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John Wayne, en Río Bravo

Cine

La carta de enfado de John Wayne a Clint Eastwood: «Tu película no trata de los pioneros del Oeste»

El duelo entre John Wayne y Clint Eastwood nunca ocurrió frente a una cámara, pero sí en una carta

Un wéstern bastó para enfrentar dos formas de entender América. John Wayne defendía el honor; Clint Eastwood prefería la verdad. Su desencuentro marcó el final del héroe clásico y el nacimiento del antihéroe. A comienzos de los años 70, Hollywood vivía un cambio de piel. Los grandes estudios ya no dictaban el rumbo y los nuevos directores querían romper con los mitos del pasado. Clint Eastwood, recién salido de la trilogía del dólar de Sergio Leone, decidió ponerse detrás de la cámara y dirigir su primer wéstern: Infierno de cobardes (High Plains Drifter, 1973). La historia de un forastero misterioso que llega a un pueblo corrupto y vengativo no era un wéstern al uso: parecía una pesadilla moral envuelta en polvo y niebla. Fue un éxito en taquilla, pero también un escándalo.

Uno de los que más se indignó fue John Wayne, el símbolo viviente del wéstern clásico. El Duque consideraba que Eastwood había profanado la imagen del Oeste americano. Para Wayne, el wéstern debía reflejar el coraje y el sacrificio de los pioneros; en cambio, la película mostraba un pueblo de cobardes y un protagonista más cercano a un fantasma vengador que a un héroe. «Me dijo que la película no trataba realmente de los pioneros del Oeste», recordaría años después Eastwood sobre la carta que Wayne le envió. «Me di cuenta de que éramos de generaciones diferentes. Él no entendería lo que estaba haciendo. Era una fábula, no un retrato histórico».

La diferencia entre ambos no era solo artística, sino también ideológica. Wayne, profundamente conservador, veía en el wéstern una forma de exaltar los valores fundacionales de Estados Unidos. Eastwood, por el contrario, había crecido en una época marcada por la desconfianza y el desencanto. Sus héroes ya no eran salvadores, sino hombres cansados, ambiguos, atrapados entre la violencia y la culpa.

A pesar de las tensiones, Eastwood quiso tender un puente. Se interesó por The Hostiles, un guion de Larry Cohen que narraba la historia de un jugador joven obligado a compartir un rancho con un viejo ranchero cascarrabias para defender sus tierras. En aquella trama veía una oportunidad simbólica: dos generaciones del Oeste enfrentadas, pero condenadas a entenderse. Sin embargo, el veterano actor no lo interpretó así. Cuando recibió el libreto, respondió con una carta fulminante en la que no solo rechazaba la propuesta, sino que también dejaba claro su desprecio por Infierno de cobardes.

«Este tipo de cosas es todo lo que saben escribir en estos días», llegó a decir, según refleja el libro Duke: A Love Story y recoge Far Out. «Alguien como Eastwood y como yo cabalgan en la ciudad, lo saben todo, actúan como los más grandes, y todos los demás son un montón de idiotas». La anécdota cuenta que, mientras pescaba, arrojó la copia revisada del guion al mar, como si quisiera borrar cualquier posibilidad de entendimiento entre ambos mundos.