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Larisa Faber, actriz de la película La cache (The Safe House)

Larisa Faber, actriz de la película La cache (The Safe House)EFE

Cine

Las películas que han cerrado el Festival de Berlín antes de tiempo

El certamen celebra su último jornada de concurso antes de lo habitual y de dar a conocer, este sábado, su palmarés

Una normal reunión de familia, un exhaustivo retrato de como se convive con una añosa guerra un recuerdo del mayo francés de 1968 fueron las últimas ofertas del 75º Festival Internacional de Cine de Berlín que se continúa con repeticiones y finalizará con la entrega de premios el sábado 22. El realizador surcoreano Hong Sangsoo vuelve a sus 64 años al Festival de Berlín, el primero que lo descubrió en 2008, invitándolo diez veces y premiándolo con cuatro Osos de Plata, muy decidido a que esta vez no se le escape el de oro, aunque sus posibilidades sean un poco menores que en otras ocasiones.

Es que Geu jayeoni nege mworago hani, aquí traducido como Lo que la naturaleza nos cuenta, la nueva película de este prolífico autor que en 28 años de carrera realizó 40 películas, de las que un gran apreciador como Martin Scorsese decía que empezaban como si nada pasara pero luego las cosas se iban descubriendo como cuando se pela una naranja, ha llevado al extremo esta originalidad estilística, describiendo una reunión familiar en la que cada uno de los personajes va desnudando ocultos aspectos de su personalidad.

Por su parte, la directora ucrania Kateryna Gornostai, que en 2021 se había alzado con un Oso de Cristal aquí mismo en Berlín con un filme que mezclaba ficción con realidad, examinando la tumultuosa entrada en la adolescencia de un grupo de estudiantes, opta directamente por el documental, describiendo en Strichka Chasu (Timelapse) a un país que es capaz de vivir en guerra sin descuidar las normales actividades cotidianas.

Completó la jornada, el realizador suizo Lionel Baier que en La cache (El escondite) rememora los días de la revuelta estudiante del Mayo Francés de 1968, con un original montaje que pretende tutearse con el espectador.

Efectivamente, el filme de Hong cuenta la presentación en familia del novio de una hija, entre zalamerías de circunstancia, interrogatorios y copiosas libaciones, todo con el objeto de valorar las eventuales cualidades de un futuro yerno y cuñado.

Dividido arbitraria e innecesariamente en episodios, el filme muestra a padre, madre e hija mayor escudriñando a fondo al recién llegado, primero halagándolo con alabanzas, a veces desmedidas, y luego criticando su excesivo apetito, su escasa resistencia al alcohol y su poco talento de poeta para terminar con completo rechazo de su inadecuada situación económica.

Este juego al masacre lo realiza el director con una mirada benévola y divertida que el público del estreno mundial recibió con risas y aplausos pero que no necesariamente serán compartidos por el jurado.

Gornostai, en su tercer largometraje en doce años de carrera, muestra cómo con un fuerte sentimiento patriótico, un espíritu aguerrido y una consistente resignación que no impide una gran combatividad, un pequeño país puede sostener una guerra contra una de las mayores potencias mundiales.

La directora pasea sus múltiples cámaras por varias localidades de la Ucrania oriental, cuya vida se va normalizando a medida que se aleja de los frentes de guerra, mostrando inauguraciones de escuelas restauradas, protestas por los retrasos en las reconstrucciones de otras, festejos religiosos e históricos pero también ciudades destruidas, minutos de silencio, corridas a los refugios y alarmas aéreos en lo que bien pudiera ser una película de propaganda del gobierno ucranio pero termina siendo un homenaje a la valentía y el orgullo de su pueblo.

El Mayo Francés de 1968 fue un movimiento de protesta estudiantil que se extendió por una veintena de días a todas las capas de la sociedad y por todo el país, con el primitivo objetivo progresista de conseguir la renuncia del presidente Charles de Gaulle para terminar, por lo contrario, instaurando un gobierno aún más de derecha, presidido por Georges Pompidou.

Toda la narración esta vista a través de los ojos de un niño, hospedado en la casa de sus abuelos que forman una familia singular, con dos hijos mayores y una bisabuela rusa casi centenaria, en la que todos duermen y comen en una misma pieza y en la que por una extraña circunstancia llega a esconderse el mismo Charles de Gaulle, explicando así su misteriosa desaparición (nunca aclarada), poco días antes de renunciar a su cargo.

Baier dialoga con el espectador, invitándolo a aceptar su versión de los hechos con la complicidad de un armonioso reparto en el que descuellan actores de segura eficacia como Michel Blanc, Dominique Reymond y la veteranísima Liliane Rovère con sus 151 películas en 58 años de carrera y 93 de edad.

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