El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, y el ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, Rubén Ramírez, en la firma del acuerdo UE-Mercosur
Ganadores y perdedores del histórico acuerdo entre la UE y Mercosur
El pacto enfrenta los intereses agrarios e industriales del bloque europeo
Una imagen que ya es historia. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, António Costa, presidente del Consejo Europeo, y Maros Sefcovic, comisario de Comercio, han abrazado el acuerdo de asociación con los países del Mercosur (Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil) con la firma plasmada el 17 de enero en el Gran Teatro José Asunción Flores, en Asunción.
El acto sella un propósito que los bloques han negociado desde 1999 y que tiene como objetivo crear la mayor zona de libre comercio del mundo al afectar a más de 700 millones de personas de ambas regiones.
La rúbrica se produce en un complejo contexto geopolítico que ha favorecido la unión entre los protagonistas: «En un momento de incertidumbre mundial y de creciente fragmentación, subraya el valor de la cooperación, el diálogo y las asociaciones internacionales. Ofrece grandes oportunidades en beneficio de todas las partes a través del refuerzo de la cooperación económica y geopolítica y en materia de sostenibilidad y de seguridad», apunta la representación en España de la Comisión Europea.
Las feroces protestas de los agricultores europeos desarrolladas en los últimos meses han puesto en serias dudas el apretón de manos que se ha producido en Asunción, ya que el sector primario entiende que sirve de moneda de cambio para que la UE haga crecer intereses industriales claves en Sudamérica como los automóviles, la maquinaria y los productos farmacéuticos.
«Dos regiones afines abren un nuevo capítulo de oportunidades para más de 700 millones de ciudadanos. Con esta asociación beneficiosa para todos, ambos saldremos ganando desde el punto de vista económico, diplomático y geopolítico. Nuestras empresas exportarán y generarán crecimiento y empleo. Nos apoyaremos mutuamente en nuestras transiciones limpia y digital. Y la señal para el resto del mundo es clara: la UE y el Mercosur eligen la cooperación frente a la competencia y la asociación frente a la polarización», celebró Von der Leyen.
El temor de los agrarios se sustenta en los diferentes estándares de producción a un lado y otro del océano Atlántico. El campo europeo clama contra una importación de productos agroalimentarios que, amparándose en unos costes laborales menores y una legislación más laxa en aplicación de fitosanitarios e impacto ambiental, provoque un hundimiento de sus precios en origen.
Esta presión ha causado el rechazo de Estados miembro como Francia, Austria, Irlanda, Polonia y Hungría, que al no alcanzar la minoría suficiente de bloqueo aspiran a que los europarlamentarios voten en contra de la ratificación final necesaria para que el trato eche a andar.
Defensores del pacto con Mercosur como Luis Planas, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, han insisto a medida que se aceleraban las negociaciones en las bondades que traería este acuerdo al campo, con los sectores del vino y del aceite de oliva como aspirantes a ampliar su negocio. Los viticultores se frotan las manos por su posible irrupción en Brasil, que con un arancel del 30 % a las botellas españolas representa el 75 % de las ventas de los caldos nacionales al bloque sudamericano.
El sentimiento en las producciones de vacuno, aves, arroz, miel, huevos, ajo, etanol y azúcar, consideradas por la propia UE como sensibles al tratado, es que la institución del viejo continente sacrifica su actividad en favor de hacer su industria. El campo acusa a la UE de primar los intereses de las potencias del norte de Europa sobre los del sur, donde la agricultura y la ganadería tiene mayor importancia, algo que ya se denuncia en referencia la entrada masiva de cereal desde Ucrania para apoyar al país en su guerra con Rusia.
La industria automovilística destaca como el principal vencedor del acuerdo con Mercosur. Los vehículos europeos pasarán de contar con un arancel del 35 % para acceder al mercado del bloque sudamericano a reducir su barrera de manera progresiva hasta llegar a cero.
En el lado opuesto se sitúa la ganadería continental, que siente que la apertura con Mercosur pone en jaque su actividad. Un ejemplo de ello es el informe El acuerdo de comercio entre la Unión Europea y Mercosur y su impacto sobre el sector vacuno de carne de España y de la UE elaborado por Diego Pazos, doctor en Economía Agraria, ganadero de vacuno de carne y experto de Agrispain Consulting and Trade –al que ha tenido acceso El Debate– cifra en 1.161,4 euros la diferencia de costes por tonelada de carne en canal producida entre la UE y Mercosur a favor de los ganaderos argentinos, uruguayos, paraguayos y brasileños.
La UE asegura haber previsto este tipo de situaciones con cláusulas de salvaguardia que se activarían cuando la importación de los productos sensibles mencionados aumente un 5 % o el precio de los mismos caiga ese porcentaje; sin embargo, y en consonancia con lo señalado recientemente por Javier Milei, presidente de Argentina, y Rubén Ramírez, ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, los países sudamericanos entienden que esas medidas han sido añadidas posteriormente y descartan equiparar sus métodos de producción a los estándares europeos.
El acuerdo requerirá la aprobación del Parlamento Europeo y la adopción de una decisión para su celebración por parte del Consejo, tras lo cual entrará en vigor. Las partes del pacto que van más allá de lo puramente comercial tendrán que ser ratificadas por los parlamentos de cada uno de los Estados miembros de la Unión Europea, un proceso que puede demorarse años. Los países reacios que se han quedado en minoría en el Consejo pueden así ejercer el veto desde sus Parlamentos nacionales, si bien el pacto se aplicará ya de manera provisional aunque no todos los países hayan completado ese paso.
Los datos del acuerdo UE-Mercosur
Según Von der Leyen, con el acuerdo, las exportaciones de la UE al Mercosur aumentarán en casi 50.000 millones de euros para 2040 y las del Mercosur, en cerca de 9.000 millones de euros.
La aprobación del acuerdo entre la UE y el Mercosur, pendiente del respaldo de la Eurocámara, dará lugar a la mayor zona de libre comercio del mundo al afectar a más de 700 millones de personas de ambas regiones.