Un tractor arroja purines al campo

Un tractor arroja purines al campoEuropa Press

El afán regulador de la UE con el ajuste en frontera descoloca a los importadores de fertilizantes

La sensación en las explotaciones es que el mecanismo ha generado un dumping climático que ha castigado a los agricultores europeos

El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM por sus siglas en inglés) funciona actualmente en la Unión Europea (UE) con el objetivo de lastrar a las industrias emisoras de gases efecto invernadero del viejo continente que trasladan su actividad a terceros países para evitar la normativa continental.

Esta medida, cuyo período transitorio finalizó el 31 de diciembre de 2025, está en vigor desde el primer día de 2026 y su efecto ha sido inmediato.

Según ha publicado la Comisión Europea, la UE importó 179.877 toneladas de fertilizantes nitrogenados en enero de 2026, frente a las 1.183.728 toneladas del mismo mes del año anterior. Este hundimiento del 80 % en las compras se asocia al encarecimiento por la entrada del CBAM, que ha provocado que los importadores de fertilizantes anticiparan sus planes a noviembre y diciembre –lo que dejado una factura de 1,8 millones de toneladas por encima de lo habitual en el total de los meses mencionados–.

La imposición de la UE con el ajuste en frontera se ha rechazado en todo momento desde las explotaciones, y más aún cuando se aproximaba su puesta en marcha, en un contexto de encarecimiento de los costes de producción y, en particular, de los fertilizantes. Este marco, con el que se esperaba un un impacto de entre 40 y 100 euros por hectárea para algunos cultivos, dependiente de la tipología y del nivel de fertilización, cambiaba por completo cuando la Comisión –con el objetivo de obtener el visto bueno del Consejo sobre el acuerdo con Mercosur– rectificó sobre el CBAM.

La negociación clave para evitar que Italia se uniese al bloqueo planteado Francia, Austria, Irlanda, Polonia y Hungría, además de añadir 45.000 millones de euros del presupuesto reservado a la PAC (Política Agraria Común), dejaba un trato para cancelar el CBAM, por lo que una vez quede aprobado el paquete en cuestión la ley se aplicará de forma retroactiva y se devolverán los pagos correspondientes a las empresas que hayan pagado el ajuste en frontera.

Es decir, la herramienta implementada por la UE que ha dejado un desplome en las importaciones de fertilizantes y una desestabilización en los mercados al generar comportamientos anticipatorios se revertirá una vez se apruebe su rectificación. Esta promesa de la UE no ha calado entre los importadores, que mayoritariamente han optado por anticipar sus compras de fertilizantes, evitar pagar el ajuste en frontera y no tener que esperar a la retroactividad de la norma para recuperar el impuesto pertinente.

Los agrarios condenan el afán regulador de la UE, a la que acusan de insensatez por legislar sin calcular consecuencias para posteriormente retroceder al constatar la realidad. Copa-Cogeca, la organización europea que agrupa las cooperativas y entidades agrarias, lamentó advirtió que la entrada en funcionamiento del ajuste en frontera, «sin las garantías técnicas necesarias, ni la preparación del mercado, perturbaría los flujos de suministro y aumentaría los costes para los agricultores europeos».

La sensación en las explotaciones es que el mecanismo ha originado un dumping climático que ha castigado a los agricultores europeos y desincentivado la producción en el viejo continente. La maniobra, que por el momento ha significado una caída en las importaciones de fertilizantes del 80 % en enero, se neutralizará próximamente; por lo que esta cascada de reglas de la UE que tanto reprochan los agrarios quedará «en nada» después de crear una importante incertidumbre para el sector.

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