Peter Sarsgaard, en Septiembre 5, que se estrena este viernes 31 de enero en los cines
Crítica de cine
‘Septiembre 5’, la crónica de la cobertura periodística en directo de los atentados de Múnich 72
La película, repleta de debates deontológicos, explica cómo la ABC fue la principal cadena que pudo informar de aquellos sucesos, gracias a que sus cámaras mostraban el interior de la villa olímpica
Este viernes se estrena en España Septiembre 5, una producción avalada por la Paramount con enorme impronta alemana. Narra lo que sucedió durante las más o menos 21 horas del secuestro —con fatal desenlace— de un puñado de deportistas israelís durante las Olimpiadas de Múnich (1972). No es la primera vez que se traslada al cine o la televisión este acontecimiento histórico. Un suceso que ha manchado para siempre los Juegos Olímpicos con que la República Federal Alemana pretendía borrar la infamia que le seguía suponiendo Berlín 1936, las Olimpiadas que el ministro Goebbels convirtió en un fenómeno de masas y de retransmisión televisiva. Durante estas cinco décadas, ha habido varias versiones o perspectivas hasta llegar a Septiembre 5.
En noviembre de 1976 se lanzó al público el largometraje 21 horas en Múnich, con William Holden como jefe de la policía alemana, y Franco Nero como cabecilla del grupo de ocho terroristas. La actuación de Nero y su enorme protagonismo —y las confidencias que el personaje comparte con la encargada alemana de negociar la liberación— le dan un cierto aire romántico y más de uno se plantea si, de hecho, el filme deja en mejor lugar al lado palestino que al israelí. En 2005, Steven Spielberg optó por relatar cuál fue la reacción del gobierno de Golda Meir ante la tragedia de sus once deportistas en Alemania. Es una película complicada y nada complaciente; otra vez se ve el rostro humano, familiar, afable de los terroristas y de sus líderes. Otra vez se vislumbran dudas éticas sobre el proceder del estado israelí y de sus servicios secretos. La escasa o nula religiosidad de sus protagonistas ayuda a entender que el judaísmo no es una mera religión, sino un pueblo que tiene una religión dentro de sus tradiciones y su fuerte identidad cultural. Por eso, porque puede ser una nacionalidad, aspira a un estado.
En 2022, como conmemoración de los 50 años del acto terrorista durante sus Olimpiadas, en Alemania y en Israel se produjeron algunos documentales, series y películas: 1972: el septiembre negro de Múnich (Christian Stiefenhofer); Tod und Spiele – München ‘72 [«Muerte y Juegos, Múnich ‘72»] (Lucio Mollica y Bence Máté); Munich ‘72 (Roman Shumunov). Diez años antes, el israelí Dror Zahavi había dirigido el largometraje alemán München 72 – Das Attentat. El contexto se completa con esa atmósfera germana de cierta sensación de persistente sombra hitleriana, como se aprecia en la película Ha vuelto (David Wnendt, 2015) y en el clima electoral de estos días. Todos estos elementos ya predisponen a ver Septiembre 5. Pero ¿qué es lo que hay de nuevo en este filme?
Septiembre 5 nos cuenta lo que ven los periodistas de la cadena estadounidense de televisión ABC, que fue el principal canal de información en directo de aquellos sucesos. Gran parte de la mirada que impera en esta película es la subjetiva del periodista. En concreto, del periodista de deportes que había ido a Alemania a hablar de esgrima, atletismo, fútbol y voleibol. ¿Cómo explicar al mundo lo que está ocurriendo, de dónde se obtienen los datos, cómo se contrasta la información, cómo se improvisa, cómo se negocia el espacio de transmisión por satélite? Son preguntas que hoy adquieren quizá mayor relevancia, porque el conflicto entre la prisa y el rigor nunca es fácil de resolver. En Septiembre 5 vemos muchas de las caras del periodismo: la producción y dirección tras las cámaras, la voz y el rostro que hay delante, los responsables de contenidos, el interior de los estudios. Un trabajo en equipo, con enormes dosis de artesanía —más hace cincuenta años que hoy, como recordarán los nostálgicos— y con discusiones de todo pelaje. Como la que se ve cuando el protagonista (Geoffrey Mason, interpretado por John Magaro) pregunta a su compañera tudesca (Marianne Gebhardt, encarnada por una espléndida Leonie Benesch) acerca del Holocausto.
La película explica cómo la ABC fue la principal cadena que pudo transmitir en directo aquellos sucesos, gracias a que sus cámaras mostraban el interior de la villa olímpica, y gracias a un equipo que solo trabajaba en deportes, como el veterano locutor Jim McKay, o el propio Mason, que años después dirigiría y produciría dos series televisivas sobre la Copa América de vela. También se pone sobre la mesa el debate acerca de la responsabilidad del medio: ¿se debe transmitir en directo, de tal modo que, si un terrorista mata ante las cámaras a un rehén, lo vea todo el planeta, familias incluidas? ¿No busca el terrorismo el eco internacional, y no es eso lo que facilitan los medios con este tipo de cobertura? Aún más: la retransmisión de todos los detalles, ¿no acaba facilitando la tarea de los terroristas, que se informan por la televisión de aspectos que desconocen y de cuya discreción podría depender el éxito de una operación policial?
El final de la película también incide en la duda que siempre existe a la hora difundir una información que podría ser exclusiva y apasionante, aunque no esté del todo contrastada. Porque el relato de esta película es verídico paso a paso, incluyendo la escasa seguridad con que las autoridades alemanas habían planeado el dispositivo de acceso a la villa olímpica. Aunque este punto no esté reflejado de forma del todo creíble, es cierto. Si no resulta creíble cómo la ABC entra y sale a su antojo de la villa olímpica, gracias a un cámara que se hace pasar por deportista, la razón se halla en la propia esencia de Septiembre 5: vemos lo que sucede ante nuestros ojos, pero se nos pierde el contexto. La velocidad de los acontecimientos, las dudas deontológicas y técnicas, la necesidad de informar rápido suponen un cóctel que requiere de muchas cualidades previas. Que tampoco garantizan el resultado.
Y, sin embargo, el periodista de deportes se esfuerza en observar quiénes son los once deportistas secuestrados, cuáles son sus rostros, sus historias, sus familias. A uno de ellos incluso lo ha entrevistado hace muy poco la propia ABC, y ha trasladado un mensaje de paz aprovechando el buen trato con atletas de países vecinos –en Múnich había deportistas egipcios, sirios, saudís y libaneses–. Por el contrario, en Septiembre 5, y con las imágenes televisivas auténticas de la ABC, se recalca la máscara tras la que se ocultan los terroristas, mediante el emblemático retrato del feday asomado a la terraza del apartamento de la villa olímpica, cubierta la cabeza con un pasamontañas.