosistema local para hacer realidad esta visión.
—España ha destinado importantes recursos públicos a intentar construir una industria de semiconductores. ¿Tenemos realmente las empresas, universidades y profesionales necesarios para crear un ecosistema competitivo o existe el riesgo de construir las infraestructuras antes de disponer del talento?
—La construcción de un ecosistema competitivo de semiconductores requiere tanto infraestructuras como talento, y ambos deben desarrollarse de forma conjunta. España ya parte de una posición sólida en varios ámbitos, con excelentes universidades que forman a un número creciente de profesionales de la ingeniería, grupos de investigación reconocidos internacionalmente y empresas innovadoras.
El talento ya está aquí, y nuestro objetivo es contribuir a desarrollarlo aún más
Actualmente estamos estableciendo alianzas con universidades, startups y organizaciones del ecosistema español de microelectrónica y semiconductores. El talento ya está aquí, y nuestro objetivo es contribuir a desarrollarlo aún más, atraer nuevo talento y crear las condiciones necesarias para que puedan prosperar.
—La inteligencia artificial está disparando la necesidad de capacidad de cálculo y, con ella, la demanda de chips. ¿Hasta qué punto el futuro de la IA depende ya más de conseguir procesadores más potentes y eficientes que de desarrollar mejores modelos y algoritmos?
—El futuro de la inteligencia artificial depende tanto de los avances en los algoritmos como de los avances en el hardware. No es una cuestión de elegir entre uno u otro; el progreso surge de la interacción entre ambos. Los avances en los modelos de IA han permitido desarrollar capacidades extraordinarias, pero estas solo pueden desplegarse a gran escala si la infraestructura de computación que las sustenta es capaz de soportarlas de manera eficiente.
El futuro de la inteligencia artificial depende tanto de los avances en los algoritmos como de los avances en el hardware
A medida que los modelos de IA se vuelven más grandes y sofisticados, la demanda de capacidad de cálculo, ancho de banda de memoria y eficiencia energética sigue creciendo. Satisfacer estos requisitos exige innovación en toda la cadena tecnológica de computación, desde los dispositivos hasta los sistemas completos. Los avances en tecnologías lógicas siguen siendo fundamentales, pero son igualmente importantes los progresos en memoria, interconexiones basadas en fotónica, encapsulado avanzado y arquitecturas de sistemas de nueva generación que optimizan la forma en que los recursos de computación, memoria y comunicación trabajan conjuntamente.
—Estados Unidos y China están convirtiendo los semiconductores en una cuestión geopolítica y restringiendo el acceso a determinadas tecnologías. Europa habla desde hace años de soberanía tecnológica. ¿Es realmente posible que Europa sea autónoma en semiconductores o tendrá que seguir dependiendo de Estados Unidos y Asia?
—Europa no debería definir la soberanía en semiconductores como una autosuficiencia total. Ninguna región puede hacerlo todo por sí sola en una industria tan compleja y globalizada. El verdadero objetivo es reforzar las áreas en las que Europa ya cuenta con ventajas estratégicas: investigación de excelencia, equipamiento para la fabricación de semiconductores, materiales avanzados, fotónica, encapsulado avanzado, aplicaciones para automoción e industria e innovación deep-tech.
Europa no debería definir la soberanía en semiconductores como una autosuficiencia total
Esa es también la dirección que persigue la futura Chips Act 2.0: no replicar el modelo de Estados Unidos o Asia, sino construir un ecosistema europeo más conectado, resiliente y competitivo. Esto implica invertir en I+D, líneas piloto, desarrollo de talento, capacidades de diseño y adopción industrial, al tiempo que se fortalecen los vínculos entre los desarrolladores de tecnología, los fabricantes y las industrias que utilizarán estos chips, desde la inteligencia artificial y la movilidad hasta la salud, la energía y las comunicaciones.
—Europa posee compañías y centros de investigación fundamentales para la industria mundial de los chips, pero buena parte de la fabricación más avanzada continúa concentrada en Asia. ¿Qué está haciendo mal Europa para tener conocimiento y tecnología, pero no haber conseguido trasladar todo ese potencial a una gran capacidad industrial?
—Yo no lo plantearía en términos de que Europa haya hecho algo mal. Más bien, la industria de los semiconductores ha evolucionado durante décadas y cada región ha desarrollado fortalezas diferentes. Europa ha construido un liderazgo mundial en investigación, innovación, equipamiento para la fabricación de semiconductores, materiales avanzados y tecnologías especializadas, mientras que gran parte de la capacidad mundial de fabricación avanzada a gran escala se ha concentrado en otras regiones gracias a décadas de inversión sostenida y especialización industrial.
La industria de los semiconductores ha evolucionado durante décadas y cada región ha desarrollado fortalezas diferentes
La oportunidad para Europa consiste ahora en aprovechar estas fortalezas y traducir su capacidad de innovación en un mayor impacto industrial. Esta necesidad se reconoce cada vez más como una prioridad estratégica. A través de iniciativas como la European Chips Act y de importantes inversiones público-privadas, Europa está reforzando sus capacidades a lo largo de toda la cadena de valor de los semiconductores y creando vínculos más sólidos entre la investigación, la innovación y la fabricación.
El objetivo no es solo generar conocimiento o desarrollar nuevas tecnologías, sino también acelerar su transferencia al mercado, impulsar la industrialización de las innovaciones europeas y fortalecer la competitividad del continente en un sector cada vez más estratégico para la economía y la sociedad.
—España no aparece tradicionalmente entre las grandes potencias de los semiconductores. ¿En qué puede competir realmente frente a países que llevan décadas de ventaja como Taiwán, Corea del Sur, Estados Unidos o Japón?
—El objetivo no debería ser replicar lo que otros países han construido, sino desarrollar capacidades que complementen las fortalezas de Europa y respondan a las necesidades tecnológicas del futuro. La oportunidad de España reside en aprovechar sus activos actuales. El país cuenta con universidades de gran nivel, grupos de investigación reconocidos internacionalmente, capacidades cada vez mayores en diseño de chips y tecnologías digitales, y un ecosistema de innovación dinámico y en crecimiento.
El objetivo no debería ser replicar lo que otros países han construido, sino desarrollar capacidades que complementen las fortalezas de Europa
España puede desempeñar un papel relevante en ámbitos como la I+D en semiconductores, el diseño de chips, el encapsulado avanzado, la formación de talento y la innovación orientada a aplicaciones en sectores donde ya cuenta con una posición competitiva, como las ciencias de la vida, la automoción, las telecomunicaciones, las energías renovables y las tecnologías industriales.
—La enorme inversión vinculada a la inteligencia artificial ha despertado el debate sobre una posible burbuja. Desde la industria de los semiconductores, ¿la demanda que están viendo justifica todas las fábricas, centros de datos y capacidad que se está construyendo o existe riesgo de sobreinversión?
—El nivel de inversión que estamos viendo refleja la creciente importancia de la inteligencia artificial en numerosos sectores de la economía. La demanda de capacidad de cálculo sigue aumentando rápidamente a medida que la IA pasa de los entornos de investigación a aplicaciones reales en ámbitos como la salud, la industria manufacturera, la movilidad, las comunicaciones y los servicios empresariales.
La demanda de capacidad de cálculo sigue aumentando rápidamente a medida que la IA pasa de los entornos de investigación a aplicaciones reales
Dicho esto, los ciclos tecnológicos siempre han estado marcados por períodos de fuerte inversión, seguidos de fases de ajuste conforme los mercados evolucionan y maduran. Por ello, es razonable esperar que algunos segmentos de la cadena de valor experimenten fluctuaciones en la demanda a lo largo del tiempo.
—Cada nueva generación de chips resulta extraordinariamente más compleja y cara. ¿Estamos llegando al límite económico de la Ley de Moore antes incluso que a su límite físico? ¿Seguir haciendo transistores más pequeños continuará siendo el camino o el futuro estará en chiplets, nuevos materiales, fotónica e integración 3D?
—Creo que la próxima etapa de progreso en la industria estará impulsada por la combinación de múltiples tecnologías. La Ley de Moore siempre ha tenido como objetivo aumentar la capacidad de computación disponible a lo largo del tiempo, y ese objetivo sigue plenamente vigente. La diferencia es que, cada vez más, los avances futuros procederán de innovaciones en múltiples niveles de la cadena tecnológica, desde los dispositivos y los materiales hasta las arquitecturas, el encapsulado avanzado y el diseño de sistemas completos.
Creo que la próxima etapa de progreso en la industria estará impulsada por la combinación de múltiples tecnologías
La miniaturización continua de los transistores seguirá siendo importante, pero estará cada vez más complementada por otras tecnologías como las arquitecturas basadas en chiplets, el encapsulado avanzado, la integración 3D, los nuevos materiales y la fotónica.
—Si dentro de diez años se mira hacia Málaga, ¿qué tendría que haber ocurrido para poder decir que el proyecto de imec ha transformado realmente la industria tecnológica española? ¿Hablamos de investigadores, startups, fábricas, patentes o de conseguir que grandes fabricantes internacionales se instalen alrededor del centro?
—Si dentro de diez años Málaga es reconocida como un polo de referencia en innovación, investigación y talento en semiconductores en Europa, esa sería una clara señal de que la iniciativa ha alcanzado sus objetivos.
El éxito significaría contar con una comunidad dinámica de investigadores, ingenieros, emprendedores y empresas trabajando conjuntamente para desarrollar nuevas tecnologías y llevarlas al mercado. También implicaría una colaboración más estrecha y efectiva entre universidades, centros de investigación, startups, empresas consolidadas e instituciones públicas.
Si Málaga contribuye a reforzar el papel de España en el ecosistema europeo de los semiconductores y se convierte en un punto de referencia para la colaboración entre investigación e industria, podremos afirmar que el proyecto ha tenido un impacto verdaderamente transformador.