Amaia y Aitana, en su visita a Operación Triunfo
Televisión
Amaia y Aitana confiesan la toxicidad de OT: «Te he tenido envidia. Tú eras la guay y yo el producto»
Su visita dejó momentos de complicidad y una conversación inédita sobre la presión, la rivalidad y las inseguridades de la industria
Ocho años después de convertirse en dos de los rostros más recordados de Operación Triunfo 2017, Amaia Romero y Aitana Ocaña han vuelto juntas a la Academia que las vio nacer como artistas. Lo han hecho sin grandes artificios, con una naturalidad que sigue siendo su sello, pero también con una honestidad poco habitual en la industria musical. Su visita —muy esperada por los seguidores del formato— dejó momentos de complicidad, reflexiones profundas y una conversación inédita sobre la presión, la rivalidad y las inseguridades que ambas arrastraron tras su salida del programa.
Las dos artistas admitieron sentirse «nerviosas, como el primer día», al cruzar de nuevo las puertas del centro de formación. Se reencontraron con los pasillos donde ensayaron sus primeras actuaciones, los profesores que las acompañaron en aquel proceso y una generación nueva de concursantes que las recibió entre emoción y reverencia.
El encuentro se convirtió, desde el inicio, en una especie de viaje emocional que las llevó a recordar sus primeras actuaciones, sus dudas de entonces y la transformación que han vivido desde que la edición de 2017 irrumpió en la televisión como un fenómeno cultural.
Si algo marcó la visita fue la conversación abierta que mantuvieron ante los alumnos actuales. Amaia y Aitana revelaron algo que nunca habían dicho cara a cara: que durante años sintieron envidia mutua. No lo plantearon como un conflicto, sino como una consecuencia inevitable de la exposición mediática y de la comparación constante a la que fueron sometidas.
Una decía que la otra era «la auténtica, la artista libre», mientras que la otra se veía a sí misma como «el producto, la más comercial». Ambas coincidieron en que esas etiquetas ajenas, repetidas hasta el cansancio, terminaron impactando en su autoestima y en su forma de relacionarse. La confesión, lejos de tensar el ambiente, abrió un espacio de conversación sincera sobre salud mental, gestión del éxito y la necesidad de apoyarse entre compañeros en una industria que muchas veces los enfrenta innecesariamente.
La visita también dejó instantes musicales que recordaron por qué ambas se convirtieron en referentes. En la emblemática sala de piano, compartieron escenario con los concursantes actuales, interpretaron fragmentos de canciones que forman parte de su trayectoria y animaron a los jóvenes a buscar una voz propia más allá de modas o expectativas externas.
Más importantes aún fueron los consejos que ofrecieron a los futuros artistas. Les hablaron de la importancia de rodearse de un buen equipo, de no perder el norte ante la avalancha de opiniones externas y, sobre todo, de mantener una relación sana consigo mismos: «El éxito no compensa si no te hace feliz», subrayaron.
Ambas demostraron que la madurez también consiste en revisar el pasado sin miedo, aceptar las inseguridades de entonces y celebrar el camino recorrido. Y, al mismo tiempo, dejaron claro que aquel espíritu que en 2017 cautivó a millones sigue intacto: la mezcla de talento, naturalidad y autenticidad que hoy les permite regresar a la Academia no como concursantes, sino como referentes.