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Spielberg, en la inauguración de la exposición sobre Tiburón en Los Ángeles

Spielberg, en la inauguración de la exposición sobre Tiburón en Los ÁngelesEFE

Cine

George Lucas regaló a Spielberg la idea de esta icónica saga a cambio de no dirigir una película de James Bond

Cuando soñaba con desarrollar una trama sobre el espía inglés, su amigo le convenció de mirar hacia otra dirección

Hay directores que parecen haber nacido con una cámara en la mano y un blockbuster en la cabeza. Steven Spielberg es uno de ellos. El cineasta estadounidense, autor de clásicos universales como Tiburón, ET: El extraterrestre o Salvar al soldado Ryan, ha marcado a generaciones enteras con un estilo muy suyo: películas para el gran público, cargadas de emoción, con finales que suelen reconciliarnos con la vida. Hollywood en estado puro.

Lo curioso es que uno de los sueños que siempre tuvo Spielberg era dirigir una película de James Bond, el agente secreto británico más famoso de la historia del cine. Bond, creado por Ian Fleming en los años 50, ya había saltado a la gran pantalla en los 60 con Sean Connery al frente y, para cuando Spielberg soñaba con ponerse tras la cámara, era ya una institución británica y mundial.

¿Quién no querría rodar una persecución en Aston Martin o una escena con villano megalómano y chicas Bond? La oportunidad casi se materializa, pero ahí apareció un amigo providencial: George Lucas. Sí, el creador de Star Wars, ese tipo que revolucionó la ciencia ficción y levantó un imperio galáctico que aún hoy sigue facturando. Lucas conocía bien a Spielberg, y cuando este le confesó que quería dirigir un Bond, le soltó: «Olvídate de eso, tengo algo mejor».

Ese «algo mejor» era la semilla de lo que se convertiría en En busca del arca perdida (1981). Lucas le contó a Spielberg una idea medio pulp, medio serial de los sábados por la mañana: un arqueólogo intrépido, siempre en apuros, que pasaba de una trampa mortal a otra con látigo en mano y sonrisa irónica. Spielberg no necesitó mucho más para entusiasmarse: «¡Genial, hagámoslo!», dijo.

El personaje iba a llamarse en un principio Indiana Smith, pero Spielberg insistió en cambiarlo a Indiana Jones, porque sonaba mejor. Y tenía razón: el nombre acabó siendo una marca registrada de la cultura popular. Con Harrison Ford, recién salido de la fama intergaláctica de Star Wars, al frente, el éxito estaba prácticamente asegurado.

INDIANA JONES AND THE LAST CRUSADE, from left, producer George Lucas, director Steven Spielberg, on-set, 1989, ©Paramount/courtesy Everett Collection 
 George Lucas y Steven Spielberg, en el rodaje de Indiana Jones y la última cruzada

George Lucas y Steven Spielberg, en el rodaje de Indiana Jones y la última cruzadaGTRES

El resultado fue histórico. Con un presupuesto de 20 millones de dólares, la película recaudó casi 390 millones en todo el mundo. Nació así una de las franquicias más queridas del cine de aventuras. Y, de paso, Spielberg se consagró como el maestro.

¿Perdió el cineasta algo al dejar pasar la oportunidad de rodar un Bond? Visto con perspectiva, parece que no. En busca del arca perdida se considera más influyente y con más prestigio cinematográfico que casi cualquiera de las entregas de 007. Eso sí, nunca ocultó que sigue teniendo la espinita clavada. Sin embargo, los creadores de la franquicia no le quisieron cuando el cineasta ni siquiera después de estrenar Tiburón y Encuentros en la tercera fase.

Fotograma de Indiana Jones: En busca del arca perdida

Fotograma de Indiana Jones: En busca del arca perdida

«Llamé a Cubby Broccoli dos veces: después de Tiburón, que fue un gran éxito, [...] le ofrecí mis servicios, pero él no pensó que yo fuera el indicado para. Luego, después de que Encuentros en la tercera fase se estrenara y fuera otro gran éxito, traté de entrar en una película de Bond y ahora no pueden pagarme. Así que Barbara [Broccoli], olvídalo».

En entrevistas ha dicho que le encantaría dirigir una película del agente secreto si su agenda lo permitiera. La historia deja una lección con sabor a Hollywood: a veces renunciar a un sueño es lo que abre la puerta al gran hallazgo. Spielberg no rodó a Bond, pero acabó creando a Indiana Jones. Y en la arqueología del cine, pocas piezas brillan tanto como ese hallazgo.

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