Varias personas recogen manzanas en Galicia
La tormenta perfecta que machaca al campo: una fuerza laboral envejecida y la asfixiante presión regulatoria
Un informe alerta de los peligros que pueden debilitar la posición de referencia del sector primario Español en la escena internacional
España despunta como una de las grandes potencias agroalimentarias de la Unión Europea (UE). Este peso es más que apreciable en cifras, con una relevancia del 11,5 % del empleo nacional y del 8,6 % del PIB, aunque uno de los grandes valores de las actividades agrícolas y ganaderas reside en su función para fijar población y construir tejido económico precisamente en lugares con menos opciones.
Esta virtud de los trabajos del campo, que además permiten abastecer a los ciudadanos y garantizar la soberanía alimentaria de los países –tan mentada en el complejo contexto geopolítico mundial–, se ve expuesta ante «los constantes shocks comerciales» que comprometen esta posición de fortaleza de España.
Así lo advierte el informe Desafíos del Sector Agroalimentario en España elaborado por Instituto MESIAS - Inteligencia de Marca España en colaboración con la Universidad CEU San Pablo, donde los autores, Marta García Outón, codirectora de la Cátedra MESIAS de Innovación, Tegnología y Transformación Digital, y José María Cubillo, director del Instituto MESIAS, inciden en que las robusteces agroalimentarias nacionales están en riesgo por «una tormenta perfecta» de inconvenientes.
El documento alerta de la amenaza que representa para los agrarios factores como el envejecimiento de la fuerza laboral o el exceso de burocracia. «El envejecimiento de la población activa no solo pone en jaque la producción, sino que actúa como un freno para la adopción de tecnologías disruptivas. Este déficit generacional coincide con una creciente presión regulatoria y una fragmentación de la innovación que dificultan la transición hacia una economía más sostenible», precisa el estudio.
El análisis ensalza la relevancia de España como un gigante agroalimentario, con unas exportaciones por encima de los 75.000 millones de euros–el 19,5 % del total de las exportaciones españolas– y entre los cinco productores mundiales en categorías estratégicas como aceite de oliva, vino, aceitunas, trufa y almendras; sin embargo, señala que «en un mercado global hipercompetitivo, la falta de una base laboral joven y tecnificada compromete la capacidad de respuesta».
Esta debilidad se desprende de un reto estructural que arrincona a los agrarios españoles: el 37,6 % de los que se dedican al campo tiene más de 50 años, por lo que el informe destaca la urgencia de atraer talento con proyección que permita mejorar la productividad a través de la innovación.
«Hoy, España compite con mercados que operan con costes más bajos y estrategias de marca mucho más agresivas, lo que exige una respuesta coordinada y estratégica a nivel nacional para mantener su ventaja competitiva», apuntan los autores, que ahondan en la necesidad de que el sector agroalimentario avance hacia un modelo de innovación respaldado por una mayor financiación y el fortalecimiento de ecosistemas territoriales.
«La estrategia de futuro debe apoyarse en la colaboración público-privada como motor de competitividad, reconociendo que la calidad del producto por sí sola ya no garantiza el éxito internacional, y potenciando la capacidad científico-técnica y el valor del origen nacional», subraya García Outón.
La modernización y gestión de talento que recomienda Desafíos del Sector Agroalimentario en España ha de orientarse, según Cubillo, a partir del refuerzo de la estrategia de marca-país para mejorar la percepción de calidad y diferenciación. El director del Instituto MESIAS añade que el éxito de este plan de diferenciación pasa por la capacidad de articular una visión-país que unifique la reputación y la estrategia internacional en un proyecto común, protegiendo así la resiliencia de un sector vital para la economía española.
«Si España consigue articular estas estrategias de manera integrada, podrá proteger su liderazgo exportador y reforzar la resiliencia de un sector clave para la economía nacional, evitando que la competencia global erosione su posición», concluye la investigación.