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El cosmonauta de Roscosmos, Sergey Kud-Sverchkov, durante la caminata espacial del 27 de mayo

El cosmonauta de Roscosmos, Sergey Kud-Sverchkov, durante la caminata espacial del 27 de mayoNASA

Ciencia

La EEI como laboratorio extremo: la salud humana bajo presión en cada salida al espacio

Este miércoles, los cosmonautas de Roscosmos, Sergey Kud-Sverchkov y Sergei Mikaev, realizaron una caminata espacial fuera de la Estación Espacial Internacional (EEI). Durante algo más de seis horas, Kud-Sverchkov y Mikayev completaron sus objetivos principales, entre ellos, recuperar dos experimentos científicos terminados e instalar uno nuevo.

Retiraron un estudio de microorganismos del exterior del módulo Poisk y recuperaron una cinta del módulo Nauka con datos sobre la formación de materiales semiconductores en microgravedad. La tripulación también instaló un dispositivo en el módulo de servicio Zvezda para medir las ráfagas de radiación solar provenientes de erupciones solares. Asimismo, durante la caminata espacial, el dúo fotografió una de las dos antenas de encuentro Kurs de la nave de carga Progress 94, que no se desplegó tras su lanzamiento a la estación espacial en marzo. Tras obtener las imágenes, aseguraron la antena con un amarre para futuras operaciones dinámicas.

Este tipo de operaciones son extremadamente sensibles debido a su complejidad. Un error puede suponer la muerte del astronauta. A esto hay que sumar los distintos desafíos para la salud que conlleva la estancia en un entorno sin gravedad. En primer lugar la radiación cósmica, reducida gracias a los trajes de los astronautas. Aun así, la estancia prolongada en el espacio conlleva una serie de problemas a tener en cuenta.

Una investigación realizada en los últimos días por el Hospital Especializado y Centro de Investigación Rey Faisal (Arabia Saudí) señaló cómo la radiación y la microgravedad pueden provocar cambios celulares que aceleran el desarrollo de diversas enfermedades. De igual manera, un estudio publicada en el IEEE Open Journal of Engineering in Medicine and Biology descubrió que al menos el 70 % de los astronautas de la EEI han sido afectados por el síndrome neuroocular asociado a los vuelos espaciales. Esto plantearía nuevos desafíos para viajes largos en el espacio, como por ejemplo una posible estancia en la Luna o, a largo plazo, en Marte.

En resumidas cuentas, la realidad es que los viajes al espacio pueden provocar atrofia muscular, cambio celular y efectos psicológicos. La recuperación de los astronautas dependerá en gran medida de la duración del viaje de regreso.

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