Personas fotografiando un eclipse
Eclipse solar 12 de agosto
¿Influyen los eclipses en el comportamiento humano? Esto dice la ciencia
Aunque hay que destacar que la ciencia destaca que los eclipses no tienen un impacto físico ni directo en el comportamiento humano, la personalidad o la salud mental, el fenómeno genera reacciones neurobiológicas y sociales reales asociadas al entorno
Contemplar un eclipse tiene efectos directos sobre el cerebro, ya que activa regiones relacionadas con la atención y puede provocar fascinación. Aunque hay que destacar que la ciencia destaca que los eclipses no tienen un impacto físico ni directo en el comportamiento humano, la personalidad o la salud mental, el fenómeno genera reacciones neurobiológicas y sociales reales asociadas al entorno.
«El cerebro nos secuestra para que nos focalicemos casi exclusivamente en el eclipse ya que está especializado en captar nuestra atención en algo novedoso y extraordinario», explica a EFE Salud el neurobiólogo José Ángel Morales.
Cuando la Luna se interponga entre el Sol y la Tierra y el cielo se oscurezca, el cerebro y el sistema nervioso también reaccionarán ante un acontecimiento fuera de lo habitual.
«Nuestro cerebro detecta que algo extraordinario está pasando, pero no tiene respuestas para ello y quiere saber si ese hecho extraordinario, que es el eclipse, supone un riesgo para nuestra nuestra supervivencia, que es al fin y al cabo la principal función de nuestro sistema nervioso, que es mantenernos con vida el mayor tiempo posible», señala el investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.
Imagen de recurso de personas utilizando gafas especiales para ver el eclipse
De ahí surge la fascinación, entendida como una combinación de curiosidad, sorpresa y emoción. «En neurociencia la fascinación se explica como una brecha de información, algo que desconocemos y eso crea una tensión cognitiva», explica Morales.
Al mismo tiempo, el cerebro «apaga lo que se llama la red neuronal por defecto, que es la de la autopercepción, la de la rumiación, la que nos dice tengo que hacer la compra, tengo que ir a por los niños, tengo que hacer esto en el trabajo… Entonces eso deja de ser importante» y concentra la atención en el eclipse.
A medida que avanza el fenómeno entra en funcionamiento el sistema de recompensa y se libera dopamina, neurotransmisor relacionado con la motivación y el placer. «Esa dopamina lo que hace es motivarnos a disfrutar mucho más la experiencia», precisa el neurobiólogo.
La dopamina también contribuye a consolidar el recuerdo de lo vivido. «La dopamina lo que hace es activar el hipocampo, qué es una de las regiones relacionadas con la memoria, para que el hecho de ver un eclipse, al estar emocionados lo guardemos en nuestra memoria y luego lo recordemos mucho mejor», señala.
También responde el sistema nervioso autónomo y se libera adrenalina, lo que puede producir piel de gallina, dilatación de las pupilas, emoción y excitación.
Sin embargo, no todas las personas experimentan esa fascinación con igual intensidad. Morales apunta que puede ser menor en enfermos de párkinson, debido a la disminución de los niveles de dopamina, y en personas con depresión que presentan anhedonia, es decir, falta de interés por lo que sucede a su alrededor.
En definitiva, el eclipse supone también un estímulo extraordinario para el cerebro, capaz de captar nuestra atención, generar emociones y favorecer que la experiencia permanezca en la memoria.