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Cine

Elia Kazan, el cineasta que delató a los comunistas de Hollywood

El director de La ley del silencio y Esplendor en la hierba es uno de los más controvertidos de la industria desde su declaración ante el Comité de Actividades Antiamericanas en 1952.

Si hay un director marcado por la polémica, ése es Elia Kazan. Turco de nacimiento, pero de orígenes griegos, su nombre siempre estará ligado al de la historia del cine por derecho propio primero, porque fundó el Actor’s Studio y, segundo, porque dirigió algunas de las películas más impactantes de la década de los 50 como Un tranvía llamado deseo o La ley del silencio.

Pero Elia Kazan será siempre recordado por otra razón, por una que tiene más que ver con la política que con el cine.

Estudiante aventajado de Yale, el director empezó en este mundo primero como intérprete, pero tras varias representaciones descubrió que le interesaba más adaptar obras y ponerse detrás del telón que delante de él. Después de varios años en el mundo del teatro, tocaba probar suerte en Hollywood y en los años 40 dirigió varias cintas. Pero lo que le pone verdaderamente en el ojo del huracán es la creación en 1947 del Actor’s Studio junto a Cheryl Crawford y Robert Lewis. La escuela de interpretación que promovió entre las grandes estrellas el estudio «del método» fue la descubridora de grandes talentos como Marlon Brando o Montgomery Clift sobre todo algunos años después.

Respetado por todo el sector tanto en Nueva York como en Los Ángeles, Kazan dirige desde mediados de los años 40 El justiciero, Mar de hierba, Pánico en las calles y, por supuesto, Un tranvía llamado deseo entre entusiastas críticas. Pero en 1952, cuando estrena ¡Viva Zapata!, todo cambia.

La cinta, lejos de ser un biopic al uso sobre el revolucionario mexicano, se convirtió en una crítica furibunda contra el comunismo y sus consecuencias tales como la corrupción, la represión o la violencia. A ello se unió, que ese mismo año, Kazan fue llamado a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC). Creado por la Cámara de Representantes en 1938 para combatir el ideario subversivo y comunista dentro del mundo de la cultura y a todos los niveles, durante los años 40 y los 50, el comité centró su actividad en la industria de Hollywood, por lo que muchos actores, productores, guionistas y directores fueron llamados a declarar sobre sus filiaciones políticas y las de otros. De ahí salió la famosa «Lista negra de Hollywood» que incluía los nombres de personas non gratas dentro de la industria como los guionistas Dalton Trumbo y Lester Cole o el director Edward Dmytryk.

¡Viva Zapata! (1952)

Elia Kazan fue llamado a declarar en octubre de 1952 fue debido a los vínculos que había tenido con el Partido Comunista de Estados Unidos (CPUSA) en la década de los 30. En su declaración, el director admitió aquella filiación del mismo modo que negó ningún vínculo actual tras lo que delató a algunos de sus colegas por su pertenencia o justificación del ideario comunista. Aunque en el momento no se dio a conocer los nombres que dio al comité, posteriormente se supo que testificó en contra del dramaturgo Clifford Odets, el guionista John Howard Lawson, varios miembros del grupo teatral Actor’s Lab y los citados Trumbo y Cole.

Después de aquello, y ante la crítica abierta de buena parte de la industria, la carrera de Kazan se vio beneficiada. Primero, porque desde muchos sectores de la sociedad, vieron su gesto como una muestra de patriotismo y lealtad hacia la industria y, segundo, porque pudo seguir trabajando durante años con bastante libertad pese a su pasado abiertamente comunista, algo que muchos de sus colegas no pudieron hacer. Y aunque el director nunca pidió perdón por sus actos, su reputación quedó siempre marcada por haber sido un delator.

Tal fue la complejidad de lo sucedido, que el propio Kazan quiso reflejarlo en la ficción en la que es, seguramente, la más profunda y moral de todas sus películas: La ley del silencio. En ella, el personaje de Marlon Brando se ve en una situación extrema que le llevará a rebelar todo lo que sabe sobre un asesinato enmarcado en la organización de un mafioso que explota a los estibadores de los muelles neoyorkinos. El actor se vio enseguida como un alter ego del director que refleja la tensión moral a la que se enfrenta al decidirse a testificar contra unos líderes corruptos aun a riesgo de su propia vida, su reputación y el respeto de los suyos. Una película emocionante y dolorosa sobre la delación con la que Kazan pareció querer justificarse ante el mundo y ante la industria.

La ley del silencio (1954)

Pero Hollywood nunca le perdonó del todo. Cuando en 1999, la Academia de Cine le concedió el Oscar Honorífico, quedó de manifiesto que para muchos aquella herida seguía aún abierta y mientras algunos como Warren Beaty, Karl Malden, Steven Spielberg o Meryl Streep aplaudían al director de Al este del Edén y Esplendor en la hierba, otros como Ed Harris o Nick Nolte guardaban un respetuoso, pero elocuente, silencio.

Lo que es cierto, es que su aportación al mundo del cine, desde sus innovaciones en las técnicas de interpretación, a su mirada profunda de los temas psicosexuales, de progreso social y de cambio generacional impregnado todo de una cierta poesía, hoy están fuera de toda duda.