La verdadera historia del urogallo español

El vacío de vigilancia aumentó muchísimo la matanza furtiva por carne. Era muy tradicional, tanto en la cordillera Cantábrica como en el Pirineo, hacer urogallo estofado en las celebraciones de los pequeños pueblos. Y además, como lo he comido bastantes veces en Suecia y en Rusia, diré que bien macerado y oreado es un manjar.

Urogallo

UrogalloEuropa Press

Hoy vamos a contar la increíble y triste historia del Urogallo español. Me voy a centrar más en población cantábrica, pues es la que más conozco. Como siempre los urbanitas y los ecologistas y anti caza echaron la culpa a los cazadores de la reducida población que quedaba sobre 1976. Hábiles como son consiguieron que se prohibiese su caza legal, controlada y deportiva.

Porque la matanza furtiva, no la llamo caza, de gallos por su carne, siguió exactamente igual. La caza deportiva buscando unas docenas de machos viejos y que ya habían cumplido su ciclo vital y reproductor, podría haber ayudado a una mejor conservación de la especie.

La prohibición de la caza del urogallo en España

La controversia sobre los motivos que llevaron a cerrar la caza de este apasionante pájaro en España son muchas y variadas. Veamos.

Lo primero que pretendo hacer notar es, que al igual que muchos otros animales del mundo, precisamente donde hoy se caza legalmente el urogallo es donde las poblaciones están en evidente expansión. En Austria, Bulgaria, Rumanía, Suecia, Finlandia y no digamos Rusia, está perfectamente permitida y regulada su caza. Quedan miles de Urogallos, totalmente ajenos al peligro de extinción.

El declive de la especie en España, no tuvo nada que ver con que se cazara una pequeña cantidad de machos adultos al año. Inmediatamente el cazador legal y deportivo busca siempre el macho mas viejo, pues es el que más plumas tiene en su cola. Este viejo animal es inmediatamente sustituido por otro ejemplar joven y de este modo continuar el ciclo reproductor.

Entonces ¿qué pasó en España?

La disminución del urogallo en España creo que tuvo más que ver con otros motivos totalmente ajenos a la caza deportiva. Primero citaría la tremenda expansión de los jabalíes que ocurrió en España en la década de 1970. Estos suidos destruyen los nidos con su increíble olfato, pues como gallinácea, pone sus huevos en un somero nido en el suelo. De hecho en los países donde hoy abunda el urogallo, sus poblaciones son inversamente proporcionales a la densidad de jabalíes.

Urogallo en un árbol

Urogallo en un árbolCedida

También el aumento desmesurado de los zorros y aves rapaces, por las numerosas trabas que a partir de esos años se puso a la supresión de alimañas. Si el urogallo anidase en lo alto de un abeto se libraría del acoso de zorros y jabalíes. Pero seguiría estando al alcance de cualquier rapaz o mustélido como ginetas, garduñas o hurones, que suben a un árbol sin ninguna dificultad. Y bien sea huevos o pollos son un excelente manjar para estas antiguamente llamadas alimañas y hoy elevados casi a la categoría de santos de la cristiandad.

Más triste aun es que una vez que se prohibió la caza legal, los guardas de las reservas y cotos nacionales donde se cazaban, dejaron de subir a los cantaderos a localizar machos. Este vacío de vigilancia, aumentó muchísimo la matanza furtiva por carne. Era muy tradicional tanto en la cordillera Cantábrica como en el Pirineo, hacer urogallo estofado en las celebraciones de los pequeños pueblos. Y además como lo he comido bastantes veces en Suecia y en Rusia diré que bien macerado y oreado es un manjar.

Al no subir los guardas de caza, porque ya no se cazaba, los furtivos campaban a sus anchas. Y mataban machos jóvenes y hembras sin miedo a encontrarse con un guarda del ICONA debajo de un árbol, en un cintadero y a las 4 de la mañana.

Y entonces llegó el turismo Rural

Por otro lado en aquellos años se produjo un boom del turismo rural, deportes de outdoor, quads, bicicletas de montaña, todo terrenos, motos…. Se abrieron caminos y acceso de la población «urbanita» y totalmente ignorante de la naturaleza y sus reglas.

Esto produjo una continua proliferación de turistas y paseantes en las zonas en que antes campaban en total «soledad» los urogallos y que solo visitábamos ocasionalmente y un mes al año los guardas, pastores y cazadores.

Esto conlleva una continua molestia a los gallos, por gentes ruidosas y poco respetuosas con la naturaleza. El urogallo, que es muy tímido por naturaleza, necesita tranquilidad y silencio para que las hembras entren en celo. Por el acceso de estas masas urbanitas, que entienden poco de campo, gritan, e incluso llevan aparatos de música por el monte fueron nefastos para el gallo. Sufrieron un stress que dificulta su reproducción y que sin duda, ha colaborado a su reducción.

Cómo es el «mágico» canto del urogallo

El canto del urogallo desde lo alto de un árbol, que suele ser el más alto de la zona, tiene por objeto marcar un territorio del cual se considera amo y señor. Su objeto es evitar la entrada de ningún otro macho en celo. Además atrae a las hembras, que apeonarán hasta que las tiene debajo del árbol. En ese momento, que se suele producir justo al amanecer, el urogallo baja del árbol y empieza una especie de danza alrededor de la gallina elegida alternando cantos y saltos. Después de esta danza se suele producir el apareamiento.

El canto nupcial se descompone en tres fases: la primera, se conoce por «goteo» que recuerda al sonido de las gotas de agua cayendo en un bosque. La segunda se llama «taponazo» pues suena exactamente como el ruido de descorchar una botella de champán. La última fase, los alemanes y austriacos, auténticos maestros de la caza en celo, la denominan schleifen, ya que es un sonido que recuerda a un «afilado o chirrido» Esta esta última fase que no dura más de 3 ó 4 segundos después del «taponazo».

Cuál podía ser la solución para el urogallo

Pues es muy difícil. Hoy es imposible prohibir el, tan de moda, senderismo y actividades outdoor. También es imposible volver a autorizar la caza de rapaces. Creo que autorizando la caza legal y deportiva de unas docenas de machos viejos, que permitirían controlar el furtivismo mediante una guardería eficaz cuyos sueldos se pagarían con las tasa de las licencias. A la vez esta guardería podría explicar a la gente que en el monte el silencio es el que manda. Y de nuevo la caza controlada, deportiva y con cupos bien estudiados, tal vez podría de nuevo salvar una especie de la extinción

Roque Armada es director de Armada Expediciones y de la Escuelas de Tiro de Trofeo e Iberalia TV

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