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Actress Meryl Streep attending the World Premiere of " Florence Foster Jenkins " in London.

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Cine

La película de la que Meryl Streep fue apartada por «fea»

La actriz sufrió el desprecio del productor Dino de Laurentiis en el casting de un famoso filme

Hollywood ha construido durante décadas un canon de belleza tan rígido como arbitrario. Un molde especialmente severo con las mujeres, a las que se les ha exigido encajar en unas medidas, edades y rasgos concretos como condición previa para trabajar. La paradoja es conocida: ajustarse a ese ideal nunca ha garantizado el talento, pero salirse de él sí ha servido, muchas veces, como excusa para cerrar puertas. El cine está lleno de ejemplos. Uno de los más reveladores tiene como protagonista a Meryl Streep.

Resulta difícil imaginarlo ahora, pero hubo un tiempo en el que a Streep se la consideró «no lo bastante guapa» para el cine comercial. Ocurrió en 1976, cuando la actriz daba sus primeros pasos y acudió a una prueba para el remake de King Kong. Al otro lado de la mesa estaba el productor Dino De Laurentiis, una de las figuras más poderosas del cine.

La anécdota la contaría la propia actriz años después, con una mezcla de serenidad y fina ironía, en The Graham Norton Show. Según relató, De Laurentiis, creyendo que ella no entendía italiano, se dirigió a su hijo con una frase que ha pasado a la historia: «¿Por qué me traes esta cosa fea?». No era una metáfora, ni una exageración. Era una valoración literal sobre si encajaba o no en el papel femenino principal, concebido entonces como un icono de belleza clásica.

Lo que convierte el episodio en algo más que una humillación es la respuesta de Streep. Sin perder la compostura, contestó en perfecto italiano: «Siento no ser lo suficientemente guapa para King Kong». En ese instante, sin que nadie en aquella oficina pudiera sospecharlo, estaban descartando a la actriz que acabaría convirtiéndose en la más nominada en la historia de los Oscar.

El papel fue finalmente para Jessica Lange, que debutó en el cine interpretando a Dwan, la joven aspirante a actriz atrapada entre el espectáculo, la aventura y la mirada masculina que dominaba el relato. Lange se convirtió en el rostro de la película y en uno de los símbolos visuales del filme, mientras Streep, lejos de desaparecer, siguió un camino completamente distinto. Apenas dos años después de aquel casting, recibió su primera nominación al Oscar por El cazador. La segunda llegaría al año siguiente y, esta vez, con premio, por Kramer contra Kramer. Después vendrían La decisión de Sophie y La dama de hierro, hasta sumar 21 nominaciones y tres estatuillas. Un récord absoluto, sin distinción de género.

La trayectoria de Meryl Streep no solo desmonta el prejuicio estético que sufrió, sino que expone una lógica profundamente injusta: la de un sistema que confunde fotogenia con talento y juventud con valía. Ella misma ha reflexionado en múltiples ocasiones sobre cómo la edad y el aspecto siguen siendo un obstáculo para muchas actrices, mientras que sus compañeros masculinos atraviesan el tiempo con menos preguntas y más indulgencia.

Vista desde hoy, aquella escena en la oficina de De Laurentiis tiene algo de fábula moral. No tanto por el desliz del productor (que el tiempo ha dejado en evidencia) como por la serenidad con la que Streep decidió no cargar con una opinión que no la definía. «Su opinión es solo una entre miles», dijo entonces. Y tenía razón.

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