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Cine

El motivo por el que Spielberg no quiso dirigir 'Los Goonies'

Él tuvo la idea, supervisó el guion y eligió a los actores, pero no quiso ocupar la silla de director

1985 fue un año único en la historia del cine. Se estrenaron Rocky IV, Rambo, El color púrpura, Memorias de África, Cocoon, Panorama para matar, Único testigo y Regreso al futuro, la más taquillera de todas ellas. Películas de acción, dramas, comedias, thrillers, cine fantástico… Películas únicas que marcaron a toda una generación. Pero aún se estrenaría el filme que, seguramente, más divertiría a los niños de los 80, en el que se sintieron reflejados, con sus bicis, sus deportivas y sus simpáticas palabrotas. Aún quedaba por estrenarse Los Goonies.

La película cuenta la historia de cuatro amigos de unos 12 años que, después de encontrar el mapa de dónde se halla el tesoro del famoso pirata Willy el Tuerto, se pone en su busca mientras unos despiadados asesinos, los Fratelli, les pisa los talones para arrebatarles el mapa y, por tanto, el tesoro. Su aventura tiene sabor a despedida, pues al día siguiente todos tendrán que abandonar el pueblo sobre el que construirán un campo de golf.

Fotograma de Los Goonies

Dos años antes del estreno de esta película generacional, Steven Spielberg, que salía del éxito de E.T. El extraterrestre, llamó a su amigo Chris Columbus para contarle una idea, la historia de un grupo de amigos que, en la línea de la novela El cuerpo de Stephen King, vivían una fantástica aventura buscando un tesoro pirata. El futuro director de Solo en casa tomó la idea con entusiasmo y estuvo tratando de convencer a Spielberg para que la dirigiera. Pero éste se hallaba ya inmerso en la preproducción de Indiana Jones y el templo maldito, y aunque Columbus le pidió que retrasase el rodaje de la secuela, Spielberg siguió rechazando la oferta por falta de tiempo. Ni podía ni quería dirigirla.

Con todo, su implicación en el proyecto fue total. Primero, porque Amblin Entertainment, la productora que había fundado en 1980 junto a Kathleen Kennedy y Frank Marshall, se ocuparía de financiar el proyecto como había hecho ya con E.T. y Gremlins convirtiéndose en un referente para la industria del cine familiar y de aventuras. Segundo, porque Spielberg supervisó el guion conforme Columbus lo iba escribiendo. Y, tercero, porque estuvo presente en la selección del reparto. Un reparto único.

Sean Astin, hijo de la actriz Patty Duke, acabaría interpretando a Mikey, el joven líder del grupo que fue elegido porque representaba de manera muy natural y equilibrada ingenuidad y liderazgo. El adorable Gordi, en inglés Chunk, fue para Jeff Cohen, que se hizo con el papel gracias a que en el castin, cuando le pidieron improvisar algo del personaje, hizo el famoso «supermeneo». El papel de Bocazas caería sobre Corey Feldman, al que Columbus acabaría permitiendo improvisar en casi todas sus escenas tal era su humor irreverente, su actuación no verbal y su rapidez en los diálogos. Y el personaje del vecino obsesionado con 007, los inventos y gadgets fue para el niño que haría de Tapón en Indiana Jones y el templo maldito, el actor vietnamita-estadounidense, Ke Huy Quan. Todos tenían entre 12 y 13 años cuando hicieron la película, menos el actor de Gordi, que tenía sólo 10. Junto a ellos estaría un trío de actores adolescentes compuestos por el actor debutante Josh Brolin, que da vida a Brand, hermano mayor de Mikey, y que gracias a este papel empezó una carrera de éxito en el cine que perdura hasta hoy. Mientras que Kerri Green y Martha Plimpton dieron vida a Andy a Stef, amigas inseparables cuyas personalidades tan dispares las hacen muy arquetípicas, pero también muy cómicas. La guapa y la feíta, la histérica y la vehemente. Ya saben.

Así que, tras confirmar que no dirigiría el proyecto, desde Amblin le ofrecieron la dirección al eficaz Richard Donner, que había hecho con mano certera Superman en 1978 y estaba terminando la fantástica Lady Halcón. El realizador aceptó encantado y siempre contó que éste fue uno de los rodajes más divertidos de toda su carrera. El director explicaría que, como los niños tenían tan buena conexión en el set de rodaje y estaban haciéndose tan buenos amigos, les permitió improvisar todo el rato: «Fueron capaces de meterse en sus personajes y de convertirse en un grupo unido -explicaría-. Eran maravillosos. Empezaron a ser esas personas. Había ocasiones que parecía que no estábamos trabajando».

Por esa misma razón, Donner decidió rodar la cinta en orden cronológico, algo muy poco habitual porque alarga mucho el plan de rodaje y, por tanto, aumenta mucho los costes y utilizar muchas localizaciones reales, como el pueblo de Astoria donde estuvieron días grabándoles mientras montaban en bici, la casa de los Walsh o el restaurante abandonado.

Pero fue el diseño de producción uno de los elementos más alabados del filme, pues esas cuevas por las que transitan los niños buscando el tesoro pirata y el propio barco de Willy, el Tuerto son una auténtica locura. No en vano, Donner no permitió que los niños lo vieran durante los ensayos, con lo que su reacción cuando lo ven en el filme es absolutamente real.

Es en esta secuencia donde se incluía una escena que finalmente fue eliminada: después de ese momento en que los Goonies han descendido por una suerte de toboganes enormes y han caído al agua, son atacados por un pulpo gigante.

Hoy parece inexplicable que retirasen del montaje final este trepidante momento de apenas dos minutos, pero lo cierto es que nadie se habría dado cuenta si, un rato después, cuando están todos los niños a salvo en la playa con sus padres, Data no hubiera dicho ante dos periodistas: «El pulpo fue lo peor, era muy peligroso». Quizá, como el revuelo de la escena es tan fenomenal, no le dieron mucha importancia y por eso no retiraron la frase de Data del montaje final.

En todo caso, el resultado sigue siendo el de una de las películas más queridas del cine de la década de los 80, una de las más divertidas y una de las más míticas. Una de esas películas que ya no se harán jamás.