Bandada de buitres en el campo

Bandada de buitres en el campoEuropa Press

Los buitres se comen al ganado vivo y no temen a las personas: «Tienen mucha hambre y están al acecho»

Los ganaderos exigen una actuación coordinada desde las instituciones para encontrar solución a una situación provocada por la alteración del curso habitual de la naturaleza

El avistamiento de un buitre siempre ha sido señal de mal agüero. La presencia de esta ave, tradicionalmente carroñera, anuncia que la muerte está de visita en la finca, y con ella una pérdida irrecuperable de tiempo, dinero y de la vida de uno o varios de los animales que sustentan las explotaciones.

El vuelo en círculos de estas rapaces de envergadura infinita marca a los ganaderos el lugar donde se encuentra el problema, aunque desde hace años las costumbres de los buitres han cambiado. Las bandadas se hacen notar ahora también a pie de campo, en los altos desde los que aguardan vigilantes a posibles presas a las que atacar con vida. Un simple gesto de debilidad es suficiente, y a veces ni eso es necesario. El hambre actúa por los buitres, que aparcan su condición de necrófagos para llenar un estómago huérfano de carne de rumiante y abalanzarse sobre vacas y ovejas.

«Los buitres tienen mucha hambre y están al acecho y preparados para, en cuanto una vaca esté un poco débil y no se pueda levantar, picarla hasta matarla. Son depredadores natos. Estamos hartos de ver bandadas de buitres detrás de las ovejas», apunta en conversación con El Debate Juan Luis Delgado, vicepresidente nacional de Asaja, responsable de vacuno de la organización y presidente de la delegación en Salamanca, provincia en la que se dan con más frecuencia estos ataques al ganado.

La realidad que sufren los ganaderos está muy lejos de lo que ordenan en este caso las instituciones. Los que pasan la mayor parte de sus horas entre pastos, encinas y retamas aprecian un cambio de comportamiento evidente en el buitre, que se pasea a escasos metros del humano sin complejo. «Los que no están en el campo no se imaginan cómo es un buitre. Cuando uno ve un buitre de cerca y aprecia sus dimensiones, se sorprende. Ves a los buitres comiendo y no te atreves a acercarte», indica Delgado, que precisa: «Los buitres han dejado de ser carroñeros porque no les queda otra».

Los ganaderos advierten de una variación clave en los buitres: desde principios de siglo, cuando surgió en España la conocida enfermedad de las vacas locas –la encefalopatía espongiforme bovina, los animales de la especie bovina, ovina y caprina que mueren en el campo son retirados por la Administración para su posterior incineración al considerarse su tejido MER (Material Específico de Riesgo).

«El buitre no tiene depredadores, se reproduce sin problemas y los únicos que pueden controlar su población para que no se desmadre somos las personas, pero la Administración hace lo contrario», explica el dirigente de Asaja, que traslada una sensación que predomina en las fincas. Los ganaderos transmiten que la Administración omite muchos de estos casos, ya que esta realidad que erosiona la rentabilidad de los ganaderos no se contempla y, por lo tanto, no existe un protocolo de actuación.

La normativa contempla excepcionalidades que permiten dejar cadáveres de los rumiantes mencionados en el campo y así servir de alimento para los buitres; sin embargo, al ser una medida a tomar de manera individual y no general, los ganaderos prefieren evitarla: «Si alguien recurre a esa excepcionalidad y el resto de los ganaderos del entorno no lo hace, su explotación se convierte en un punto de reclamo. Al establecer un muladar en tu finca sin que lo hagan más ganaderos, los buitres van a rondar siempre tu terreno», ahonda Delgado.

La preocupación de los ganaderos aumenta en la época de paridera. Los buitres aprovechan los partos que se complican para destrozar tanto a la vaca como a su cría, que se encuentra con la muerte cuando apenas ha llegado al mundo. «Desde hace años sufrimos ataques a vacas que están vivas y que mientras parían los buitres les han hecho un boquete y las han vaciado», lamenta el también ganadero, que exige una actuación coordinada desde las instituciones para encontrar solución para una situación provocada por la alteración del curso habitual de la naturaleza.

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