Trabajos con maquinaria agrícola
El máximo histórico del gasóleo agrícola destroza las cuentas del campo: «Producir alimentos ha de ser viable»
El acelerón en el precio del combustible se ha acentuado hasta cotas incompatibles con la viabilidad económica de las labores agrarias
La escalada en el precio del combustible va a más. El estallido de la guerra en Irán ha provocado un repunte incesante en los costes energéticos que erosiona la cuenta de resultados de los productores agrarios.
La importancia estratégica y la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 % del petróleo mundial, deja unas facturas inasumibles en las explotaciones agrarias, que enfrentan este encarecimiento desbocado en un momento clave para sus intereses.
El desembolso en gasóleo B –conocido como gasóleo agrícola– es imprescindible todo negocio agrario. Se trata de un gasto fijo y que no se puede eliminar para continuar en funcionamiento, por lo que el incremento acumulado en los últimos meses desequilibra la contabilidad de los agricultores y ganaderos.
El gasóleo agrícola ha alcanzado en la semana del 14 de septiembre su techo en varias ocasiones. Un día tras otro, el valor repunta y la fecha límite de la las medidas de apoyo impuestas por el Gobierno –30 de septiembre– se aproxima.
El acelerón en el precio del combustible se ha acentuado en las últimas semanas hasta cotas incompatibles con la viabilidad económica en el campo, no solo por las cuantías –impensables en un pasado reciente–, sino también por el momento en el que se produce.
El precio medio del gasóleo tipo B roza los 1,70 euros por litro en España, máximo de la serie histórica, mientras que en el informe semanal del Ministerio de Agricultura perteneciente al 23 de febrero, justo antes del estallido del conflicto bélico el Oriente Medio, se situaba a 0,96 euros por litro.
«El campo no puede afrontar el nuevo curso agrario con unas ayudas que no cubren ni la mitad del sobrecoste. El Gobierno tiene que actuar ya, antes de que el problema se convierta en una crisis de producción y de inflación alimentaria», solicita COAG.
El alza de los combustibles salpica a todos los sectores de la sociedad, aunque el impacto entre agricultores y ganaderos es mucho mayor, ya que los volúmenes empleados para las labores agrarias son considerablemente superiores a los usos domésticos.
Una hora de trabajo en un tractor estándar de 100 CV requiere la utilización de unos 15 litros de gasoil, lo que según el precio del gasóleo agrícola del 23 de febrero de 0,96 euros por litro colocaba el coste en 14,4 euros la hora; con la referencia actual, 1,694 euros por litro de gasóleo B, esta cifra se dispara hasta los 25,41 euros por hora, lo que supone un aumento del 76,46 % en menos de siete meses.
Las organizaciones profesionales agrarias señalan que el problema llega en un momento clave, con la siembra de cereal de otoño está a las puertas: «Los altos precios del combustible ponen en riesgo la rentabilidad de las labores de preparación del terreno y siembra», lamentan desde COAG.
Según los resultados provisionales de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE) 2025, España cuenta con cerca de 4,93 millones de hectáreas de cereales de grano en secano, sobre un total de 5,746 millones de hectáreas de cereales.
«Estamos hablando de millones de hectáreas y de una campaña que empieza ahora. Si el agricultor no puede asumir el coste de sembrar los tractores se quedarán en las naves y el impacto no se queda en el campo: afecta a la producción de cereal, a la alimentación animal y a toda la cadena agroalimentaria», ha advertido Andrés Góngora, secretario general de COAG.
Asaja reclama al Gobierno una vigilancia efectiva de la formación de los precios y una explicación sobre la rapidez con la que las subidas del crudo llegan al surtidor. «España dispone de reservas estratégicas y existencias de seguridad equivalentes a 92 días de consumo, por lo que consideramos necesario conocer cómo se está produciendo esa inmediata traslación de precios», se preguntan los agricultores, que reprochan que una parte muy importante de este precio corresponde a impuestos.
«El campo no puede seguir absorbiendo nuevas subidas de costes (...) Producir alimentos en España tiene que seguir siendo viable», exige Asaja, que aboga por una reducción inmediata de la fiscalidad sobre los carburantes de uso profesional y la activación de medidas de compensación para agricultores y ganaderos.