Secadero de jamones de Jabugo.

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Los aranceles no detienen al coche chino, pero derriban al cerdo español

Las marcas chinas ya acaparan el 25 % de los eléctricos puros pese a las tasas de Bruselas mientras las ventas de porcino a China caen un 34 %

Los aranceles impuestos por la Unión Europea para poner coto a los eléctricos chinos no han conseguido frenar su avance en España. Sí han provocado, sin embargo, una represalia de Pekín contra una de las principales industrias exportadoras españolas: el porcino, cuyas ventas a China se han desplomado un 34 % en el primer trimestre del año.

En junio de 2024, Bruselas anunció la imposición de aranceles provisionales y China respondió apenas cinco días después abriendo una investigación antidumping contra el porcino europeo, una medida que golpeaba especialmente a España al tratarse del principal proveedor europeo del gigante asiático.

Tres meses después, Pedro Sánchez viajó a Pekín y, tras reunirse con Xi Jinping, pidió a la Comisión que reconsiderara los aranceles al coche eléctrico. «No necesitamos una guerra comercial, necesitamos tender puentes», aseguró entonces el presidente del Gobierno. La petición cayó en saco roto, ya que la UE acabó imponiendo los aranceles al coche eléctrico, mientras que China hizo lo propio con el porcino, al que aplica desde diciembre de 2025 derechos de entre el 4,9 % y el 19,8 %.

China era todavía en 2025 uno de los mercados más importantes para el porcino español. España exportó al gigante asiático cerca de 1.000 millones de euros durante el conjunto del año, alrededor del 12 % de todas las ventas exteriores del sector.

La situación, sin embargo, se ha deteriorado en el primer trimestre de este año. Entre enero y marzo, las exportaciones de porcino a China cayeron un 34,2 % en valor y un 19,9 % en volumen respecto al mismo periodo del año anterior, lastradas por la entrada en vigor de los aranceles, la peste porcina africana y la creciente autosuficiencia del mercado chino.

Se trata de un ejemplo de la llamada «represalia selectiva». «No es necesario que la respuesta tenga un gran impacto sobre el conjunto de la economía europea para que resulte políticamente relevante. Basta con que concentre un coste importante sobre determinados sectores, regiones o países», explica la economista Judith Arnal en un reciente informe publicado por Fedea.

La investigadora señala que este tipo de medidas puede dar a China «una palanca de presión» sobre los Estados miembros cuando deben posicionarse ante las iniciativas europeas. No determina necesariamente su voto, matiza el informe, pero sí modifica los costes que cada país debe valorar.

En España, el impacto sobre el porcino está además muy concentrado a nivel regional. Cataluña reúne alrededor del 42 % de la producción, Aragón supera el 20 % y Castilla y León ronda el 12 %. Las tres comunidades suman cerca de tres cuartas partes de la producción nacional, lo que convierte una represalia con escaso impacto sobre el conjunto de Europa en un problema especialmente sensible para determinadas regiones españolas.

Lo grave del asunto es que, lejos de desaparecer del mercado español, los automóviles chinos han continuado ganando presencia a pesar de los aranceles. Las importaciones de vehículos procedentes del gigante asiático crecieron un 32 % durante 2025, hasta los 4.600 millones de dólares, mientras que entre enero y julio de este año las marcas chinas ya acapararon el 25 % de las matriculaciones de eléctricos puros en España. Por ahora, la guerra arancelaria no ha frenado al coche chino, pero el jamón español ya está pagando parte de la factura.

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