Dos galgos persiguen a una liebre

Dos galgos persiguen a una liebreX / @MarkDeReborn11

La kilométrica persecución sobre la nieve de dos galgos a una libre grabada desde el aire

El campo se presenta totalmente abierto, lo que plantea desventajas para la potencial víctima

Una carrera trepidante. Agilidad, vértigo, desesperación y astucia. Todas estas características salen a relucir en la impresionante persecución de dos depredadores tras su presa.

Una liebre, en minoría y acosada por dos galgos, percibe la llegada de los canes y rompe a correr por su supervivencia en plena naturaleza.

La escena, en un entorno nevado que da mayor dimensión a la fuga, es captada desde las alturas por un dron que sigue con precisión el incesante zigzagueo de la liebre.

La distancia larga se demuestra como la gran baza de los galgos, que aprovechan su mayor zancada para devorar metros al lepórido; sin embargo, el conocimiento de sus fortalezas y debilidades permiten a la liebre esquivar los primeros envites.

La liebre es consciente de que los galgos son más rápidos, aunque también de su capacidad para girar en menos metros. Los brincos de la presa le permiten un radio de giro considerablemente inferior, por lo que cada vez que uno de los galgos se encuentra a escasos centímetros de su parte trasera dibuja un ángulo minúsculo para dejar atrás a los perros.

La víctima del hostigamiento saca partido de los obstáculos de la naturaleza para ganar espacio, pero esto no frena a los galgos, que insisten en dar caza a la liebre.

La velocidad e inteligencia de la liebre concede una ventaja que se antoja casi definitiva para su supervivencia. El pequeño mamífero 'vuela' hacia una valla por la que pretende colarse, lo que dejaría a los perros fuera de la batalla, pero no hay espacio suficiente y la lucha continúa.

Los dos galgos se percatan inmediatamente del error de la libre y consiguen acercarse más que nunca al botín. Después de cruzar un tramo de agua congelada, uno de los perros lanza un ataque a la liebre, que sale airosa y vuelve a utilizar la vegetación para agrandar su margen.

Más de un minuto después, la caza –muy probablemente ya kilométrica– sigue. Los galgos rondan a la liebre, que entre saltos y regates que significarán la vida o la muerte, recupera un hueco determinante.

El campo se presenta totalmente abierto, lo que plantea desventajas para la potencial víctima, que con un acelerón descomunal deja atrás a uno de sus perseguidores.

La salvación se aproxima para la liebre, que en plena recta destroza al último perro con un ritmo infernal. El depredador tropieza mientras la liebre, que lleva cerca de tres minutos al límite, se sale con la suya y escapa definitivamente entre la maleza.

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