Russell Crowe, en la película Núremberg
Cine
El cambio de Russell Crowe tras interpretar al nazi Göring en la película 'Núremberg'
El australiano interpreta a Hermann Göring en un drama que reconstruye la relación entre el líder nazi y el psiquiatra que debía evaluarlo
El actor Russell Crowe ha vuelto a ponerse en el centro del foco, y no solo por Núremberg, su nueva película. El australiano, que en los últimos años había encadenado proyectos como El exorcista del Papa o Poker Face, ha sorprendido con una transformación física notable. Cuando rodó Núremberg, la cinta que acaba de llegar a los cines, pesaba 127 kilos. Ahora pesa casi 30 kilos menos, tiene más agilidad y un estado de salud mucho más estable. Él mismo lo ha explicado con una franqueza poco habitual en Hollywood. «Soy un gran defensor de tomar una copa, pero uno empieza a aprender ciertas cosas sobre sus capacidades», contaba en una conversación con Joe Rogan.
Según detalló, decidió frenar y elegir mejor cuándo beber. «Si tomo una copa de vino con la cena, será un vino realmente bueno… no beber por beber». Y ese pequeño cambio ha tenido un impacto directo en su vida cotidiana. «Hace un año tenía grandes bandas de artritis y ahora han disminuido en un 70 %. En el hombro derecho, incluso en un 90 %». También confesaba que poder moverse sin dolor ha sido fundamental. «Gran parte de mi pérdida de peso se debe a que mi rango de movimiento es mucho mejor. Puedo hacer ejercicio sin sufrir durante horas después», explicaba.
Esa renovación personal llega justo a tiempo para uno de sus papeles más exigentes. En Núremberg interpreta brillantemente a Hermann Göring, uno de los dirigentes más temidos del régimen nazi. La película vuelve sobre el juicio histórico celebrado en 1945 contra los principales responsables del Tercer Reich, pero lo hace desde un ángulo íntimo: la relación entre Göring y el psiquiatra estadounidense Douglas Kelley, encargado de evaluar el estado mental de los acusados antes de sentarlos en el banquillo.
Durante nueve meses, Kelley estudió a los jerarcas nazis y llegó a una conclusión contundente. No estaban locos. Ni eran marionetas. Eran plenamente conscientes de sus actos. Su fascinación con Göring, el acusado de mayor rango tras los suicidios de Hitler, Goebbels y Himmler, le permitió ver de cerca cómo el fascismo podía camuflarse bajo apariencias educadas y razonamientos retorcidos.
Russell Crowe, en una imagen reciente
La historia está basada en el libro El nazi y el psiquiatra, de Jack El-Hai. En la película Rami Malek da vida a Kelley, cuya misión no era nada sencilla. Debía determinar si los altos mandos detenidos tras la guerra estaban en condiciones de enfrentarse a juicio. A partir de ahí, las sesiones entre ambos se convierten en el centro del relato.
James Vanderbilt, guionista de Zodiac, dirige la película y apuesta por un enfoque muy contenido. Nada de escenas grandilocuentes ni tribunales abarrotados. La historia ocurre sobre todo en salas pequeñas donde cada gesto pesa. Y es en ese formato reducido donde Crowe se mueve con especial soltura, construyendo un Göring inquietante sin recurrir a exageraciones.
El reparto que acompaña al protagonista encaja bien en este tono. Michael Shannon interpreta al fiscal que prepara la acusación. Richard E. Grant es el juez principal del tribunal. Leo Woodall encarna a uno de los jóvenes oficiales que vigilan a los prisioneros. John Slattery da vida a un diplomático que actúa como puente entre las delegaciones aliadas. Colin Hanks interpreta a un analista militar que trabaja junto a Kelley. Además, incluye imágenes reales de los campos de concentración. Es una decisión que ha generado debate desde su paso por el Festival de San Sebastián. Para algunos es un recurso demasiado duro. Para otros, es una forma necesaria de recordar el contexto real del juicio y evitar que la historia pierda dimensión.