Arnold Schwarzenegger, enTerminator 2: El juicio Final
Cine
La película con la que Schwarzenegger ganó 15 millones de dólares por decir solo 700 palabras
En cinco años su caché se multiplicó por 200 y se convirtió en unos de los actores más rentables de la historia del cine
Arnold Schwarzenegger fue uno de los actores más taquilleros de la década de los 90. Su cine está lleno de auténticos pelotazos desde Poli de guardería que hizo «sólo» 200 millones de dólares, a Mentiras arriesgadas (380 millones), pasando por Los gemelos golpean dos veces (216 millones) o Desafío total (261 millones). Y de entre todas las películas que durante más de quince años le mantuvieron en lo más alto, la más taquillera fue Terminator 2: El día del Juicio Final de 1991.
Siete años antes, James Cameron había dirigido Terminator, una película de acción y ciencia ficción que contaba cómo un robot de aspecto humano era enviado desde un futuro apocalíptico en que la inteligencia artificial Skynet gobierna la tierra, para matar a la futura madre del futuro líder de la Resistencia, John Connor. Schwarzenegger, absolutamente entregado al proyecto, hizo un papel letal y gélido dando el pistoletazo de salida a una saga de seis películas de las que él protagonizaría cinco y que se extendería hasta 2019 y la decepcionante Terminator: Dark Fate.
Poco después del estreno y éxito de la primera película, Cameron quiso continuar la historia, pero no haciendo «más de lo mismo» ni repitiendo la fórmula como hacían habitualmente las franquicias. Él quería que darle un enfoque más filosófico a la paradoja que enfrentaba destino y libre albedrío en Terminator mostrando ahora al hombre como el único dueño de su libertad y no una especie de juguete del futuro ya escrito. Para ello, decidió que Schwarzenegger debía cambiar su rol, pero no su personaje. Es decir, pasaría de ser el villano a ser el bueno de la historia, un Terminator reprogramado para garantizar el futuro en vez de para destruirlo. Sarah Connor, además, pasaría de ser la víctima, a convertirse en una mujer heroica, endurecida y casi mítica. Además, el auténtico héroe de la historia, John Connor, debería tener su propio espacio y relevancia en el filme y el director estaba firmemente decidido a desarrollar la idea de que el verdadero monstruo, a quien de verdad había que detener para evitar la destrucción del hombre, era el hombre mismo.
Cameron, paciente, esperó, esperó y esperó. Necesitaba que el desarrollo de efectos digitales evolucionase lo suficiente como para hacer de manera creíble al T-800, cuyo engranaje quería mostrar en pantalla y ansiaba mostrar de manera novedosa al nuevo personaje que entraba en juego, un Terminator modelo T-1000, más letal y moderno realizado de metal líquido.
Entusiasmado, después del estreno de The Abyss en 1989, donde la animación digital utilizada tuvo resultados sorprendentes, Cameron decidió que había llegado el momento de realizar la segunda parte de Terminator. Pero su ambicioso proyecto le iba a llevar mucho tiempo y dinero, pues si bien, la primera película había costado algo más de 6 millones de dólares, ésta superaría los 100. Pero también las cifras de recaudación se dispararon porque la cinta de 1984, que fue un éxito total, recaudó 78 millones, pero la de 1991 rebasó los 520 convirtiéndose en la película más taquillera de la carrera de Arnold Schwarzenegger.
A Cameron no le costó nada convencerle para que se sumara al proyecto que tenía que terminar Poli de guardería y Desafío total antes de poder empezar a trabajar. Ambos eran buenos amigos y el director siempre ha dicho que es de los actores más disciplinados, inteligentes y comprometidos con los que ha trabajado jamás. Schwarzenegger se mostró entusiasmado ante la idea de sorprender al público mostrando a Terminator reprogramado que es enviado de nuevo al pasado para proteger a un John Connor adolescente. Además, su arco dramático iba a ser lo suficientemente amplio como para que el T-800 aprendiera la verdadera naturaleza humana en un portentoso final que sería el auténtico corazón emocional de la película.
Pero más cosas habían cambiado. En algo más de cinco años, el caché del austríaco no había parado de crecer. Si bien por Terminator había ganado algo más de 75.000 dólares, por Comando (1985) se llevó 1,5 millones de dólares, por Depredador (1987), 3,5 millones y por Danko: Calor rojo (1988), algo más de 4. Así, en 1990, un Arnold Schwarzenegger de 43 años cada vez más poderoso y rentable dentro de la industria, pidió 15 millones de dólares por hacer Terminator 2. Y se los dieron.
Esta astronómica cifra, que en esos años sólo la igualaban Tom Cruise, Harrison Ford, Eddie Murphy y Stallone, se convirtió, además, en una especie de récord porque Schwarzenegger cobró esa cantidad por decir algo más de 700 palabras. Pero… ¡qué 700 palabras! El lacónico T-800 convirtió en famosísimas las frases «Hasta la vista, Baby», «I need your clothes, and your boots and your motorcycle» («Necesito tu ropa, tus botas y tu motocicleta»), «Come with me if you want to live» («Si quiere vivir, venga conmigo») y, por supuesto, la inconfundible «I’ll be back» («Volveré»).
Preguntado por ello, James Cameron, entre risas y defendiendo siempre a su actor fetiche y amigo, diría: «No le pagamos por hablar, le pagamos por existir en pantalla».
Espectacular, transgresora, entretenidísima, profunda y poderosa, Terminator 2: El día del Juicio Final revolucionó el Computer-Generated Imagery o imágenes generadas por ordenador, hoy conocidas como CGI y, con ello, cambió la historia del cine de manera definitiva. Porque sin aquellos avances y logros tecnológicos de 1991, ni Parque Jurásico, ni Toy Story, ni Titanic, ni Matrix hubieran sido posibles. Y el cine de los 90, aquel cine de los 90, no habría existido.