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Las gatas fueron confinadas en pequeñas cajas como parte de su entrenamiento

Gatos del proyecto realizado por el Cerma francés, con Félicette a la izquierdaCerma

Ciencia

La triste historia de Félicette, el primer felino que consiguió viajar al espacio

Tenemos que retroceder a la década de 1960, cuando Francia puso en marcha un proyecto centrado en estudiar cómo el aparato vestibular sensible de estos animales reaccionaría a la gravedad del espacio

Desde que tenemos uso de razón, la exploración del espacio se ha convertido en una de las máximas aspiraciones del ser humano. Para poner las primeras piedras en esta larga travesía, las principales agencias y expertos depositaron su confianza en distintos animales, que se convirtieron en los grandes pioneros del universo. Desde ratones y moscas hasta perros y monos, estos intrépidos viajeros enfrentaron la ingravidez y la radiación cósmica, convirtiéndose en los héroes silenciosos de la exploración espacial.

Con la llegada de los primeros experimentos espaciales en la primera mitad del siglo XX, ratas, ratones y moscas de la fruta fueron algunos de estos primeros viajeros. Su reducido tamaño los hacía ideales para estudiar los efectos y consecuencias de la radiación y la ausencia de gravedad en organismos vivos.

Postal de la astronauta canina soviética, Laika

Postal de la astronauta canina soviética, LaikaWikipedia

Con la cada vez mayor modernización de los programas espaciales comenzaron a mandarse animales más grandes y complejos. Por ejemplo, durante la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, perros y monos acapararon las distintas noticias espaciales. La famosa perra Laika, enviada en 1957 a bordo del Sputnik 2, fue utilizada para estudiar si un ser vivo podía sobrevivir al lanzamiento y la permanencia en órbita. De igual manera, monos como los del programa Mercury en EE.UU. permitieron estudiar respuestas como la frecuencia cardíaca y respiratoria en animales más cercanos a los humanos.

Otros animales, como gatos, conejos, ranas y peces, también fueron enviados al espacio por diferentes razones. Los gatos, por ejemplo, fueron parte de experimentos franceses en la década de 1960 para estudiar la orientación espacial y el equilibrio.

Dispositivo similar al usado para lanzar a la gata Félicette al espacio

Dispositivo similar al usado para lanzar a la gata Félicette al espacioAFP

Sin embargo, más allá de los hitos que protagonizaban, la realidad es que estos programas provocaron el sacrificio de numerosos animales. Sin ir más lejos, Laika falleció por estrés y calor en el Sputnik. Otro de los casos más llamativos fue el de Félicette –nombrada así en honor al personaje de dibujos animados 'Félix el Gato'–, una gata callejera que se convirtió en el único felino que ha viajado al espacio y regresaba con vida.

Tenemos que retroceder a la década de 1960, cuando los científicos del Centro Francés de Educación e Investigación en Medicina de Aviación (Cerma) pusieron en marcha este proyecto, centrado en estudiar cómo el aparato vestibular sensible de los felinos –fundamental para el equilibrio, la orientación espacial y el reflejo de enderezamiento– reaccionaría a la gravedad del espacio.

Foto de Félicette con los electrodos implantados en su cráneo

Foto de Félicette con los electrodos implantados en su cráneoAgencias

Félicette en su contenedor antes del lanzamiento

Félicette, el primer felino en ir al espacioArchival footage

Lanzada el 18 de octubre de 1963 en un cohete Véronique AG1, esta gata parisina consiguió sobrevivir a un vuelo suborbital de 15 minutos y 157 kilómetros de altura. Para ello, Félicette fue elegida de entre 14 gatos por su temperamento tranquilo y peso ideal, siendo entrenada en simuladores de alta centrifugadora y ruido de cohetes.

El peor de los finales

Desgraciadamente, al igual que la perra Laika, la historia de Félicette no tuvo un final feliz. Dos meses después del lanzamiento, el animal acabó siendo sacrificado para que los científicos estudiaran su cerebro y los efectos del viaje. A pesar de que durante mucho tiempo fue olvidada, a finales de 2019 se instaló una estatua de bronce en su honor en la Universidad Espacial Internacional en Estrasburgo, Francia.

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