Una vaca junto a su ternero en España
Nerviosismo entre los ganaderos por la bajada de precios del vacuno: «Como mucho, no perdemos dinero»
El máximo histórico de precios marcado por el vacuno de carne una semana tras otra hasta la primavera forma parte, como dice el propio adjetivo, de la historia.
La tendencia alcista perpetuada durante meses por las lonjas ha roto con un desplome incesante en las cotizaciones consecuencia de la falta de movimiento de ganado.
Algunos de los principales mercados en los que España encontraba salida para sus vacas se han cerrado y el colapso ronda las explotaciones, con cada vez más animales y los precios en caída libre: «Los ganaderos están nerviosos porque ven que el margen de beneficio que manejaban en los últimos meses ha desaparecido», apunta en conversación con El Debate Juan Luis Delgado, presidente de Asaja Salamanca, vicepresidente nacional y responsable de vacuno de la organización.
El también ganadero explica que el perjuicio es especialmente sangrante para los agrarios que trabajan a volumen: «Los cebaderos están llenos y los animales salen muy poco a poco. Se producen cuellos de botella que devoran la rentabilidad en las fincas».
Las consecuencias de los focos de dermatosis nodular contagiosa (DNC) detectados en España se hacen sentir casi cinco meses después del último caso: «Destinos clave para el ganado vacuno, como Marruecos, se han cortado de golpe», lamenta Delgado, que señala a una maniobra de los industriales para aprovechar la coyuntura y así reducir los precios del bovino español: «La industria, tanto de España como del extranjero, utiliza la DNC para tirar de ganador de otros países, como Brasil, y así tirar para abajo del valor del ganado nacional».
El dirigente de Asaja ahonda en que este tipo de crisis de precios se perpetúa en el tiempo incluso cuando se ha recuperado la normalidad en los movimientos de ganado, ya que en ese momento los animales que no se han vendido han ganado kilos y perdido rentabilidad. «La previsión es que los mercados se recuperarán en septiembre, cuando se levantan las restricciones por la dermatosis nodular contagiosa. Tenemos confianza en que nuestras vacas recuperen presencia en el mercado, aunque mientras tanto, con esta situación, en el mejor de los casos no perdemos dinero», asevera Delgado.
Sequías, dolencias como la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE), la tuberculosis o el encarecimiento de los insumos tras el estallido de la guerra en Ucrania redujo en gran medida los márgenes en las fincas, lo que llevó a algunos ganaderos a reducir la cabaña para poder asumir las pérdidas y continuar con la actividad. Después de varios años de asfixia, los ganaderos de vacuno habían recuperado la fortaleza de sus negocios, al menos hasta este frenazo que zarandea sus intereses: «Hasta marzo se pensaba que los que se dedicaban al bovino ganaban mucho dinero porque las cotizaciones habían subido, pero la realidad es que ganaban lo que tenían que ganar para obtener un rendimiento aceptable y ahora las cosas están muy justas».
Según precisa Delgado, el recorte de precios deja un hundimiento difícil de rentabilizar. «Los terneros pasteros que se vendían a 1.400 euros en marzo, están a 1.200-1.150 euros, unos 200-250 euros más baratos. Esta diferencia es la que hay entre ganar un poco y perder dinero por trabajar», asevera el vicepresidente nacional de Asaja. El agujero es mayor en el ganado de más tamaño, con una diferencia de 1,5 euros por canal que deja un desplome de más de 500 euros para los añojos con 350 kilos.
«No tienen ningún sentido que un producto que vendes, por ejemplo a 2.000 euros, deje solo 20 o 50 euros de beneficio. Con todos los riesgos que se asumen no compensa», concluye Delgado, que confía en la recuperación de los mercados en septiembre para así romper con esta devaluación del ganado vacuno.