Fundado en 1910

Apocalypse Now, uno de los rodajes más duros de la historia del cine

Historias de película

El actor que se convirtió al catolicismo en el rodaje de 'Apocalypse Now': «Pensé que me moría y volví a rezar»

Tifones, drogas, improvisación y un año de producción en la jungla casi acaban con los miembros de una de las películas más importantes de la década de los 70

En la larga lista de rodajes terroríficos de la historia del cine, hay uno que se lleva la palma. Uno que estuvo lleno de drogas, enfermedades, guerrilleros, infartos, huracanes, dispendio económico, meses de más y desesperación. Su director, productor y guionista, Francis Ford Coppola. Y la película, Apocalypse Now.

Mucho se ha escrito sobre la adaptación cinematográfica de la novela que escribió Joseph Conrad en 1899, El corazón de las tinieblas, y no es para menos, pues la producción del filme de Coppola, realizado justo después de las monumentales El Padrino y El Padrino: Parte II, fue un auténtico infierno, como demuestra el documental Corazones en tinieblas, de Eleanor Coppola, la mujer del cineasta fallecida en 2024.

Para empezar, porque el director hipotecó su vida entera para sacarla adelante. Pues lo que pretendía ser un proyecto menor de apenas un millón y medio de dólares, que luego se elevó hasta 12, acabó costándole (sí, a él, que tuvo que hipotecar su casa y sus viñedos), algo más de 30. Segundo, porque el rodaje, que en el mejor de los casos no suele exceder los tres o cuatro meses, se extendió hasta un año. Y, tercero, porque todo lo que podía ir mal, romperse, torcerse, caerse, morirse, denunciarse o agotarse, fue peor.

Apocalypse Now cuenta la misión que emprende el joven capitán Willard de los servicios de inteligencia americanos en Camboya para encontrar y dar muerte al coronel Kurtz, un renegado del ejército estadounidense que ha enloquecido en la jungla y se ha erigido en una especie de dios para la tribu Montagnard. El viaje de Willard hacia el corazón de las tinieblas, por supuesto, no será sólo físico hacia lo más duro de la naturaleza, sino emocional y moral hacia lo más duro de su propia existencia, de aquello que le configura como hombre. Y esto es lo que hace que Apocalypse Now sea una obra maestra incontestable.

Las críticas fueron unánimes: Coppola, una vez más, había rubricado una película intensa y durísima sobre la violencia y el despotismo, sobre el sinsentido de la guerra, la ausencia de valores y esperanza, la locura, el nihilismo más absoluto, el abismo interior y la podredumbre y oscuridad del alma. Pero, a lo largo de los 153 minutos que duró la primera versión que conoció el filme estrenado en 1979, el director logró algo inusitado: mostrar toda esa complejidad psicológica y esa brutalidad explícita, con un sentido estético y plástico absolutamente únicos, en donde todo remite a la locura, a lo onírico y a lo infernal, pero es extrañamente bello.

¿Y quién mejor para retratar esa locura violenta y nihilista que Marlon Brando? Coppola había trabajado con él unos años antes cuando le dio el papel de Vito Corleone en El Padrino y le reclamó para dar vida al coronel Kurt, uno de los personajes más oscuros y complejos de la historia del cine. El infierno que fue el rodaje de Apocalypse Now fue, en parte, por él, pues un Brando pantagruélico, rapado y sin haberse estudiado el personaje ni el papel, se presentó en el rodaje de Filipinas para ponerlo todo patas arriba. Para empezar porque pidió 3,5 millones de dólares por cinco semanas de trabajo y, para continuar, porque improvisó cada línea de guion y exigió que todas sus escenas fueran rodadas en semioscuridad para ocultar su físico. Todo, por tanto, debía adaptarse a él.

Dar con Brando para el papel de Kurtz no fue tarea fácil. Los nombres de Clint Eastwood, Jack Nicholson, Al Pacino, Steve McQueen, Robert Redford y James Caan estuvieron sobre la mesa de Coppola. Unos lo rechazaron, otros ni se leyeron el guion, para otros, sencillamente, no había dinero suficiente. Otros son pura leyenda. Hasta que Brando aceptó. Luego encontraron al capitán Willard, que sería Harvey Keitel. Pero Coppola lo despidió a poco de empezar el rodaje porque sólo estaba dispuesto a tener una estrella insufrible en el plató y ése ya era Brando.

Así fue cómo contrató a Martin Sheen, de rebote. Pero éste, después de pasarse drogado y borracho medio rodaje y autolesionarse durante una escena, tuvo su particular descenso a los infiernos en forma de un infarto en mitad de la jungla que casi le mata. El actor ha hablado en infinidad de ocasiones sobre el estado de autodestrucción y crisis existencial que sufrió durante aquellos meses infernales, meses en los que creyó y deseó morir en varias ocasiones, relatando que la autodestrucción de Wilard en el filme era exactamente la suya. Pero durante aquella terrible experiencia, Martin Sheen, criado en el catolicismo al ser hijo de irlandesa y gallego, pero alejado de la fe desde la infancia, volvió a abrazar la fe y cambió radicalmente de vida: «Pensé que me estaba muriendo y no tenía nada a lo que agarrarme. Ahí volví a rezar. Volví a creer», diría sobre su conversión.

Martin Sheen en Apocalypse Now (1979)

Pero, además de que la mitad del equipo acabó sufriendo malaria en algún momento de la producción, los problemas en el rodaje no fueron sólo personales. Un tifón destruyó los decorados y retrasó el rodaje varias semanas. También se retrasó porque los helicópteros utilizados en el filme -recuerden siempre la famosa escena de los Bell UH-1 Iroquois apareciendo en el horizonte al son de La cabalgata de las Valkirias de Wagner- pertenecían al ejército filipino que se los alquiló a Coppola por un módico precio, pero que los reclamaban para luchar contra la guerrilla cada dos por tres.

Por todo esto, el propio Coppola sufrió ataques de ansiedad, insomnio, paranoia e ideas suicidas afirmando que, de lejos, éste fue el peor rodaje de toda su carrera. Un rodaje que, a él también, casi le mata. De ahí, que el director rubricara en el Festival de Cannes de 1979 la hoy famosísima frase: «Mi película no trata sobre Vietnam. Mi película es Vietnam».