Andrés Góngora, secretario general de COAG, durante una entrevista en la redacción de El Debate

Andrés Góngora, secretario general de COAG, durante una entrevista en la redacción de El DebateThorun Piñeiro

Entrevista | Nuevo secretario general del sindicato

Andrés Góngora (COAG): «Lo de la UE con Marruecos es vergonzoso en lo comercial y ridículo en lo político»

El agricultor almeriense conversa con El Debate tras ser elegido como máximo dirigente de la organización profesional agraria

Ser agricultor nunca fue una elección para Andrés Góngora (Níjar, 1977). No lo decidió, simplemente hizo lo mismo que sus padres, sus abuelos y todos los antepasados hasta los ha llegado a indagar.

La relación con la producción de alimentos, el arraigo a la tierra y convertir las frutas y hortalizas en un modo de vida es parte del recién elegido secretario general de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) desde que nació. Lo que sí decidió Andrés Góngora es dedicarse a los tomates y a hacer camino en el sindicalismo agrario, aunque en cierto modo, lo segundo también le cayó de cuna: «Mis padres ya eran miembros de la organización en Almería y los primeros recuerdos que tengo de COAG es asistir a asambleas con apenas 14 o 15 años. En el pueblo no pasaban muchas cosas, por lo tanto una asamblea de la COAG era un acontecimiento».

Esas reuniones fueron la semilla de lo que ahora es una figura clave para representar a los agricultores y ganaderos ante las instituciones políticas tanto en España como en Europa. La voz de Góngora ha ganado autoridad en los últimos años entre los agrarios gracias a su insistente lucha –tal es esta que incluso sus protestas le han llevado al calabozo– contra algunas de las causas que más discordia generan en el campo y que ahora sientan las bases de su mandato al frente de una de las grandes organizaciones profesionales agrarias del país: la competencia desleal, los acuerdos comerciales con terceros países o la defensa de la agricultura familiar.

–Después de más de 20 años como secretario provincial y cinco en la Comisión Ejecutivo de COAG, ¿qué expectativas tiene para su mandato al frente de la organización?

–Esta asamblea celebraba el 50 aniversario de COAG, no solo la renovación de la ejecutiva, que todo hay que decirlo creo que nos ha quedado bastante apañada, como decimos en Almería. Asumir la responsabilidad de una organización con 50 años de trayectoria da un poco de vértigo, pero el compromiso es que siga siendo la organización que es hoy. Para mí es muy importante el concepto de independencia, es necesario. Nos debemos exclusivamente al interés de agricultores y ganaderos socios de la organización. Miramos siempre a los que tenemos detrás, nunca a los que se nos sientan enfrente.

No negamos la necesidad de una interlocución, creo que tenemos que fortalecerla más allá del Ministerio de Agricultura. El sector agrario genera más de 700.000 puestos de trabajo directos y eso es entidad suficiente para tener una interlocución estable con otras carteras como el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco). Además, queremos defender el concepto de agricultura y ganadería, que en este país se ha denostado en muchos casos y se ha concebido como algo inferior. Uno de los logros de COAG es que esa visión haya cambiado y socialmente no se nos ve como un sector de burras y boinas, pero queda mucho por hacer y necesitamos que la sociedad nos entienda y comprenda la necesidad de tener un sector agrario potente y saneado. Si se empatiza con la sociedad, el político lo pasa peor porque nuestras reivindicaciones llegan mejor.

–¿Cuáles son los principales problemas que afrontan en estos momentos los agricultores y ganaderos?

–El campo siempre pasa por problemas, pero tengo muy claro que está mejor que en España está mejor que nunca. Seguramente alguno pensará que es una tontería, pero el campo español es el mejor que ha habido en la historia: tenemos la agricultura más novedosa, moderna y segura, pero eso no quiere decir que no tenga problemas coyunturales y estructurales. En lo coyuntural, la crisis de los fertilizantes y los conflictos internacionales nos han golpeado con fuerza. La subida de costes de producción, que se sitúa en torno al 60 % en algunos sectores, es un disparate que genera estrés económico en las explotaciones. Las ayudas son bienvenidas, pero han sido insuficientes prácticamente desde el primer día. También nos preocupa lo relacionado con cuestiones fitosanitarias, sanidad animal y plagas, y es algo que se va a convertir en estructural.

Tengo el orgullo de haber pisado el calabozo por situaciones derivadas de manifestaciones agrarias

El problema estructural más grave es el relevo generacional. Si no se atiende con urgencia, nos quedaremos sin agricultores y ganaderos, aunque siga habiendo agricultura. Reclamamos políticas de incorporación que vayan más allá de una simple ayuda. Para incorporar jóvenes es fundamental dar certidumbre al sector. Nadie quiere entrar en un negocio donde no sepa cuánto va a ganar o si podrá mantener a su familia. Esto implica trabajar en la formación del precio y en modernizar las explotaciones para hacerlas más competitivas y resilientes. Lo vimos en Andalucía y Extremadura: quienes tenían explotaciones actualizadas soportaron mejor el ciclo de borrascas del inicio de 2026. La gran batalla es el precio; mientras la UE (Unión Europea) –con el apoyo de algunos Estados miembro como España– siga con el proceso de liberalización comercial y acuerdos preferenciales, la formación de precios será incierta. Necesitamos controlar las importaciones de terceros países para tener un mercado ordenado.

–¿Cómo valora las políticas que afectan agrarias que se han implementado desde la UE en los últimos tiempos?

–A veces cuesta entender las decisiones de Bruselas y si realmente piensan en el sector agrario y la alimentación. La próxima reforma de la PAC (Política Agraria Común) nos preocupa, pero es que hay conceptos que se ordenan desde la UE que nos condenan. El proceso de liberalización comercial con acuerdos con terceros países no garantiza una alimentación más barata para la sociedad. Creo que hemos ganado el relato con el consumidor y sabe que necesitamos garantizar el abastecimiento mediante la producción propia, pero quien dirige el barco en Bruselas parece no darse por aludido o tiene otros intereses que presionan para hacer lo contrario. No hacer políticas que garanticen la soberanía alimentaria en un escenario global de conflictos es pegarse un tiro en el pie.

–Estas decisiones que favorecen otras industrias en detrimento del potencial agrario se orquestan desde países de la UE en los que el campo tiene menos peso. ¿Entienden que el Gobierno de España sea uno de los primeros Estados en apoyarlas?

–Los países con industria deberían saber que los tornillos, por mucho que se guisen, no se ablandan y no se comen. Lo que no se entiende de ninguna manera es que, en países como España, en los que la industria está basada en la agricultura, no se posicione a favor de proteger el mercado interior.

El proceso de liberalización comercial con acuerdos con terceros países no garantiza una alimentación más barata para la sociedad

Los agricultores no conseguimos nada con los acuerdos comerciales con terceros países porque no se juega con las mismas reglas, por mucho que lo repita el ministro Planas. La moneda de cambio siempre es el sector agrario. No rechazamos el comercio, solo estamos en contra de competir con distintas reglas. COAG forma parte de Vía Campesina, una organización internacional, y comprobamos que, en esos terceros países, los agricultores tampoco mejoran; lo que ocurre es que fondos de inversión deslocalizan capital para producir allí y traerlo a la UE. El ejemplo más claro es el acuerdo con Marruecos, que es vergonzoso tanto por la parte comercial como por el ridículo político que hacemos.

–COAG se asocia históricamente a la izquierda. ¿Cuál es la posición política de organización y cómo es la relación con el ministro de Agricultura Luis Planas?

–Se tiende a pensar que lo que suena a sindicato es de izquierdas. Nuestra organización es progresista, pero no se pide el carné a nadie y es independiente. Mi empeño es que no quede duda de que aquí cabe todo el mundo. Defenderemos políticas de izquierda o derecha según afecten al modelo que representamos. No discutimos de ideología, sino de modelo: una agricultura familiar, moderna, profesional y social. La relación con el Ministerio tiene que ser buena y reivindicamos un marco de interlocución sano y estable basado en la confianza. El ministro Planas debe entender que podemos confrontar y acordar, esa es la base de la democracia.

–En los últimos años ha habido varias manifestaciones masivas en las que se ha evidenciado el apoyo social al campo. ¿Esa presión tiene un efecto real en la política?

–Las movilizaciones funcionan. He organizado muchísimas y tengo el orgullo de haber pisado el calabozo por situaciones derivadas de estas protestas. El activismo es fundamental, pero debe estar bien organizado. Los movimientos individuales llevan a la frustración. En COAG, el que quiera defender el campo aquí tiene su trinchera, los que estén buscando hacer política no van a encontrar por donde entrar aquí.

Andrés Góngora, secretario general de COAG, durante una entrevista en la redacción de El Debate

Andrés Góngora, secretario general de COAG, durante una entrevista en la redacción de El DebateThorun Piñeiro

Las acciones sirven, pongo ejemplos claros: pararon el reglamento de uso sostenible de fitosanitarios que era una barbaridad. También, las protestas de Bruselas en febrero llevaron a modificar el marco presupuestario europeo que recortaba casi 9.000 millones de euros. La unidad de acción es clave, cuando te pones delante de un ministro en unidad de acción, es más difícil que te lleven la contraria.

–Para terminar, después de varias generaciones de agricultores en su familia, ¿le recomendaría a un joven incorporarse al campo?

–Sí, sin ninguna duda, pero no todo el campo es igual. Conforme más conozco nuestro campo, admiro más a gente en algunos sectores, como los ganaderos de extensivo y agricultores de secano, que lo pasan muy mal por el clima.

A un joven le recomendaría mirar bien a qué sector del campo va y que busque una explotación lo más moderna y resistente posible. Y hay que asesorarse. Como agricultores tenemos prácticas culturales que se van heredando de unos a otros, que están bien y funcionan y te enseñan la profesión, pero hay que apoyarse en ingenieros agrónomos y ese colectivo que ha aprendido también en la universidad y traslada una información muy valiosa. A los que empiecen, que no desesperen, que busquen ayudan y que intenten hacer proyectos colectivos. Tan importante como producir es vender, por lo que antes de ponerte a cultivar o criar un animal hay que tener claro cómo vas a llegar al mercado. Para esto el cooperativismo y los movimientos asociativos son esenciales.

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