Bartolomé, el olivarero incendiado contra «los corbatines» de la política: «Mis hijos heredarán una ruina»
Bartolomé, el olivarero incendiado contra «los corbatines» de la política: «Mis hijos heredarán una ruina»
El productor señala que la realidad del campo es más compleja que nunca
La desesperación se apodera de la agricultura familiar, la de toda la vida, la que mantiene población en los territorios donde no hay mucha más opción que dedicarse al campo.
Las dificultades para obtener rentabilidad de las actividades agrarias cierran la puerta al relevo generacional y, en consecuencia, derivan en la pérdida de agricultores y ganaderos en el país.
Una de las quejas que más se repite desde estos entornos es la excesiva burocracia. Los agrarios critican que pasan más tiempo en los despachos que en el terreno y que la viabilidad ha pasado de depender de las condiciones climatológicas y la salud del mercado al complejo aprovechamiento que permiten las directivas ordenadas desde las instituciones.
Esta situación asfixia a los agricultores tradicionales, tal y como evidencia en una conexión con el programa En boca de todos de Cuatro Bartolomé, un olivarero que refleja el hastío del gremio.
«Manía le tengo a todos los corbatines. Llevamos ya casi 50 años de democracia y los agricultores y los ganaderos cada vez estamos peor», apunta Bartolomé en referencia a la clase política.
El productor de aceite de oliva señala que la realidad del campo es más compleja que nunca, aunque por factores añadidos por parte de los responsables políticos: «Ahora, para vivir de esto -lamenta mientras señala un olivo- tienes que hacer unas maniobras imposibles. Antes estaba contento pensando que le iba a dejar una herencia a mis hijos, pero les voy a dejar una ruina. ¡Una ruina!».
Bartolomé estalla a medida que avanza en su explicación. El agrario no cabe en sí de pensar que, lo que un día fue una de las grandes ilusiones de su vida y a la que ha destinado dinero y esfuerzo, puede ser una carga para sus herederos: «Por eso esta gorra va a ir para los corbatines», lamenta, al tiempo que patea la gorra utilizada tradicionalmente por los agricultores para protegerse del sol.
La sensación de presión desde la Administración hacia los productores es reprochada por Bartolomé, que concluye que con las reglas actuales es imposible seguir: «Ya no puedo tener olivos ni nada». El agricultor condena la hiperregulación: «¿Esto es contaminante? Que me vean los corbatines: ¡Esto es estiércol para los olivos!».
David Alemán, presentador de En boca de todos, pregunta a Bartolomé sobre quiénes son esos corbatines a los que se refiere el olivarero, que da fin a su intervención con otra crítica a los políticos, apodados por él como 'corbatines': «Todos los presidentes que ha habido. ¿Quién ha solucionado? Una democracia es que, el que gane, que mande, pero no que gane uno y que otro chiquitillo ayude a otro para gobernar. Eso es un robo».