La Artemis II en su viaje a la Luna
Los astronautas de Artemis II encienden el motor de Orión durante 43 segundos para ajustar la trayectoria
La maniobra permitió elevar el punto más bajo de la órbita de la nave, ajustando su recorrido mientras continuaba orbitando la Tierra
La tripulación de la misión Artemis II ha completado con éxito, al comienzo de su segunda jornada en el espacio, una de las maniobras previstas en la fase inicial del vuelo: la elevación del perigeo. Este procedimiento forma parte de los ajustes orbitales programados durante las primeras horas de la misión, según ha informado la NASA, y resulta clave para encauzar correctamente la trayectoria de la nave.
Tras un periodo de descanso de cuatro horas y después de solventar algunos contratiempos menores registrados tras el despegue, los astronautas retomaron la actividad. Entre estos incidentes se encontraban una interrupción parcial en las comunicaciones con la Tierra y un fallo en el sistema del inodoro de la cápsula Orión, ambos ya resueltos. La tripulación, integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, se despertó en torno a las 13.00 horas en España al ritmo de la canción ‘Sleepyhead’, interpretada por Young and Sick, antes de supervisar los sistemas de la nave durante el encendido.
La maniobra, que tuvo una duración de 43 segundos, permitió elevar el punto más bajo de la órbita de la nave. De este modo, se ajustó su recorrido mientras continuaba orbitando la Tierra, situando a Orión en una órbita terrestre elevada y estable. Esta nueva posición resulta fundamental, ya que queda alineada con la trayectoria que seguirá la nave en su camino hacia la Luna.
Una vez finalizada esta operación, los astronautas han regresado a un nuevo periodo de descanso, en esta ocasión de cuatro horas y media, antes de iniciar su primer día completo de trabajo en el espacio. Durante la segunda mitad de la jornada, uno de los objetivos principales será la realización de ejercicio físico. En concreto, deberán completar 30 minutos de actividad utilizando un dispositivo con volante de inercia, diseñado para mitigar la pérdida de masa muscular y ósea que provoca la ausencia de gravedad.
Este sistema de entrenamiento funciona mediante un mecanismo similar al de un «yoyó» y permite realizar tanto ejercicios aeróbicos, como el remo, como de resistencia, incluyendo sentadillas o peso muerto. La máquina ajusta la carga en función de la fuerza aplicada por los propios astronautas, pudiendo alcanzar un máximo de 181 kilogramos.
En paralelo, el equipo responsable de la misión tiene previsto reunirse para analizar el estado de los sistemas de la nave y, en su caso, autorizar la próxima maniobra clave: la inyección translunar. Este paso será determinante, ya que permitirá a la nave abandonar la órbita terrestre y poner rumbo hacia la Luna, en lo que supondrá el primer viaje tripulado de este tipo desde el año 1972.
La agenda de la tripulación para esta segunda parte del día será, según ha avanzado la NASA, más relajada, con tiempo reservado para la adaptación progresiva al entorno espacial. Asimismo, los astronautas participarán en una comunicación por vídeo con la Tierra, la primera de varias previstas a lo largo de la misión. Salvo en el séptimo día de vuelo, que será jornada de descanso, y en el día del regreso, se contempla que puedan realizar entre una y dos conexiones diarias.
El inicio de la misión no estuvo exento de dificultades. Poco después del lanzamiento del cohete SLS desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a las 00.35 horas de este jueves, se produjo una pérdida parcial de las comunicaciones. En concreto, los astronautas podían escuchar a los equipos en Tierra, pero estos no recibían las respuestas de la tripulación. Aun así, el problema fue subsanado sin mayores consecuencias.
Del mismo modo, también se logró restablecer el funcionamiento normal del sistema sanitario de la nave tras las primeras complicaciones registradas tras el despegue. Superados estos inconvenientes, la misión continúa conforme a lo previsto.
Los cuatro astronautas viajan a bordo de la cápsula Orión, que constituirá su espacio de vida y trabajo durante los aproximadamente diez días que durará la misión, a lo largo de un recorrido cercano a 1,1 millones de kilómetros. Mientras el módulo de tripulación sirve como área habitable, el módulo de servicio se encarga de suministrar los recursos esenciales, como agua potable, así como nitrógeno y oxígeno necesarios para garantizar la supervivencia de la tripulación.