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Clara R. IlárrazDoctora en Derecho digital (5G) por la Universidad CEU San Pablo

Telefónica y las grandes telecos europeas buscan su sitio en el cielo de Starlink

La próxima batalla de las telecomunicaciones europeas no se librará únicamente entre antenas y cables de fibra, también se decidirá en el espacio

StarlinkGTRES

Telefónica, Orange, Vodafone y Deutsche Telekom estudian una candidatura conjunta al futuro reparto de frecuencias para conectar móviles por satélite, en una iniciativa que no supondrá la construcción de una constelación propia, pero que permitiría a las operadoras aspirar a un mayor control sobre el acceso a estos servicios y su integración con las redes terrestres.

La próxima batalla de las telecomunicaciones europeas no se librará únicamente entre antenas y cables de fibra, también se decidirá en el espacio. Las grandes telecos han firmado una carta de intenciones para explorar una candidatura conjunta al futuro reparto europeo del espectro destinado a servicios móviles por satélite, con la mirada puesta en un mercado que podría extender la cobertura allí donde hoy las redes terrestres encuentras sus límites.

La iniciativa responde a una necesidad práctica, que es la de reducir las zonas sin cobertura, pero también a una preocupación estratégica sobre quién controlará las comunicaciones cuando la conexión dependa de la infraestructura satelital. Para las operadoras, la cuestión no se limita a incorporar una tecnología a su catálogo, sino que alcanza a su capacidad para participar en el desarrollo del servicio y mantener la relación con sus clientes.

Una antena sobre nuestras cabezas

La tecnología que explica este movimiento se conoce como Direct-to-Device, o conexión directa al dispositivo, y tiene como finalidad enlazar satélites con móviles compatibles allí donde no llega la red terrestre. En lugar de depender exclusivamente de una estación cercana, el usuario podría acceder a una infraestructura situada en el espacio, siempre que su dispositivo y las condiciones del servicio lo permitan.

Su utilidad resulta especialmente visible para territorios rurales y áreas remotas, donde extender la cobertura terrestre puede resultar difícil o costoso. La posibilidad de mantener una vía de comunicación en esos lugares abre nuevas oportunidades para personas y actividades que todavía dependen de la disponibilidad de una red cercana, aunque las prestaciones concretas variarán según el sistema utilizado.

La conexión por satélite está llamada a complementar la cobertura existente, no a eliminar las limitaciones físicas, ni a sustituir por completo las redes terrestres. La experiencia del usuario dependerá, entre otros factores, de la tecnología desplegada, de la compatibilidad de su dispositivo y de las condiciones en las que se ofrezca el servicio.

Las frecuencias son una pieza esencial de este proyecto, por lo que la alianza mira hacia los servicios móviles por satélite, conocidos por las siglas inglesas MSS y hacia la reorganización europea de la banda de 2 gigahercios. La forma en que se organice el acceso al espectro influirá en las posibilidades de los operadores para desarrollar el servicio y en las condiciones bajo las que podrán llegar a los usuarios.

El planteamiento de la Comisión Europea busca una autorización de alcance comunitario que aporte coherencia regulatoria y facilite el desarrollo de servicios transfronterizos. Una aproximación común permitiría evitar que la aplicación de criterios distintos en cada Estado miembro dificulte la prestación de un servicio cuya propia naturaleza supera las fronteras nacionales.

Competir sin cerrar el mercado

Las telecos proponen un modelo abierto y no discriminatorio para que los demás operadores móviles puedan ofrecer estos servicios a sus clientes. La aspiración es construir una plataforma mayorista y no reservar la cobertura espacial exclusivamente a las compañías promotoras, de manera que la infraestructura pueda servir de base para una oferta más amplia.

Compartir capacidades permitiría reducir la fragmentación, favorecer un mejor uso de las frecuencias y acelerar la integración de la conectividad satelital con las redes móviles. También podría evitar duplicaciones costosas aunque esos beneficios dependerán de cómo se concrete la iniciativa y de los compromisos que asuman sus participantes.

La prueba estará en las condiciones reales de acceso, porque no bastará con que otros operadores puedan contratar el servicio si el precio o las condiciones técnicas dificultan una competencia efectiva. Para el consumidor, la existencia de una oferta abierta solo se traducirá en ventajas si contribuye a ampliar las opciones disponibles y a hacer viable su contratación.

El desafío consiste en reforzar la capacidad industrial europea y, al mismo tiempo, mantener un mercado en el que puedan participar otros operadores. La autonomía estratégica tendrá que medirse también por la capacidad de combinar inversión, acceso y competencia en un ámbito en el que las decisiones sobre infraestructura condicionan el desarrollo posterior de los servicios.

Starlink, rival y posible aliado

Deutsche Telekom mantiene planes con Starlink, mientras Vodafone desarrolla su colaboración con AST SpaceMobile, dos ejemplos que muestran cómo las operadoras pueden cooperar con proveedores espaciales y, al mismo tiempo, buscar una posición negociadora más fuerte para los futuros servicios europeos. La iniciativa conjunta no elimina necesariamente estas relaciones, sino que se plantea en un sector donde la cooperación y la competencia pueden convivir.

La disputa se juega, tanto en la tecnología y el acceso a las frecuencias, como en la relación con el cliente. Quien gestione esa relación conservará una posición relevante a la hora de definir cómo se ofrece la conectividad, mientras que los acuerdos con proveedores especiales influirán en las condiciones técnicas y comerciales del servicio.

Para España, la participación de Telefónica sitúa a uno de sus principales grupos de telecomunicaciones dentro de una negociación que puede contribuir a definir el papel de las operadoras europeas en este mercado. Su alcance dependerá, en todo caso, del reparto de frecuencias y de los acuerdos que permitan convertir la intención anunciada en servicios disponibles.

Para el usuario, la medida del éxito será más sencilla que cualquier declaración sobre soberanía, ya que consistirá en poder comunicarse donde hoy no puede hacerlo, con un dispositivo compatible y a un precio asumible. Antes habrá que resolver cuestiones relacionadas con las frecuencias, los socios, los contratos y los despliegues, pero Europa ya ha empezado a organizar su posición en el cielo.