Los militares que dan una charla a los jugadores de la selección norteamericana en The Reedem Team
The Redeem Team
Cómo la NBA neutralizó a la ÑBA con ayuda de héroes de guerra
El documental muestra el largo trabajo de los norteamericanos para recuperar en 2008 el oro olímpico
Sobre The Redeem Team (El Equipo Redentor), el documental que cuenta como el equipo norteamericano gestó y logró la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2008, se ha hablado bastante antes de su estreno por ese trailer en el que los compañeros de Kobe Bryant cuentan cómo les anunció que iba a arrollar a su «hermano» Pau Gasol en la primera jugada de un partido. Resume muy bien el espíritu de la película, pues el fallecido jugador de los Lakers es sin duda el motor espiritual y deportivo del equipo estadounidense, pero hay mucha más chicha. Si ya valorábamos aquella plata casi como un oro, a partir de The Redeem Team aún le daremos más importancia, porque todo lo que se cuenta nos confirma lo muy en serio que se lo tomaron los americanos y nos recuerda lo bien que España jugó esa final, sin duda la mejor de la larga historia olímpica.
El documental comienza repasando los sucesivos éxitos del baloncesto olímpico de EE.UU., que, enviando a equipos formados solo por universitarios, había logrado todos los oros hasta 1988 excepto el de Múnich 72 –la polémica final contra la URSS– y el de Seúl 88, cuando los soviéticos los derrotaron en semifinales. Después, en 1992, mandaron a Barcelona el mejor equipo de todos los tiempos, el Dream Team, pero como dice una de las voces del documental, ese conjunto liderado por Magic y Jordan «no era patriótico», en el sentido que no se montó a mayor gloria de Estados Unidos, sino que se hizo para promover en el mundo la marca NBA.
Los oros de 1992, 1996 y 2000 precedieron al gran batacazo que cambió para siempre el baloncesto mundial: los Juegos de Atenas 2004. En la capital griega se disputaron los primeros Juegos tras los atentados del 11-S. Había miedo: hasta ocho de los jugadores profesionales seleccionados por EE.UU. renunciaron a defender a su selección, que ni siquiera se concretó en la villa olímpica, sino en un crucero. Deportivamente, era un grupo partido en dos. Por un lado, veteranos como Iverson. Por otra, chavales prometedores como LeBron James, Carmelo Anthony, Carlos Boozer o Dwyane Wade. El entrenador, Larry Brown, lanzó un aviso a navegantes que no fue escuchado: «Esto se ha convertido en un deporte mundial. Más vale que respetemos a la gente contra la que jugamos o tendremos problemas». Perdieron claramente con Puerto Rico en el primer partido (92-73), pero se recuperaron y alcanzaron las semifinales, donde fueron abatidos (89-81) por la Argentina de Ginobili, Scola y Oberto.
En el documental, los jugadores estadounidenses reconocen la superioridad de la albiceleste: «Hacían jugadas, sistemas», recuerda Carmelo Anthony. «Tenían química, eran un equipo. Jugaron el partido como se debe jugar», admite LeBron James. No obstante, el mejor análisis corresponde al argentino Pepe Sánchez: «Es un deporte de equipo. No es tenis».
Cambio de chip
Argentina estaba indicando el camino correcto: de eso se trataba. De convertir la selección de las barras y estrellas en un equipo.
El primer paso se dio al poner al mando de la estructura de la selección al prestigioso Jerry Colangelo, cuya primera decisión fue contratar como entrenador a Mike Krzyzewski, el famoso «Coach K» de la Universidad de Duke, una leyenda de los banquillos universitarios con pasado militar, pues se graduó en West Point.
La primera piedra se colocó en 2008 en Las Vegas, durante la concentración en Las Vegas previa al Mundial de Japón. «Este equipo tiene 12 tíos que pueden ganar un pu… campeonato olímpico», fue lo primero que les dijo Krzyzewski. Todos los días les llevaba a gente ajena al equipo para que contasen historias motivadoras a los jugadores. El documental se detiene especialmente en la presencia de héroes de guerra.
«Esta mañana tenemos personas que nos representan y la gente no tiene la oportunidad de admirar. «No hay nada más importante que lo que estos héroes tienen que decirnos», anuncia en un momento dado el entrenador.
La selección norteamericana escucha a Bob Brown en The Reedem Team
Un militar de alta graduación, Bob Brown, toma la palabra para hacer un símil entre la guerra y un partido de baloncesto. «Lo que hace grandes a los equipos es el sacrificio desinteresado, es anteponer las necesidades de los demás a las tuyas propias. Y en la cancha de baloncesto eso puede ser tirarse a por el balón suelto o recibir un golpe. En el campo de batalla puede ser correr hacia un montón de balas, poner tu vida en juego por otras personas. A eso me refiero con servicio desinteresado». A continuación les presenta al capitán Scotty Smiley: «Hubo una explosión, un trozo de metralla saltó y le dio en los ojos. Parece que tiene los ojos normales, pero no tiene ojos. Se la quitó esa metralla, pero todavía está sirviendo. Eso un héroe», proclama. Este veterano acude incluso a un entrenamiento, donde un jugador le va contando a través de un micrófono lo que ocurre, que él escucha con unos cascos: «Sois un ejemplo para nosotros», le dice.
Finalmente, los militares regalan una bandera de Estados Unidos como la que llevaban en sus uniformes en Irak y les animan a colocarlas en su ropa de entrenamiento: «Espero que cuando miréis hacia abajo, veáis esa bandera y os deis cuenta de que ha habido miles de personas que se han sacrificado antes que vosotros que se han sacrificado para que podáis ser unos grandes del baloncesto».
Estos testimonios impresionaron a los jugadores: «Nos mostraron por quién y por qué jugábamos». «Hicieron que los jugadores abriesen su corazón», sostiene su entrenador, que les pidió competir «bajo un solo ego».
Kobe, la guinda
Nunca se olvidaron de esa bandera y de esos héroes, pero en el Mundial de Japón de 2008 se la pegaron. Grecia los superó en semifinales. «No he vivido una derrota peor que esa», admite «Coach K» en el documental. España superó en la final a los helenos y logró su primer Mundial.
El técnico entendió que al grupo le faltaba algo. Y ese algo era Kobe. «Estoy harto de veros perder», les espetó recién llegado. El espíritu mamba, el afán perfeccionista del jugador de los Lakers, que a las seis y media de la madrugada se iba al gimnasio. Eso era lo que faltaba.
Estados Unidos se ganó la plaza para Pekín en el Preolímpico jugado en su propio país, en el que logró la primera plaza. Lo ocurrido después ya lo sabemos. Porque lo sufrimos. En la primera fase, EE.UU. pasó por encima de España (119-82) y Kobe por encima de Pau: «Kobe dijo que iba a marcar el ritmo: ‘Voy a romperle el pecho a Pau’». Dicho y ello. «Lo hizo para mandar un mensaje, no solo a mí, sino a sus compañeros de equipo», reflexiona Gasol.
En la final se volvieron a ver las caras. Y, valga la redundancia, España dio la cara hasta el final. Ese partido decisivo ocupa buena parte del metraje. Y es un placer comprobar cómo la ÑBA tuvo opciones ante un equipo que había ganado todos los partidos por una media de más de 30 puntos de ventaja. Los de Scariolo cayeron por 107-118. Pero es seguramente la derrota más brillante de la historia del baloncesto FIBA.
«Es uno de los mejores partidos que he jugado». Palabra de LeBron James, que es –junto al también jugador Dwyane Wade– uno de los productores ejecutivos de The Redeem Team, ya disponible en Netflix.