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16 de junio de 2024

Willem Dafoe, este viernes en la presentación en Cannes de la película Kinds of Kindness

Willem Dafoe, este viernes en la presentación en Cannes de la película Kinds of KindnessEFE

Cine

Las tres películas que han marcado la jornada en el Festival de Cannes

Tres filmes muy distintos convencen este viernes en el certamen

Un excelente filme rumano que trata con sumo dramatismo de un problema de homofobia en un pequeño pueblo concentró la atención de la tercera jornada del 77º Festival de Cannes. Se trata de Trei kilometri pana la capătul lumii (Tres kilómetros hasta el fin del mundo), tercer largometraje de un exactor y cortometrajista de 45 años, Emanuel Parvu, que debuta en Cannes con un fuerte drama de intolerancia y corrupción en una sociedad retrógrada que prefiere dar vuelta la cara para no ver una realidad desagradable.

Cuando Adrian vuelve a su casa después de una paliza, su padre decide denunciar el caso a la policía sin saber que desencadenará una serie de hechos que alterará no solo la vida de su familia sino también la de todo el pueblo. En efecto, la paliza ha sido cometida por amigos de Adrian que lo sorprendieron mientras mantenía una relación homosexual con un turista.

El policía, ante el cual el padre de Adrian ha hecho la denuncia, recomienda cubrir todo el hecho para no manchar la reputación del pueblo con un pecado para él abominable y que además, a su entender, podría atraer a un turismo indeseable de homosexuales y drogados.

Mientras todos los implicados se ponen de acuerdo en tapar el asunto, llega de Bucarest una visitadora social, advertida por la mejor amiga de Adrian, para investigar el caso que ya se vuelve imparable sin la intervención de alguna autoridad superior. Parvu y su habitual productora Miruna Berescu han escrito un guion de gran impacto dramático, bien servido por un reparto de actores de gran nivel, si bien no todos son profesionales.

Entre otros filmes interesantes de las demás secciones fuera del concurso oficial que cabe señalar encontramos La invasión, del bielorruso con pasaporte ucranio Sergei Lonitza, que desde 2014 prosigue testimoniando sobre la situación social y política de su país adoptivo, cuando trajo a Cannes Maidan sobre la anexión del Donbass de parte rusa, y An Unfinished Film, del chino Lou Ye que revive los primeros días de la pandemia del Covid, mezclando ficción con realidad.

Lonitza es bielorruso de origen pero ucranio de adopción y gran parte de su obra como documentalista está centrada en los últimos diez años de vida de este país, desde la ocupación del Donbass de parte rusa empezando por Maidan, presentado aquí mismo en Cannes en 2014, y continuando con este La invasión, donde se puede asistir a un resumen de dos años de guerra.

El filme, que dura dos horas y media, está dividido en grandes segmentos donde se asiste a la vida cotidiana de los ucranios en los últimos dos años y a todos los niveles, desde que se nace hasta que se muere, con escenas de matrimonio, maternidades donde un soldado aprende a dar medicinas a su bebé, salas operatorias y de rehabilitación de lisiados y funerales públicos y privados, pasando por campos de entrenamiento de civiles y conscriptos, desconexión de minas, recuperación de vivos y muertos bajo los escombros y finalmente deteniéndose en apacibles paisajes de una Ucrania que parece ignorar la guerra.

An unfinished film es un curioso e inteligente experimento de docuficción que muestra a un director de cine tratando de terminar su primera película, interrumpida por falta de fondos, convocando después de diez años a actores y técnicos del filme original, pero con tan mala suerte que el filme vuelve a interrumpirse con la explosión de la pandemia de Covid 19.

De ahí en adelante, el filme revive esos primeros caóticos dos meses de confinamientos obligados, medidas sanitarias improvisadas, prohibición de viajar, contagios y muertes, el todo documentado con los celulares de todo el equipo fílmico y montado hábilmente por Lou Ye que ha sabido confundir vídeos reales y filmados y convenciendo al espectador que todo lo que ve esta pasando en ese momento ante sus ojos.

Lou Ye es un frecuente invitado de Cannes desde su primera aparición en 2003 con Purple Butterfly seguida en 2006 por Summer Palace, que le valió una interdicción de filmar en su país por cinco años y un exilio en Alemania donde filmó Spring fever (premio al mejor guion en Cannes en 2009) y finalmente en 2012 con este excelente Mystery.

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